Xataka – El yate más rápido del mundo tenía tres turbinas, 60.000 CV y una obsesión: cruzar el Atlántico en 58 horas
Durante años, los superyates han convertido el tamaño en una demostración de poder. Barcos como el Koru de Jeff Bezos o el Launchpad de Mark Zuckerberg representan una nueva generación de embarcaciones donde el lujo, la autonomía y las dimensiones marcan la diferencia. Pero si cambiamos la pregunta y dejamos de mirar cuál es el yate más grande para preguntarnos cuál ha llevado más lejos la obsesión por la velocidad, aparece una historia muy distinta. Hay un nombre que sigue destacando más de tres décadas después: Destriero, una máquina italiana creada con un único objetivo, cruzar el Atlántico lo más rápido posible.
Un yate, el Atlántico y 58 horas. Destriero no consiguió su lugar en la historia por ser simplemente una embarcación rápida, sino por completar una de las travesías oceánicas más exigentes que puede afrontar un barco: cruzar el Atlántico sin repostar en tiempo récord. En agosto de 1992, este yate italiano recorrió 3.106 millas náuticas entre Ambrose Light, frente a Nueva York, y Bishop Rock, en las islas Sorlingas, Reino Unido, en 58 horas, 34 minutos y 50 segundos. Para lograrlo mantuvo una velocidad media de 53,09 nudos, unos 98 km/h, un ritmo que permitió que su récord siguiera vigente décadas después en esa categoría.
Nació para romper récords. La embarcación italiana no fue el resultado de una simple búsqueda por construir un yate más exclusivo, sino de un desafío tecnológico con una meta concreta: conquistar para Italia el récord de la travesía atlántica más rápida. El proyecto nació impulsado por Karim Aga Khan, entonces presidente del Yacht Club Costa Smeralda, y contó con el respaldo de importantes figuras de la industria italiana, entre ellas Giovanni Agnelli, de Fiat. Fincantieri recibió el encargo de construir una embarcación capaz de combinar velocidad, autonomía y resistencia para enfrentarse a miles de kilómetros de océano abierto.
Un avión sobre el agua. La clave de la embarcación italiana estaba en una combinación poco habitual para un yate: un casco de aluminio diseñado para reducir peso, una arquitectura naval pensada para alcanzar grandes velocidades y un sistema de propulsión inspirado en la tecnología aeronáutica. Donald L. Blount se encargó del desarrollo naval y Pininfarina diseñó las superestructuras, mientras tres turbinas de gas General Electric LM1600, con una potencia conjunta de unos 60.000 CV, enviaban la fuerza a través de tres waterjets. El resultado era una máquina capaz de superar los 65 nudos y preparada para cruzar el Atlántico sin repostar.
El récord sin premio máximo. La mencionada hazaña de 1992 convirtió a la embarcación italiana en una referencia de la navegación de alta velocidad, pero también abrió una particular disputa histórica. Aunque consiguió la travesía atlántica más rápida para un barco de estas características, no obtuvo el Hales Trophy, cuyas reglas estaban vinculadas a los buques comerciales de pasajeros. A cambio, el proyecto recibió otros reconocimientos, como el Virgin Atlantic Challenge Trophy de Richard Branson y el Columbus Atlantic Trophy del New York Yacht Club por su doble travesía del Atlántico.
Del récord al abandono. Después de convertirse en una referencia de la navegación de alta velocidad, la embarcación italiana tuvo un destino muy diferente al que sugería su espectacular estreno. Tras pasar años sin actividad, fue trasladada a las instalaciones de Lürssen en Lemwerder, Alemania, donde permaneció almacenada y en un estado de conservación cada vez más complicado. Las últimas informaciones disponibles situaban allí a la embarcación, muy lejos de los focos y de la máquina que décadas antes había protagonizado una de las grandes hazañas de la navegación moderna.
Una máquina difícil de repetir. Destriero terminó desapareciendo como proyecto operativo, pero la idea que había detrás de la embarcación permanece. La máquina italiana fue una combinación poco habitual de ingeniería, diseño y ambición tecnológica, construida en una época en la que todavía era posible crear un yate de récord sin que su principal objetivo fuera el lujo. Su marca en el Atlántico sigue vigente y explica por qué aquel proyecto continúa apareciendo como uno de los ejemplos más extremos de la historia reciente de la navegación.
Imágenes | Wikimedia Commons
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El yate más rápido del mundo tenía tres turbinas, 60.000 CV y una obsesión: cruzar el Atlántico en 58 horas
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Javier Marquez
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