Xataka – La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un «gusano cíclope» de hace 600 millones de años

La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un "gusano cíclope" de hace 600 millones de años

El propio Charles Dawin llegó a confesar que la idea de que el ojo humano se hubiera formado por selección natural parecía algo completamente absurdo. Hoy, la ciencia no solo le da la razón a su teoría, sino que incluso va más allá al apuntar que en realidad nuestros ojos vienen de un único «ojo» central, como si fuera un cíclope. 

El origen de los ojos. Aunque pueda parecer algo sencillo de entender, la realidad es que para la ciencia es un auténtico misterio el porqué de que contemos con dos ojos con una altísima calidad visual. Durante décadas, los científicos han trazado cómo un simple parche de células sensibles a la luz pudo transformarse en una cámara de alta resolución. 

Sin embargo, un nuevo estudio acaba de patear el tablero evolutivo al demostrar que el sistema visual de los vertebrados es el resultado de un astuto reciclaje biológico a partir de un ancestro de hace unos 600 millones de años.

Un cíclope. La investigación, publicada recientemente en la prestigiosa revista Current Biology, propone un cambio de paradigma brutal. Liderado por científicos de la Universidad de Lund, el equipo ha demostrado que la retina de los vertebrados modernos no evolucionó desde cero a partir de dos precursores laterales independientes. La realidad es mucho más extraña, porque ahora se apunta a que evolucionamos gracias a la reutilización de un ojo mediano ancestral. 

Su origen. Para encontrar a este antepasado, nos tenemos que remontar a hace aproximadamente 600 millones de años, en los albores de la vida compleja en los océanos precámbricos, donde nuestro ancestro común poseía un sistema visual centralizado. Era, a todos los efectos, una criatura con un solo ojo central como si de un cíclope se tratara. 

Según explica la nota de prensa de la Universidad de Lund, este «origen impactante» revela que las bases genéticas, celulares y ópticas de nuestros ojos actuales se forjaron originalmente en esta única estructura fotorreceptora.

Su evolución. Para entender la magnitud de este descubrimiento, hay que mirar a lo que ya sabíamos sobre la neurociencia evolutiva. Los estudios previos apuntaban a que la retina es, en esencia, una extensión directa de nuestro cerebro. Se trata de un tejido neuronal repleto de receptores y opsinas, que son proteínas que capturan fotones de luz, que el cerebro «empujó» hacia afuera durante el desarrollo embrionario. 

Lo que aporta el nuevo estudio de 2026 es el eslabón arquitectónico definitivo, puesto que, a medida que los primeros vertebrados evolucionaron, necesitaban un campo visual más amplio y visión estereoscópica para calcular distancias, algo crucial para cazar y no ser cazados. La evolución, actuando como un ingeniero pragmático, tomó parte de ese ojo central original y lo dividió, migrando esas estructuras hacia los laterales del cráneo para formar nuestros dos ojos.

Un recuerdo. ¿Qué pasó con el ojo central original? No desapareció por completo. Sus restos siguen vivos en tu cabeza, puesto que es el origen de la glándula pineal. De hecho, en algunos reptiles y anfibios modernos, esta glándula sigue funcionando literalmente como un «tercer ojo» primitivo situado en la parte superior del cráneo, sensible a la luz, que utilizan para regular sus ciclos circadianos.

Un largo proceso. Este hallazgo cierra un círculo perfecto con las teorías del gran biólogo visual Dan-E. Nilsson. En sus trabajos de referencia de 2009 y 2013, Nilsson demostró matemática y biológicamente cómo la evolución del ojo no requiere saltos milagrosos. Nilsson estableció los pasos clave: primero, la aparición de fotopigmentos; luego, el plegamiento de la membrana para crear una «copa»; y finalmente, el desarrollo de una óptica de enfoque (el cristalino).

El nuevo estudio suma la pieza que faltaba al rompecabezas, puesto que demuestra que el «relojero ciego» de la evolución no inventa cosas nuevas si puede reciclar las viejas. La naturaleza cogió el diseño de un ojo central prehistórico, lo dividió, lo conectó a unos hemisferios cerebrales en plena expansión y lo fue perfeccionando lentamente hasta lograr que a día de hoy podamos leer sin problemas. 

Imágenes | Vintage Laka 

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La evolución de nuestros ojos esconde un giro de guion: la ciencia apunta a un «gusano cíclope» de hace 600 millones de años

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Xataka

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José A. Lizana

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