Xataka – En Italia alguien construyó un anfiteatro romano «fake». Acabó con visitantes pagando 40€ convencidos de que era original
Durante un tiempo Arcugnano, una pequeña villa de la provincia de Vicenza, pudo presumir de un reclamo exótico al alcance de muy pocos municipios, ni siquiera en Italia: un espectacular anfiteatro romano con sus gradas de piedra, columnas, estatuas e incluso un estanque. Supuestamente el conjunto se había construido antes del 393 d.C. y su entorno ocultaba piezas griegas y del neolítico. Detrás de semejante hallazgo había una figura igual de fascinante: un erudito conocido como Franz Von Rosenfranz en los circuitos artísticos.
El problema es que el tal Rosenfranz se llamaba en realidad Franco Malosso y el supuesto anfiteatro era un decorado construido con yeso, hormigón y bloques.
Remontándose a 2005. Para comprender la que quizás sea la historia más disparatada en lo que va de 2026 en Italia hay que remontarse dos décadas atrás, a 2005, cuando Malosso se encontró con una sorpresa en el jardín de una villa de Arcugnano. O eso supuestamente afirmó él. Ese año un deslizamiento de tierras dejó a la vista los restos de lo que parecía un antiguo yacimiento arqueológico.
Ante la sospecha de que el subsuelo ocultaba algo, el bueno de Malosso se puso a excavar y recuperó un anfiteatro romano. O al menos, insistimos, eso es lo que cuenta una historia disparatada que ha acabado cayendo por su propio peso.
The man who built this fake Roman theatre and charged visitors up to €40 is now in prison.
Franco Malosso constructed the 5,000-square-metre site near Vicenza, Italy, using modern stones artificially aged to appear ancient, concrete columns, plaster statues and an artificial… pic.twitter.com/YqWXr6vzRr
— Architecture Hub (@archpng) July 25, 2026
¿Un anfiteatro romano? Exacto. Para ser más precisos el «Anfiteatro marittimo berico Porto degli Angeli», que es cómo se promocionaba años después el yacimiento para orgullo de los vecinos y disfrute de los visitados fascinados por la historia de la antigua Roma. Su magnetismo era más que comprensible.
El supuesto anfiteatro contaba con amplias gradas de piedra, columnas, estatuas y un estanque. Circuló la historia de que el complejo se había levantado antes del 393 d.C. y que en los alrededores se habían encontrado vestigios de origen griego o que se remontaban al neolítico. En un doble giro histórico, incluso se dijo que Julio César había pasado por esa misma zona cuando regresaba a de Egipto con Cleopatra o que Julieta Capuleto vivió allí cuando era una adolescente.
¿Genial, no? Sí. Demasiado. De hecho sonaba tan espectacular que las sospechas no tardaron en sobrevolar el anfiteatro de Arcugnano. En 2016 los Carabineri investigaron el yacimiento, los arqueólogos analizaron las supuestas estructuras romanas y se recurrió también a imágenes satelitales para estudiar cómo había cambiado la zona a vista de pájaro en los últimos años.
La conclusión fue clara: no había anfiteatro romano alguno, solo una construcción reciente levantada con más voluntad que maña.
Un decorado. Las gradas romanas se habían construido en realidad con bloques de piedra modernos que alguien había tratado para darles un aspecto envejecido. Las estatuas eran de yeso y las columnas se fabricaron básicamente con fibra de vidrio y hormigón. El estanque también tenía poco de antiguo, se había excavado en los últimos años. En resumen, el Anfiteatro Marítimo Berico era básicamente un decorado levantado sin demasiado criterio histórico.
Un engaño que funcionó. Que alguien levante una réplica (más o menos exacta) de un anfiteatro romano en pleno siglo XXI es curioso, pero si la historia del yacimiento Berico ha despertado el interés de la prensa mundial es porque Malosso llegó a convencer a otros de que aquella construcción era romana.
Es más, se dice que cobró hasta 40 euros por visitarla y logró, no se sabe muy bien cómo, que las autoridades locales incluyesen el supuesto anfiteatro en una guía y una app promocional, según revela el periódico Corriere della Sera.
«El hazmerreir de Italia». El resultado es que lo que parecía un reclamo turístico ha acabado convertido en motivo de escarnio para el municipio. Paolo Pellizzari, quien entonces ejercía de alcalde, reconoce en Il Giornale di Vicenza que cuando se destapó el engaño «nos convertimos en el hazmerreir de Italia».
Sin embargo, defiende también que Malosso actuó con habilidad: «Había disimulado muy bien la operación y el terreno era de su propiedad». Gran parte de la obra la hizo además sin permisos ni pasar por la oficina técnica municipal. «Se presentaba de forma cautivadora y prometía el oro y el moro», zanja.
¿Por qué es noticia? Porque la historia ha escrito un nuevo capítulo. Y no precisamente bueno para Malosso, que ahora tiene 69 años. El caso lleva tiempo en los juzgados y en 2021 el Tribunal Supremo de Casación llegó a confirmar una condena de dos años y cuatro meses de prisión para el presunto arqueólogo por construcción ilegal, falsificación de obras de arte y edificar en un entorno con protección paisajística. Ahora, una vez rechazada la solicitud de libertad condicional presentada por Malosso, la sentencia ya es efectiva.
De hecho, ha ingresado en la prisión de Ventimiglia.

¿Qué dice él? En 2016, poco después de que estallase la polémica, La Stampa entrevistó a Malosso, quien aseguraba que en realidad no había engaño alguno o que esa nunca fue su intención. «Eso no es el anfiteatro, es un jardín con formas elípticas, una maqueta de lo que alguna vez estuvo allí, probablemente debajo, descrito por varios poetas y escritores como ‘el gran anfiteatro'», se justificó.
El gran misterio. La gran incógnita es cómo diablos su engaño pudo escalar hasta el punto de colarse en una guía de viajes oficial o incluso atraer visitantes dispuestos a pagar 40 euros. Más allá de las columnas de hormigón y estatuas de yeso, los expertos recuerdan que el contexto también carece de sentido.
«Un anfiteatro en pleno campo, lejos de un núcleo urbano antiguo, es falso», explica a El País Jacopo Bonetto, arqueólogo. De hecho, siendo estrictos, ni siquiera se debería hablar de un anfiteatro: la estructura de Acugnano, con forma de media luna, encaja mucho mejor con las características del teatro romano.
Eso sin contar el sinsentido de algunas de las referencias temporales supuestamente compartidas por Malosso. Por ejemplo, la prensa asegura que llegó a contar a los turistas que Julio César había pasado por allí a su regreso de Egipto con Cleopatra, cuando la famosa pareja vivió en el I a.C. y el anfiteatro supuestamente databa del IV d.C. Ahora el problema no son las incoherencias históricas, sino quién diablos asumirá la demolición del yacimiento fake.
Imágenes | Wikipedia 1 y 2 (Las fotografías muestran los anfiteatros de Pompeya y Tarraco)
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La noticia
En Italia alguien construyó un anfiteatro romano «fake». Acabó con visitantes pagando 40€ convencidos de que era original
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Carlos Prego
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