Xataka – Con unos relojes cargados de sensores para hacer cosas, hay una que no han conseguido pese a ser inteligentes: que avisen antes de morirse
Entre los tipos de cacharros que más me gustan están los relojes inteligentes. Desde aquel primer Sony SmartWatch de 2012, que no hacía demasiado más aparte de dar la hora y mostrar notificaciones, al Samsung Galaxy Watch Ultra2 que estoy probando actualmente: por mis muñecas pasaron infinidad de relojes. A veces hasta he llevado dos a la vez para contrastar. Y siempre he deseado una función que ni la IA está añadiendo: que el reloj anticipe la hora en la que va a morir la batería.
“No te vayas a dormir sin cargarlo”. Si el reloj hace el seguimiento de todo lo que hago, calcula el consumo durante el día y puede estimar lo siguiente según mis rutinas, ¿por qué no anticipa el gasto de la batería para que el reloj no muera mientras duermo? Es algo que no entiendo. Mucha IA para estimar los consumos y para generar entrenos, pero no resuelve algo que no solo es sencillo, también útil.

Carga en el OPPO Watch X3
No será la primera vez que me despierto con el reloj apagado y sin que haya grabado el sueño. O que tenga que dejar el smartwatch en casa porque no iba a tener suficiente batería para cubrir la ruta que había cargado en el reloj. No creo que resulte tan difícil avanzar los consumos para avisar al usuario de que quizá no llegue al próximo día. Y lo mismo ocurre con el móvil, que esta carencia es extensible.
Más potencia y medición de salud, menos anticipación. La carrera por vender relojes cada vez más recargados me lleva fascinando desde los inicios. Primero ritmo cardíaco, actividad, los fabricantes incluyeron el registro de sueño, la saturación de oxígeno en sangre… Y siguieron hasta que los pequeños ordenadores que anclamos en la muñeca quisieron sustituir a medio equipo médico. Sin que realmente lo sean, porque todas sus mediciones acostumbran a ser estimadas.
El Samsung Galaxy Watch Ultra 2 me ha descubierto que quizá tenga apnea del sueño. Ando mosqueado. Pero no supo decirme que durante la última ruta en bici la batería iba a entrar en números rojos. También podría avisarme de que apague la alarma porque al día siguiente es fiesta en mi localidad. Tiene acceso al calendario y al reloj, solo ha de sumar 1+1.
Lo más parecido lo tiene Garmin, y aun así se queda a medias. Sus relojes muestran la autonomía restante como un número estimado de días u horas, no solo como porcentaje. También permiten activar el ahorro de energía durante las horas de sueño habituales. Incluso puedo consultar las horas de GPS que me quedan antes de arrancar una actividad. Es lo más cerca que he estado de lo que pido. Pero sigue siendo una aproximación, no una estimación inteligente.

Garmin ofrece una estimación dependiendo del uso
Sensores hasta para medir el nivel de antioxidantes. Me parece bien. Pero ¿por qué no mejorar el uso mediante un segundo plano inteligente? Lo de anticipar la duración de la batería y la gestión de las alarmas me parece básico, pero no es lo único que echo de menos en un smartwatch:
- Que me avise de que me levante cuando estoy trabajando está bien. Que me salte el aviso cuando conduzco o estoy en el avión no. El reloj ya lo sabe.
- ¿Por qué no ajustar la frecuencia de mediciones al momento en el que se necesitan? Puedo elegir entre registro constante o cada X minutos, pero no hay manera de que el reloj suba el muestreo solo cuando entreno y lo baje cuando estoy en el sofá
- Algo que me saca de quicio: que esté constantemente avisando de que salga a hacer ejercicio. Que acabo de levantarme, ayer me maté con el entreno o, simplemente, hoy es fiesta. Déjame en paz.
- Ojalá el reloj me propusiera una carga diaria justo cuando no voy a usarlo. Si estoy trabajando, o me lo quito para duchar, una simple notificación me ahorraría una muerte antes de caer la noche.
Seguro que hay muchísimas más funciones para las que un reloj inteligente ya está preparado y que, sin embargo, se han quedado fuera porque los fabricantes se empeñan en hacerlos cada vez más potentes en vez de progresivamente más cómodos. Y como dije antes, esto es extensible a los smartphones.
Catorce años esperando una sencilla frase. Desde aquel Sony de 2012 he visto a los smartwatches aprender medicina, pero ninguno aprendió a decirme lo que necesito saber antes de un día difícil: si la batería lo aguantará. El aviso que falta es justo el que evitaría perder todo lo demás cuando el reloj se apaga a las cuatro de la madrugada. O en medio de una subida a lo alto del monte. Si son tan inteligentes, tendrían que demostrarlo.
Imagen de portada | Iván Linares
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Con unos relojes cargados de sensores para hacer cosas, hay una que no han conseguido pese a ser inteligentes: que avisen antes de morirse
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Iván Linares
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