Hard Zone : Hardware, Reviews, Noticias, Tutoriales, Foros de ayuda – Microsoft señala a los periféricos RGB como culpables de los nuevos fallos en Windows 11

La última actualización acumulativa de Windows 11, identificada como KB5121003, no le ha sentado nada bien a los usuarios que utilizan periféricos o componentes con iluminación RGB. El problema no es que la iluminación deje de funcionar, sino que quien lo hace es el propio PC, mostrando cierres, congelaciones e incluso reinicios.
Microsoft ha confirmado que el origen del problema está en los periféricos y componentes con RGB. No con el software, sino concretamente con un archivo utilizado por la mayoría de las aplicaciones para gestionar la iluminación RGB.
La investigación en curso indica que este problema está relacionado con periféricos o componentes internos de dispositivos que cuentan con características de iluminación RGB. Estos dispositivos pueden instalar controladores o componentes de código con nombres de archivo similares a inpoutx64. En sistemas donde se encuentran estos controladores, el problema se activa al lanzar ciertos juegos.
La guerra del RGB: cómo un driver obsoleto está dejando juegos inservibles en Windows 11
El origen del problema no está en el hardware RGB en sí, sino en un driver de bajo nivel que muchas aplicaciones de control de iluminación instalan en el sistema: inpoutx64.sys. Este archivo, presente en las aplicaciones de fabricantes de placas base, ventiladores, memorias y todo tipo de periféricos, actúa como puente entre el software y el hardware, pero lo hace desde un nivel del sistema operativo que no debería tocar: el espacio del kernel.
El conflicto surge cuando ciertos juegos (ARC Raiders, Marvel Tōkon: Fighting Souls, The Finals entre otros) interactúan con este driver tras la actualización. El resultado es una cadena de errores que puede manifestarse como congelaciones, cierres inesperados, pantallas azules con el mensaje EXCEPTION_ACCESS_VIOLATION, o incluso reinicios automáticos del sistema.

Por qué sucede
Muchos sistemas anti‑cheat detectan este tipo de drivers como potencialmente peligrosos, ya que operan en un nivel privilegiado del sistema. Cuando el anti‑cheat bloquea el driver o impide su ejecución, el software RGB intenta comunicarse igualmente, generando un conflicto que Windows no puede gestionar sin colapsar.
En otras palabras, un driver pensado para cambiar colores o monitorizar sensores termina chocando con mecanismos de seguridad diseñados para evitar trampas en videojuegos.
