Xataka – Marie Curie y Einstein se escribieron cartas durante más de 20 años. 100 años después podemos leer lo que se decían
El 7 de julio de 1922, Marie Curie le escribió a Albert Einstein para echarle la bronca. Con buenas formas, sí; pero bronca al fin y al cabo: Curie le llegaba a decir que le había causado una ‘gran decepción’.
Durante 21 años, dos de los científicos más importantes de la historia se escribieron cartas en las que apenas se hablaba de física. Lo que hicieron fue cubrirse las espaldas. Y ahora, un siglo después, podemos leer la historia completa.
¿»Una gran decepción»? Tres días antes de aquella carta del 7 de julio, Einstein le había contado a Curie que iba a dimitir de la comisión de cooperación intelectual de la Sociedad de Naciones. Le confesó las razones, pero le pidió que no se las contara a nadie.
El 24 de junio habían asesinado en Berlín al ministro de Exteriores de la República de Weimar, Walther Rathenau, un viejo amigo de Einstein. Aquello había acabado por desmoralizarle. Y, precisamente por eso, Curie le cantaba las cuarenta. Claro que había corrientes de opinión extremadamente dañinas, pero a su juicio había que combatirlas y, de hecho, estaba convencida de que el mismo Rathenau estaría de acuerdo con ella. ¿No había alguna posibilidad de que cambiara de idea?
Un libro para la historia de la ciencia. No ha sido fácil recopilar la correspondencia entre ambos. Durante años, se han rastreado archivos en Jerusalén, París, Zúrich, Princeton, Düsseldorf o Varsovia y apenas se han encontrado 32 cartas. Algunas eran muy conocidas (como aquella en la que Einstein le decía a Curie que ignorara a los haters), otras se habían llegado a publicar. Algunas, en cambio, conservaban polvo radioactivo y hubo que limpiarlas.
Sin embargo, juntas cuentan alguna de las historias más interesantes de la ciencia del siglo XX.
Todo empezó con un linchamiento. Aunque se había conocido antes, su amistad surgió después del primer Consejo Solvay en 1911. Ella era la única mujer y él era el invitado más joven. En plena conferencia, la prensa desveló el romance que Curie supuestamente mantenía con Paul Langevin, casado y separado de hecho. Fue un escándalo mayúsculo para la sociedad el momento.
Al llegar a París, según cuentan, había una muchedumbre rodeando la casa. La polémica fue tan grande que Svante Arrhenius, del comité Nobel, le sugirió que no fuera a recoger su segundo premio.
Una semana antes, Einstein desde Praga le escribió diciéndole que estaba furioso con cómo el público se metía en su vida, que admiraba su trabajo, su energía y su honestidad y que no leyera lo que escribía «la chusma». Finalmente, Marie Curie fue a recoger el premio contra viento y marea.
¿Y colaboraron juntos? La verdad es que no. Es verdad que en esa ‘primera’ carta, Einstein añadió algunos comentarios científicos; pero sus campos apenas se tocaban. Eran «amigos sociales»: en 1913 se fueron de excursión a pie por la Engadina con los niños. Días después, Einstein confesaría a su futura esposa que Curie era muy inteligente, pero «fría como un pez» (aunque los expertos no se ponen de acuerdo en si era verdad o una estrategia para que Löwenthal no se pusiera celosa).
¿Pero dimitió finalmente? En ese momento no. El apoyo de Curie y el de otros amigos hizo que la retirara. En 1923 dimitió finamente y en el 24 volvió al comité. Aquellos años fueron complicados. No hace falta ni decirlo. Por eso sorprende tanto leerlo contado en primera persona.
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Marie Curie y Einstein se escribieron cartas durante más de 20 años. 100 años después podemos leer lo que se decían
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Javier Jiménez
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