Xataka – Llevamos 9.000 años cultivando arroz bajo la misma regla térmica. Estamos a punto de romperla para siempre

Llevamos 9.000 años cultivando arroz bajo la misma regla térmica. Estamos a punto de romperla para siempre

El arroz no es un cereal más, sino que es el pilar fundamental que sostiene la dieta de más de la mitad de la población mundial. Durante milenios, la humanidad ha confiado en su capacidad para prosperar en distintas latitudes y alimentar a civilizaciones enteras, pero ahora estamos a punto de llevar a este cultivo milenario a un territorio desconocido debido al aumento de las temperaturas que estamos viviendo. 

Lo están documentando. El arroz tiene un límite a las condiciones que puede soportar para poder prosperar, y la ciencia ha dado la voz de alarma al apuntar que la tolerancia térmica del arroz se ha mantenido prácticamente constante durante los últimos 9.000 años, pero ahora, en cuestión de décadas, estamos a punto de romper esta barrera. 

Un límite térmico. El trabajo de investigación se ha centrado principalmente en cruzar los datos arqueológicos de hace milenios con registros contemporáneos de cultivo y proyecciones climáticas futuras. De esta manera, tras rastrear la evolución del cultivo de arroz a lo largo de los milenios, los investigadores descubrieron que sus límites históricos apenas han variado. 

Esto quiere decir que las civilizaciones antiguas plantaban arroz en condiciones de temperatura sorprendentemente similares a las máximas que soportan las variedades actuales que usamos. Es por ello que el error, evolutivamente hablando, no se ha adaptado a un calor extremo que nunca antes había experimentado. 

El aumento de temperatura. El estudio estima que, hacia finales de siglo, el área geográfica que superará los umbrales térmicos podría multiplicarse entre 10 y 30 veces en los principales países arroceros de Asia. Esto quiere decir que las regiones que hoy son graneros de arroz del mundo podrían volverse biológicamente hostiles para la planta, que no le permitirían crecer.

 Las primeras grietas. No hace falta irse al año 2100 para ver los efectos de esta crisis, sino que el estrés térmico ya está afectando a los campos arroceros. Esto es lo que evidencia un reciente estudio que analizó el cultivo práctico del arroz en China y demostró que el calentamiento global ya está alterando las reglas del juego. 

Según este trabajo, el aumento de las temperaturas está provocando alteraciones en los ciclos de vida y floración de la planta, además de una peor utilización del recurso térmico en varias de las zonas arroceras más importantes del gigante asiático. Dicho de otro modo: el calor extremo está desincronizando el reloj biológico del arroz, haciendo que la planta sea menos eficiente a la hora de crecer y dar grano.

Sus consecuencias no se centran únicamente en las plantas marchitas, sino qu se traducen en una drástica caída de la producción a nivel global. Ya en 2017 las investigaciones publicadas advirtieron sobre las plausibles pérdidas de rendimiento del arroz bajo el futuro calentamiento climático, y ahora estamos viendo que a más calor, menos grano por espiga. 

El problema social. Algo a tener en cuenta es que, aunque el aumento de dióxido de carbono atmosférico puede aumentar el crecimiento vegetal, la realidad es que sus efectos se distribuyen de forma tremendamente desigual. Aquí la ciencia advierte que estas alteraciones climáticas están aumentando la brecha de rendimiento entre los países de ingresos bajos y los de ingresos medios y altos.

Esto quiere decir también que, mientras las naciones más ricas podrán invertir en nuevas infraestructuras, sistemas de refrigeración para los cultivos o variedades genéticamente modificadas para ser más resistentes, las naciones más dependientes del arroz sufrirán el embate de las pérdidas de producción sin poder hacer casi nada. 

Carrera contra reloj. A priori, no podemos confiar en que la evolución natural del arroz nos salve, porque si miramos atrás, veremos que si en 9.000 años el límite térmico del cultivo no ha cambiado, no lo va a hacer por arte de magia en las próximas cinco décadas. Esto hace que desde ya se tengan que plantear alternativas para salvar el alimento más básico o incluso prepararse para una reestructuración de las zonas agrícolas en Asia. 

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Llevamos 9.000 años cultivando arroz bajo la misma regla térmica. Estamos a punto de romperla para siempre

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José A. Lizana

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