Xataka – Emiratos y Omán están construyendo un megatren de 3.000 millones de dólares. El problema es que atraviesa un campo de batalla de drones
En medio de un clima geopolítico donde la tensión se corta con un cuchillo, emerge en Oriente Medio un megaproyecto de infraestructura que desafía el contexto de conflicto. Se trata de la construcción de la primera red ferroviaria transfronteriza de la región. Impulsado por Etihad Rail, Oman Rail y Mubadala, este plan propone un corredor que integrará la red nacional de los Emiratos Árabes Unidos con el estratégico puerto de Sohar, en el Sultanato de Omán.
Sin embargo, la inmensa obra avanza bajo una densa sombra. Mientras se levantan los pilares de este tren, la región atraviesa lo que en la práctica es la Tercera Guerra del Golfo.
El impacto de una revolución comercial. Para entender la magnitud de «Hafeet Rail», basta observar sus proyecciones económicas. Este corredor mixto —diseñado tanto para pasajeros como para carga— promete transformar radicalmente el flujo comercial en el Golfo y abaratar los costos logísticos. La red cuenta con una inversión monumental que ronda los 3.000 millones de dólares, equivalentes a unos 2.500 millones de euros. Además, la infraestructura enlazará cinco puertos principales y más de quince instalaciones integradas de carga de manera directa.
Los beneficios, no obstante, no serán exclusivos del comercio marítimo. Para el ciudadano de a pie, esta línea supondrá un cambio sin precedentes: el viaje entre Abu Dabi y Sohar, que actualmente toma más de tres horas por sinuosas carreteras, se reducirá a apenas 100 minutos. Además, ofrecerá una alternativa fiable que eliminará los habituales y costosos retrasos en los pasos fronterizos.
El reto de operar en una región en disputa. El trazado principal del proyecto abarcará una longitud de 238 kilómetros. Sobre estas vías de nueva generación, los trenes de pasajeros podrán alcanzar velocidades de hasta 200 kilómetros por hora, mientras que los convoyes de carga pesada circularán a un máximo de 120 km/h para optimizar los tiempos de envío internacional.
Lejos de ser un espejismo en el desierto, la construcción ya es una realidad tangible y ha alcanzado un 40% de avance general. Sobre el escarpado terreno, las retroexcavadoras han completado más de 27 millones de metros cúbicos de movimientos de tierra y, en la actualidad, hay 80 estructuras clave en diferentes etapas de construcción.
La gran pregunta: ¿podrá funcionar? Analistas militares advierten que la reciente proliferación de ataques con drones baratos ha demostrado que las instalaciones antes consideradas intocables son hoy extremadamente vulnerables. El hecho de que los Emiratos Árabes Unidos alberguen infraestructuras y bases aliadas los convierte en blancos latentes dentro de este tenso tablero regional, añadiendo un enorme riesgo operativo a cualquier gran proyecto de conectividad.
Vanguardia tecnológica. A nivel técnico, el proyecto no escatima en innovación. Según la documentación técnica, la flota ferroviaria estará equipada con el Sistema Europeo de Control de Trenes (ETCS Nivel 2), considerado el más avanzado y seguro del mundo en su categoría. Este sistema, que será implementado por una empresa conjunta entre Siemens y HAC, permitirá el rastreo y control digital absoluto de los trenes mediante tecnología GPS.
En cuanto a la ejecución de las desafiantes obras civiles, estas fueron adjudicadas a un consorcio omaní-emiratí liderado por Trojan Construction Group (NPC) y Galfar Engineering and Contracting. Un hito que los consorcios celebran particularmente es la extrema seguridad laboral conseguida: hasta la fecha, se han registrado 10 millones de horas de trabajo sobre el terreno sin reportar accidentes graves.

El cierre de una brecha histórica. Más allá de las colosales cifras de ingeniería, el proyecto arrastra un profundo peso cultural. La red unificada ha adoptado recientemente la identidad de «Hafeet Rail», un homenaje directo al Jebel Hafeet, la imponente formación montañosa y calcárea que se extiende entre las fronteras de ambos países y que ha servido históricamente como puente geográfico.
Pese al optimismo empresarial, el éxito de la operación no dependerá únicamente de colocar vías. Por delante aguardan monumentales retos burocráticos, tales como la coordinación regulatoria entre las dos naciones soberanas y la articulación fluida de los servicios portuarios y aduaneros.
Al final, el tiempo dirá si la visión compartida de progreso logra imponerse. Por ahora, Omán y los Emiratos Árabes Unidos apuestan por la integración económica total y la creación de una nueva arteria para el comercio global; todo ello, paradójicamente, en un momento donde su entorno inmediato navega por una guerra híbrida definida por la incertidumbre, los bloqueos intermitentes y las amenazas aéreas. Es, en definitiva, un tren bala abriéndose paso en un campo minado; la máxima expresión del riesgo y la ambición en el corazón de Oriente Medio.
Imagen | Photo by Grant Durr on Unsplash
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Emiratos y Omán están construyendo un megatren de 3.000 millones de dólares. El problema es que atraviesa un campo de batalla de drones
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Alba Otero
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