Xataka – Tu casa te está haciendo engordar. Esta ciudad de EEUU fue diseñada precisamente para demostrarlo
Durante siglos, las ciudades crecieron para proteger a sus habitantes de epidemias, incendios o inundaciones. Lo que nadie imaginó es que acabarían influyendo también en algo tan cotidiano como el peso corporal. Hoy, una de las ideas que más consenso genera entre urbanistas y epidemiólogos es que el lugar donde vivimos condiciona silenciosamente miles de decisiones diarias. La prueba más llamativa llegó desde una ciudad estadounidense que, intentando combatir la obesidad, terminó demostrando que el diseño urbano puede ser casi tan importante como la dieta.
Tu casa nunca fue solo una casa. Cuando pensamos en una vivienda solemos fijarnos en su tamaño, su precio o el número de habitaciones. Sin embargo, para quienes estudian las ciudades una vivienda también es todo lo que la rodea. Es la distancia hasta el supermercado, la existencia de una acera, la posibilidad de llevar a los niños andando al colegio, la cercanía de un parque o la facilidad para cruzar una avenida.
Sí, pueden parecer pequeños detalles insignificantes por separado, pero terminan determinando cómo nos movemos cada día. Durante décadas apenas se prestó atención a esa relación entre urbanismo y salud. De hecho, la obesidad se abordaba casi exclusivamente desde la alimentación y el ejercicio físico, mientras el entorno donde vivían millones de personas permanecía fuera de la conversación.
Ciudades para coches. Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos abrazó un modelo urbano basado en el automóvil. Las viviendas se alejaron de los centros de trabajo, los comercios se concentraron en grandes superficies y las nuevas urbanizaciones crecieron alrededor de enormes avenidas y autopistas.
Si se quiere también, el coche dejó de ser un medio de transporte para convertirse en la pieza sobre la que giraba toda la planificación urbana. Los ingenieros medían el éxito por la fluidez del tráfico y el tiempo que tardaban los vehículos en recorrer una ciudad. Caminar pasó a ser una actividad secundaria, casi accidental, hasta el punto de que muchos barrios dejaron de ofrecer recorridos cómodos o seguros para hacerlo.

Planes de desarrollo del experimento
La ciudad que descubrió un problema mayor. Ocurrió en el año 2007, cuando Oklahoma City apareció en una clasificación que nadie quería liderar: una de las ciudades con mayores índices de obesidad de Estados Unidos. Su alcalde, Mick Cornett, decidió comprobar por curiosidad su índice de masa corporal y descubrió que él mismo era clínicamente obeso. Aquello le llevó a perder cerca de veinte kilos y a lanzar una campaña para que toda la ciudad adelgazara un millón de libras de forma colectiva.
¿Qué ocurrió? Que miles de vecinos se sumaron al reto, pero cuanto más avanzaba la iniciativa más evidente resultaba que el problema no podía reducirse a una simple cuestión de voluntad. Si cientos de miles de personas compartían el mismo patrón, probablemente existía una causa común que iba mucho más allá del contenido de sus platos.

Izquierda, Ron Norick Boulevard, antes de su remodelación, con una manzana en construcción al fondo, y derecha, después de la remodelación
La pregunta que lo cambió la definición de obesidad. Cornett empezó a recorrer Oklahoma City con otros ojos y encontró una ciudad construida para conducir incluso en los trayectos más cortos. Había barrios sin aceras continuas, cruces pensados para el tráfico y comercios demasiado alejados como para llegar caminando. Años después reconocería que nunca se había planteado que el urbanismo pudiera tener consecuencias sanitarias.
Los responsables municipales llevaban décadas preguntándose cómo mover más coches en menos tiempo, pero casi nadie se preguntaba cómo facilitar que una persona caminara veinte minutos al día sin proponérselo. Aquella reflexión coincidió con un cambio de enfoque en la investigación científica, que empezó a mirar a través de múltiples trabajos menos el interior de las casas y mucho más lo que ocurría al salir de ellas.

La ciencia señala a las calles. ¿Qué ocurrió entonces? Que los estudios comenzaron a repetirse con resultados muy similares. Investigaciones realizadas en ciudades como Atlanta observaron que cuanto más tiempo pasaban las personas dentro del coche, mayor era la probabilidad de sufrir obesidad, mientras que pequeños incrementos en los desplazamientos a pie producían el efecto contrario. Otros trabajos comprobaron que los vecinos de barrios más transitables caminaban más, utilizaban menos el automóvil y presentaban índices de masa corporal inferiores.
Con el tiempo aparecieron estudios longitudinales en Canadá y Estados Unidos que reforzaron la misma idea: las ciudades donde era fácil desplazarse caminando registraban menores tasas de obesidad y diabetes. Por supuesto, ningún investigador sostenía que una acera hiciera adelgazar por sí sola, pero sí que el diseño urbano podía inclinar miles de decisiones cotidianas hacia una vida más activa o más sedentaria.
No era comer menos. Lo cierto es que aquellas conclusiones cambiaron por completo la estrategia de Oklahoma City. En lugar de limitarse a recomendar dietas, la ciudad comenzó a invertir en parques, senderos, aceras, carriles bici y espacios públicos que invitaran a caminar. Los proyectos del programa MAPS transformaron parte del paisaje urbano y buscaron devolver protagonismo al peatón en una ciudad concebida durante décadas para el automóvil.
El objetivo ya no era únicamente que los ciudadanos perdieran peso, sino que la opción más sencilla dejara de ser coger el maldito coche para cualquier desplazamiento. Quizás por ello, la gran lección de Oklahoma City no fue demostrar que la obesidad depende del urbanismo, porque sería una simplificación. Lo que puso sobre la mesa de verdad es posiblemente algo mucho más interesante: que aunque nuestras decisiones parecen individuales, muchas empiezan a tomarse mucho antes de que abramos la nevera.
Empiezan, simplemente, cuando salimos de casa.
Imagen | RobertKixmiller, Cityofeufaulaok, RawPixel
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Tu casa te está haciendo engordar. Esta ciudad de EEUU fue diseñada precisamente para demostrarlo
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Miguel Jorge
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