Xataka – El Chernóbil asturiano: el pueblo abandonado ubicado junto a una antigua central térmica que tiene cine, escuela, club social y hasta consultorio médico

El Chernóbil asturiano: el pueblo abandonado ubicado junto a una antigua central térmica que tiene cine, escuela, club social y hasta consultorio médico

Había una vez un pueblo con cine, escuela, club social, piscina y hasta un consultorio médico de rigor. Solo que está abandonado. No es un cuento, existe, está en Tineo (Asturias) y se llama Soto de la Barca. Algunos apodan a este lugar el “Chernóbil asturiano”, aunque aquí nunca hubo un reactor nuclear. Prípiat tuvos plazos y 49.000 evacuados. Soto no recibió ni la alerta de la sirena: se vació a cámara lenta, nómina a nómina.

Nació en 1965 por una sola razón: la térmica de Narcea, a orillas del río. La empresa levantó chalets para los técnicos y bloques para los obreros. Llegó a tener 500 vecinos. Cuando la central cerró, en 2020, el pueblo se quedó sin motivo para existir. Ya en 2023, el Instituto para la Transición Justa concedió 3,5 millones para rehabilitar parte del poblado. En 2025, el Ayuntamiento los devolvió. ¿Por qué cerró la térmica y por qué nadie gastó ese dinero? Porque entre medias pasaron muchas cosas.

Esta historia es larga, pero intentaré ser breve y centrarme en lo importante.

Un pueblo para 500. La idea es del empresario Higinio González, que muere en 1960, cinco años antes del arranque. Su plan: una térmica para quemar el carbón del suroccidente asturiano y del norte de León. Naturgy fija el estreno comercial en 1965. Como es habitual, la empresa monta un pueblo entero al lado de la central: escuela, club social con bar, parroquia, economato, piscina, zonas deportivas, cine y el consultorio de antes. La plantilla llega a 250 empleos.

El arquitecto Ramón Vázquez Molezún firmaría el diseño del poblado, en un momento de promesas e ilusiones. La planta creció en 1969 y 1984 hasta sumar tres grupos. Desde los 80 pasa por distintas empresas, con recortes de plantilla. En 2000 marca su récord: 3.855 GWh, electricidad para cientos de miles de personas durante un año. Sus dos parques almacenan 120.000 toneladas de carbón. En 2014 solo produce 916 GWh.

Llega el cierre. En 2016 se autoriza cerrar el grupo 1, el más pequeño. En diciembre de 2018, Naturgy pide cerrar el resto, igual que en La Robla y Meirama. En junio de 2020 la central sale de la red, el mismo mes que otras seis térmicas españolas. Cuando Naturgy pide el cierre, la central tiene 81 empleados propios y 48 de empresas auxiliares. ‘Somos Tineo’ suma 180 empleos destruidos. Es decir, los resta.

Y en 2022 seguía sin haber plan alternativo. Además, casi toda la parcela es zona inundable. El consejero de Industria remite al Convenio de Transición Justa de 2019, que recoge alternativas, aunque no en esos terrenos. Según el Ayuntamiento, todo el concejo notó el cierre y las familias se fueron al centro de la región.

La cesión. Naturgy obtuvo los permisos de desmantelamiento en marzo de 2022 y firmó en agosto el convenio que cede el poblado al Ayuntamiento. En abril de 2023, el Instituto para la Transición Justa concede 3,5 millones del Plan de Recuperación. El proyecto saca la nota más alta de España. El plan: rehabilitar 14 viviendas unifamiliares y crear el primer cohousing de España impulsado por un ayuntamiento.

Y las voladuras. El 20 de diciembre de 2023 vuela la torre de refrigeración, con el 60% del desmantelamiento hecho. En febrero de 2024, el Principado prometió un polígono empresarial en los terrenos. En septiembre, otra voladura eliminó lo que queda de la fábrica. Naturgy presentó además un proyecto para reordenar el cauce del Narcea y blindar la parcela contra inundaciones. El desmantelamiento concluyó en octubre de 2025.

