Xataka – Navarra llevaba décadas buscando pruebas definitivas de sus neandertales. Han aparecido en una cueva y tienen más de 46.000 años

Navarra llevaba décadas buscando pruebas definitivas de sus neandertales. Han aparecido en una cueva y tienen más de 46.000 años

Determinar si los neandertales habían estado en Navarra era un rompecabezas incompleto. Teníamos evidencias de industria lítica y yacimientos al aire libre, pero faltaba una prueba definitiva que ha aparecido recientemente en la cueva de Abauntz. Y lo más importante es que lo ha hecho de la mejor manera posible para la ciencia, puesto que cuenta con un nivel de conservación excepcional. 

El descubrimiento. A principios de esta semana, un equipo internacional presentó lo que habían recuperado en el nivel 101 de la cueva de Abauntz: seis huesos pertenecientes a un individuo neandertal adulto de sexo masculino. En concreto, se trata de tres huesos metacarpianos y una falange de la mano derecha, a la que se suman otros dos pequeños fragmentos óseos. 

El problema es que identificar restos tan fragmentados no es tarea fácil, y es por ello que aquí es donde entra la «magia» tecnológica, puesto que la confirmación de que estos dos últimos fragmentos pertenecían a un neandertal se ha logrado mediante el análisis de las proteínas. 

El desafío de este hallazgo es saber exactamente cuándo vivió este neandertal. Según los informes técnicos más recientes publicados en Trabajos de Arqueología Navarra, el nivel 101 de la cueva tiene una edad que roza el límite físico de la datación por radiocarbono.

Aquí la datación del ‘Carbono-14’ sobre un resto óseo ha proporcionado una edad mínima de más de 46.900 años calibrados antes del presente. El problema es que al encontrarse tan cerca del límite de aplicación de este método de datación, los investigadores ya están aplicando técnicas complementarias. Pero lo que está claro es que la Abauntz es el único lugar en toda Navarra con indicios innegables de presencia neandertal. 

Los antecedentes. Para los prehistoriadores, la cueva de Abauntz no es un lugar cualquiera, ya que su secuencia estratigráfica abarca 50.000 años de historia, funcionando como un punto de conexión crítico entre el Valle del Ebro, la región de Aquitania y el Corredor Cantábrico.

La cueva ya era mundialmente famosa gracias al hallazgo de un bloque de piedra grabado del Magdaleniense. Aquel bloque fue interpretado por parte de la comunidad científica como un «mapa» paleolítico que representaba el paisaje circundante, aunque es una teoría que todavía genera un sano debate entre los especialistas. Ahora, con el hallazgo neandertal, Abauntz demuestra que sus secretos se hunden mucho más atrás en el tiempo.

Es un puzle. El descubrimiento navarro no es un caso aislado, sino que viene a completar un mapa regional que en los últimos años está dando muchas alegrías a la paleoantropología. Uno de los ejemplos más recientes es la Sima I de la cueva del Polvorín, donde se presentaron 16 nuevos restos humanos de un individuo adulto con rasgos morfológicos neandertales, o la revisión de los clásicos fósiles de Axlor (Dima).

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Navarra llevaba décadas buscando pruebas definitivas de sus neandertales. Han aparecido en una cueva y tienen más de 46.000 años

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Xataka

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José A. Lizana

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