Xataka – Cambié mi móvil de 1.500 euros por uno de 40 euros que ni siquiera tiene WhatsApp. Mereció la pena

Cambié mi móvil de 1.500 euros por uno de 40 euros que ni siquiera tiene WhatsApp. Mereció la pena

«¿Pero cómo te vas de vacaciones con eso?». Esta (y otras variantes de la misma) es la pregunta que más me han hecho en vacaciones al verme equipado con un SPC Wild Cool, un móvil como los de antes. Tiene teclas, no es táctil, no dispone de conexión a Internet y su diseño recuerda a cualquier móvil estándar de la década de los 2000.

Mi respuesta ante tales preguntas ha sido siempre la misma: «El móvil que más ganas he tenido de probar en años». Resulta extraño decirlo cuando me dedico a hablar y analizar la tecnología y cuando por mis manos han pasado decenas de móviles de todo tipo. Desde gamas bajas hasta mastodontes con las mejores cámaras del mercado. Sin ir más lejos, mi móvil principal es un iPhone 17 Pro Max. Pero lo del SPC es distinto…

Por qué esté móvil y por qué ahora

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A medida que voy descubriendo nueva tecnología, más me apetece alejarme de ella. No es por ninguna teoría conspiranoica y tampoco porque de repente la odie. Ni siquiera es que quiera alejarme para siempre. Sin embargo, como otros muchos, me preocupa mi salud mental sabiendo los estragos que puede causar la adicción al móvil.

Ni quiero, ni puedo estar desconectado de forma permanente. Pero hay ocasiones, y las semanas de vacaciones son una de ellas, en las que me apetece estar desconectado de todo lo digital. No significa incomunicado, pero sí centrado en otros planes que nada tengan que ver con hacer scroll en X o sentir la obligación de responder rápido a un whatsapp que perfectamente podría esperar.

Quien me quiera contactar, que me llame.

Bajo esa premisa, nació mi idea de regresar a un móvil como los que teníamos antaño. No conservo ninguno que aún funcione, pero me surgió la oportunidad de probar el citado SPC Wild Cool y no lo dudé. Era mi mejor excusa para pasar mis dos semanas de vacaciones veraniegas sin esas distracciones de los smartphone actuales.

El shock

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Imagen: Xataka

Una vez superado el shock inicial de encontrarme de nuevo ante un móvil que cabe en la palma de una mano, llegó el momento de configurarlo, algo que tan solo me llevó un minuto porque es básicamente configurar el idioma, la fecha y la hora. Y ya. Ni te pide la cuenta de Google, ni solicitudes para pasar datos de otro móvil, ni elección de aplicaciones a instalar.

Después llegó mi sorpresa al ir dando palos de ciego por la interfaz no táctil. Sinceramente, me había olvidado (casi) por completo de cómo usaba el móvil cuando era adolescente y no existían iOS y Android. Pero enseguida acostumbré mi memoria muscular a cosas tan sencillas como manejarme con el botón circular y sus flechas o que manteniendo pulsado el 0 (cero) se enciende la linterna.

A partir de ahí empezó la experiencia de verdad: salir a la calle con él en el bolsillo y utilizarlo como mi único teléfono. Y ahí fue cuando me di cuenta de hasta qué punto había cambiado nuestra relación con estos dispositivos. El SPC no me pedía atención. No vibraba porque alguien había publicado algo, no aparecían correos pendientes y no había ninguna aplicación esperando a que la abriera. Por no tener, no tenía ni juegos (ni uno tipo ‘Snake’).

Durante las primeras horas estuve sacándolo del bolsillo sin ningún motivo. Es casi por inercia como un gesto completamente automático. Lo hacía con el mismo movimiento con el que normalmente compruebo una notificación o miro cualquier cosa en Internet. Solo que esta vez, al encender la pantalla, no había nada que consultar.

Escribiendo

Había olvidado lo de dar dos y hasta tres vueltas pulsando una tecla porque te pasabas la que querías poner | Imagen: Xataka

También tuve que acostumbrarme a algo tan básico como escribir un SMS. Sí, iOS y Android también los tienen, pero aquí somos todos de WhatsApp y Telegram. Lo primero que pensé es en lo raro que se le haría a algún amigo recibir de golpe un mensaje mío por esta vía. Luego llegó el drama: ¿seré capaz de mandarlo?

Volver a pulsar varias veces una tecla para seleccionar una letra resulta extraño cuando llevas años escribiendo sobre una pantalla táctil. Al principio iba bastante más despacio, pero después de un par de días mis dedos empezaron a recordar lo que mi cabeza ya había olvidado. Y no negaré que sea un método peor, pero tiene algo de encanto. Tanto es así que en mis primeros móviles táctiles configuré un teclado en pantalla similar a estos.

Y de repente, la nada más absoluta (¡Bienvenida!)