El dinero da media vuelta. Ese mismo año, Tineo devolvió los 3,5 millones. La alcaldesa, Montse Fernández, explicó que el gobierno municipal que aterrizaba en junio de 2023 ya se topaba con plazos incumplidos: los proyectos no se contrataron hasta septiembre. Hacían falta dos, uno para reformar las 14 viviendas y otro para urbanizar el poblado. El segundo no llega nunca: la adjudicataria no lo presenta y el concurso queda desierto.

El concejal de Urbanismo, Pablo Fernández, resume la cesión como un “regalo envenenado”: el poblado es patrimonio de interés cultural y conservarlo exige mucho presupuesto. El Ayuntamiento sondeó al Instituto para la Transición Justa sobre vivienda pública o colaborativa, espacios culturales y usos didácticos. Estamos a mediados de octubre de 2026 y seguimos sin un proyecto concreto.

Qué queda. En el lugar de Soto quedan 24 vecinos censados. Los chalets y bloques siguen en pie, con humedad, grietas y maleza trepando por las paredes. Casas y locales conservan material médico, ropa, pupitres, libros y recuerdos personales. Todo revuelto, como de salida precipitada, como de película de zombis.

Desde que empezó el desmantelamiento, los robos y destrozos no han parado. En 2024 desapareció el busto de bronce de Higinio González, que presidía la entrada. Los vecinos retiraron las campanas de cobre de la iglesia por riesgo de robo. De todas formas, en junio de 2026, una de las hojas de la puerta apareció rota de la noche a la mañana. Tras dos robos del cable eléctrico, el párroco dejó la iglesia sin luz.

Rubén Domínguez, de la Universidad de Oviedo, pide una rehabilitación integral y respetuosa con el diseño original. Habitado, argumenta, el conjunto se pondría en valor solo. La prensa local ya lo llama “la Perlora del Suroccidente”.

Los precedentes. Precisamente Perlora, en Carreño, nació en 1954 como ciudad de vacaciones sobre 20 hectáreas, con 274 edificaciones. Cerró en noviembre de 2006. A Paicega es otro caso: aloja a los obreros de la presa de Salime: escuela, cantina, peluquería y hasta policía propia. Un teleférico de 40 kilómetros le trae los materiales. Hoy está completamente deshabitada. 

El caso extremo está en Japón, como es habitual: Hashima llegaría a tener 5.259 vecinos en 1959 y entre 1891 y 1974 sacó 15,7 millones de toneladas de carbón. Pues Mitsubishi cerró la mina en enero de 1974 y el último residente se fue el 20 de abril. La isla se vació en poco más de tres meses. En 2015, Hashima entró en la lista de la Unesco.

Otra suerte. La Robla, también de Naturgy, llegó a emplear a 300 personas y paró en julio de 2020 tras casi 50 años. Su desmantelamiento se presupuesta en 12,9 millones. Sí tiene destino sobre el papel: con Enagás proyecta una planta de hidrógeno de 485 millones y 280 MW, con arranque previsto inicialmente para 2026. Estamos en octubre y no hay noticias de que arranque. En febrero, el consejero delegado de Naturgy admitía en un foro del sector que ninguna decisión final de inversión en hidrógeno renovable se cumple: “Todas se retrasan”.

1 de 30. El 29 de julio, el Ministerio para la Transición Ecológica adjudica el nudo de red Narcea 400 kV a La Barca Energía. El plan: una central hidroeléctrica de bombeo de 320 MW, más de 400 millones de inversión y hasta 289 empleos durante al menos 12 años. Más que un plan para el pueblo es un uso para la capacidad de conexión que dejó libre la térmica. El dinero va primero. Pero vamos, Naturgy contabiliza 30 personas trabajando en la obra de desmantelamiento de Narcea. Ocho salieron de la lista del Instituto para la Transición Justa pero solo uno residía en Tineo. Y tampoco hay esperanza por resucitar este cadáver.

Imágenes | Flickr (rarelling)

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El Chernóbil asturiano: el pueblo abandonado ubicado junto a una antigua central térmica que tiene cine, escuela, club social y hasta consultorio médico

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Isra Fdez

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