Xataka – Henry Ford sobre el descanso laboral: «Hay que erradicar la idea de que el tiempo libre de los trabajadores es ‘tiempo perdido'»
Hace algo más de un siglo, un hombre se subió a un escenario a hablar de algo que nadie esperaba de él. No era un líder obrero ni un político. Era el dueño de una de las fábricas más grandes y productivas del planeta. Su nombre era Henry Ford, y aquel día no subió a hablar de coches ni de cadenas de montaje.
Tal y como cuenta la BBC, Ford se presentó como defensor de una idea que parecía descabellada en boca de uno de los empresarios más ricos y revolucionarios de EEUU en los inicios del siglo XX: el derecho de sus obreros a no trabajar.
Un discurso que se salió del guion. En su intervención de 1926, Ford soltó una frase que aún hoy choca viniendo de un magnate: «es hora de erradicar la idea de que el tiempo libre de los trabajadores es ‘tiempo perdido’ o un privilegio de clase». No era un brindis al sol. Tal y como recoge la hemeroteca The New York Times, meses después de aquel discurso, la semana de cinco días pasó a ser norma fija en toda su fábrica con 40 horas repartidas en cinco jornadas.
Aquello superaba con creces lo que pedía la ley internacional de entonces. En 1919, la recién creada Organización Internacional del Trabajo había fijado el límite en 48 horas semanales, en seis días. Así lo recoge el Convenio n.º 1 de la OIT, el primer estándar laboral internacional de la historia. Ford, sin que nadie se lo exigiera, fue más allá de aquella norma.
Un ensayo previo con la propia familia. La decisión de Ford no era improvisada. Cuatro años antes, en 1922, su hijo Edsel Ford ya adelantaba en un artículo de The New York Times el concepto de descanso laboral y su valor para la cadena de montaje. El hijo de Henry Ford ya estaba al frente de la compañía desde 1919 y explicaba al periódico neoyorquino una prueba piloto que reducía la semana a cinco días semanales en algunos departamentos de su fábrica. «Todo hombre necesita más de un día a la semana para descansar y recrearse», declaró el hijo del fundador al diario.
Edsel insistía en que la medida no impactaba sobre la rentabilidad de la factoría. De hecho, la empresa mantenía el salario mínimo de 6 dólares diarios para los 50.000 hombres afectados. Y preveía sumar 3.000 empleados más para cubrir la misma producción en menos días. El mensaje del sucesor apuntaba en la misma dirección que Henry Ford defendería en 1926 con sus propios resultados en la mano: menos horas de trabajo no significaba menos beneficio para la empresa.
El truco estaba en la cadena de montaje. Para entender por qué Ford podía pagar más y exigir menos horas que sus competidores, hay que mirar un poco más atrás. En 1913 llegó la cadena de montaje al Modelo T. Tal y como confirma la investigación de Kellogg School of Management, el cambio en el concepto de fabricación fue brutal. El tiempo para fabricar un coche cayó de más de 12 horas por unidad a poco más de 90 minutos.
Esa ganancia en la eficiencia para producir coches, permitió a Ford doblar el salario mínimo que recibían sus empleados en 1914 hasta los 5 dólares diarios. La cifra escandalizó a otros industriales. Ford entendía que la automatización y el trabajo en cadena había mejorado la rentabilidad de la producción. Y creía que parte de ese ahorro debía volver al obrero en forma de salario, pero también de tiempo libre. «El trabajo es mecánico, pero las jornadas no son largas. La mayor parte de su vida la tiene para sí mismo», declaraba en un artículo del New York Times de 1922.
Menos horas, más consumo. Sin embargo, detrás del generoso gesto de Ford también había cálculo puro. En el discurso de 1926, Ford reconoció que el avance de las grandes fábricas ya había permitido la jornada de ocho horas. Esos mismos avances, decía, hacían posible ahora la semana de cinco días.
El economista Robert Whaples apuntaba algo similar en su investigación «La conquista de la jornada laboral de ocho horas (1909-1919). Antes de la Segunda Guerra Mundial, las luchas obreras por reducir jornada pesaban más que las peticiones de mejor sueldo. Ford, más que un filántropo, supo leer bien su momento y comprendió que, un trabajador con tiempo libre es también un cliente.
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Henry Ford sobre el descanso laboral: «Hay que erradicar la idea de que el tiempo libre de los trabajadores es ‘tiempo perdido'»
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Rubén Andrés
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