Una vez hecho a la idea de que mi iPhone reposaba en un cajón lejos de aquel lugar en el que pasaba mis vacaciones, tuve claro que el plan estaba funcionando. El teléfono ya no me reclamaba atención. Solamente lo usaba cuando tenía un motivo para hacerlo, que normalmente era alguna llamada.

Gracias a ello logré disfrutar más de pequeños momentos como un paseo con mi perro, una comida con amigos o simplemente tumbarme en el patio de la casa a observar las Perseidas sin miedo a que una notificación estropease el momento.

Camara

Sí, llevaba cámara, pero la calidad…. | Imagen: Xataka

Pero tampoco voy a ser necio. Sí que eché de menos no tener apps de mapas, WhatsApp o un navegador web. Hubo situaciones en las que pensé que sería mucho más fácil sacar el smartphone. Pero precisamente ahí estaba el experimento: no tener siempre una solución inmediata para todo.

Esa limitación empezó a dejar de molestarme con los días. Si necesitaba consultar algo, esperaba a estar delante de un ordenador o preguntaba a alguien. Si quería hacer una foto, simplemente no la hacía, ya que la cámara del SPC Wild Cool es bastante regulera.

Pero…

Si alguien quería localizarme, podía llamarme. No era estar incomunicado, sino aceptar que no todo tiene que resolverse al instante. Aunque no puedo obviar que al final sentía que era un paso atrás al autoimponerme unas limitaciones que realmente no conviene tener en el día a día.

Esa sensación se hacía evidente en situaciones como las de querer saber un dato como el horario de un restaurante y tener que consultarlo en otro dispositivo o tener que preguntarlo a alguien que me acompañaba. Eran pequeños inconvenientes, pero que acumulados durante varios días terminan pesando.

También eché de menos algo tan básico como tener una cámara decente siempre en el bolsillo. En vacaciones surgen constantemente momentos que quieres guardar y con este móvil tenía que asumir que, si no llevaba una cámara aparte, probablemente aquella foto no merecía demasiado la pena.

Al final hay muchas funciones del smartphone que no son simples distracciones, ya que se han convertido en herramientas que utilizamos de forma natural y a las que cuesta renunciar. Incluso cuando el objetivo es desconectar.

«Imposible» vivir con él de forma permanente

Sería falso decir que es completamente imposible usar este móvil como dispositivo principal de comunicaciones y alejarme para siempre de los smartphones. Sin embargo, sí sería absurdo pretenderlo hoy en día. Me dedico a la tecnología, pero aunque mi trabajo fuese el de estar cuidando de una granja, no quiero renunciar a la tecnología que realmente es útil.

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El móvil «tonto» es buen método de desintoxicación digital, pero no renunciaré al smartphone | Imagen: Álvaro García en Applesfera

Y no, no demonizo los smartphones. Sobra hablar de las decenas de utilidades que tienen para nuestros tiempos y como ha implementado unos hábitos positivos que, aunque irán evolucionando, permanecerán en nuestra sociedad durante décadas.

En cambio, sí creo que un móvil «tonto» puede ser también útil ocasionalmente. Sobre todo cuando falta fuerza de voluntad. Y digo esto porque realmente hay muchas formas de evitar que un smartphone nos distraiga. Existen decenas de ajustes y aplicaciones para limitar notificaciones, acceso a apps en determinados horarios e incluso para tener distintos fondos de pantalla (algunos invitan claramente a no tocar el móvil).

Si de verdad quieres desconectar, no te hará falta un móvil «tonto»

El problema de todo aquello es que exige de una voluntad que no todos tienen. Quizás sí de primeras, pero no a medio plazo. Yo mismo he tratado en otras ocasiones de desconectar personalizando mi móvil para ello y no ha surtido efecto. Al final, por mucho ajuste que toquemos, ninguno supone un muro insalvable y la app de Instagram o el juego tonto de turno sigue estando al alcance.

Con el SPC Wild Coold se aleja todo eso. Es un móvil ideal para gente mayor o que sencillamente no quiera usar un smartphone de forma permanente. Pero en el ámbito de alguien habituado a la tecnología y que la quiere en su día a día, este y otros terminales similares puede ser un gran aliado para desconectar de verdad durante unos días sin dejar de estar localizable. No hay redes sociales, notificaciones ni aplicaciones que consultar. 

Solo llamadas y mensajes, justo lo necesario para unas vacaciones. Porque salvo excepciones, no hace falta más. De verdad.

Imágenes | Xataka

En Xataka | El renacer del ‘dumbphone’: cinco móviles por menos de 60 euros que solo sirven para llamar y mandar mensajes

Este dispositivo ha sido cedido para la prueba por parte de SPC. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.


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Cambié mi móvil de 1.500 euros por uno de 40 euros que ni siquiera tiene WhatsApp. Mereció la pena

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Xataka

por

Álvaro García M.

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