Xataka – 14 detenidos y casi 150 kilos de comida requisada en Aste Nagusia. La fiesta de Bilbao esconde una economía paralela
Dos agentes heridos y uno de ellos tuvo que abandonar el servicio. Lo confirmaba este miércoles la Policía Municipal de Bilbao, resumiendo la cuarta jornada de la Aste Nagusia 2026. El balance actual de la festividad más importante de la ciudad: 14 detenidos, dos por tocamientos (violencia machista), 64 denuncias, 50 de ellas por hurto. Un día antes, el tercero de fiesta, la cifra fue de ocho detenciones y 55 kilos de comida no autorizada decomisada en distintos puntos del recinto. La Semana Grande bilbaína, que este año reúne a más de un millón de personas entre el 22 y el 30 de agosto, no solo no acepta pagos en digital, tampoco se libra del trapicheo ilegal.
Una fiesta, dos economías. Bajo el paraguas oficial de la Aste Nagusia conviven dos sistemas de venta de comida y bebida completamente distintos. Uno es el de las txosnas, las casetas gestionadas por Bilboko Konpartsak desde 1978, con licencia, control sanitario y una tradición que financia actividades sociales y culturales. El otro es informal, ambulante y sin ningún permiso. Pero no es lo mismo comprar unas latas del Eroski a 0,60 euros y revenderlas a dos euros que montar una barbacoa improvisada para vender txistorra o paella al peso entre la multitud.
La Policía Municipal tolera de facto la primera práctica. Entre la masa humana del Arenal es complicado detectar este mercadeo. Pero corta de raíz la segunda porque implica manipulación de alimentos sin control sanitario. El martes, sobre las 13:30 horas, varios testigos denunciaron a dos personas que cocinaban una paella en pleno concurso de tortillas y la ofrecían a 3 euros la ración. Los agentes llegaron, confirmaron la venta ilegal y obligaron a los responsables a tirar la paella entera a un contenedor de basura. Espátula en mano, no quedó un gramo de arroz.
Las cifras del desecho. Los números de esta edición superan con holgura los de 2025. Solo entre la noche del domingo y el lunes se requisaron 90 kilos de comida en puestos ilegales. Sumando el decomiso de 55 kilos del martes, la Aste Nagusia de 2026 ya roza en cuatro días los 202 kilos incautados durante las 9 jornadas completas del año pasado. El Ayuntamiento no ha informado si el repunte se debe a más guardias policiales, a más vendedores ambulantes, o a ambas cosas a la vez.
Esto no detiene el trapicheo de comida ilegal, más bien al contrario: mientras la Hacienda foral estrena trazabilidad fiscal completa sobre cada consumición, el dinero fluye igual que hace casi medio siglo: en billetes, de mano en mano, sin dejar rastro.
El año del pago a mano. Ni tarjeta ni Bizum, solo dinero en metálico, con datáfonos para tener tique, pero nada más. Bilboko Konpartsak lo justificó como una tradición de siempre. 2026 es también el primer año en que Euskadi exige facturación electrónica obligatoria mediante el sistema Batuz y el TicketBai, y las txosnas admiten estar todavía «en fase de ensayo» con esos terminales.
Una conversación paralela habla de intereses políticos: históricamente, algunas txosnas fueron vía de financiación del entorno abertzale: la propia Wikipedia sobre ETA recoge que la organización llegó a recaudar fondos en herriko tabernas y en algunas casetas de fiestas populares. La propia Bilboko Konpartsak admitió en 2010 que no podía «garantizar» que parte de la recaudación no terminara en manos de grupos de apoyo a presos de ETA. El propio movimiento GKS reconoció en 2022 que las casetas eran «una fuente de financiación imprescindible» y El Confidencial lo documentó en 2024. En 2025, la Ertzaintza investigó un hallazgo de 5.635 euros en efectivo presuntamente vinculados a financiación proetarra procedente de comparsas, las cuales se resisten alegando que «no son empresas». Ninguna prueba de financiación directa ni judicialmente vinculante, pero hay migas y rastros que conducen a cierta opacidad.
Dónde va a parar lo requisado. ¿Qué pasa con los 145 kilos de comida decomisados en cuatro días? Quienes estamos obsesionados con no tirar nada miramos con pena esa paella y esos guisos que acaban al fondo del contenedor verde o marrón oscuro. Si bien la idea de requisar y regalar (repercutiendo las pérdidas sobre quien busca hacer negocio) es sugerente, los agentes se deshacen de ella delante de todo el mundo.
Esta comida no puede ser donada a un banco de alimentos o redistribuida de otra forma porque carece de un control de trazabilidad que garantice cero intoxicaciones. La comida no vendida no vuelve a ningún plato. Y más de un millón de estómagos se alimentan en la mítica festividad.
Imágenes | Captura del vídeo de Jordi Alemany para El Correo. Turismo Euskadi
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14 detenidos y casi 150 kilos de comida requisada en Aste Nagusia. La fiesta de Bilbao esconde una economía paralela
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Isra Fdez
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