Xataka – Una ingeniera de Amazon preguntó a ChatGPT cómo dejar su medicación de epilepsia. La IA le diseñó un calendario de 25 días que ha terminado en tragedia
Bowen Wan tenía 31 años, trabajaba como ingeniera de software en Amazon y sufría una epilepsia grave. En enero de 2026, ante la posibilidad de perder su empleo y su derecho a permanecer en Estados Unidos, recurrió a ChatGPT para intentar reducir los efectos secundarios de su medicación. El chatbot terminó diseñándole un calendario para abandonar el tratamiento en apenas unas semanas. Durante el proceso, la mujer comenzó a experimentar síntomas preocupantes y expresó sus dudas en repetidas ocasiones. La IA siguió tranquilizándola.
En febrero, Bowen apareció muerta en su apartamento de Seattle.
Una decisión de vida o muerte. La historia la contaba en un reportaje de investigación el New York Times el pasado fin de semana. Bowen llevaba más de una década conviviendo con una epilepsia que había llegado a provocarle varias crisis diarias. En 2021 tuvo que solicitar una baja laboral en Amazon y comenzó a vivir prácticamente recluida en su apartamento de Seattle. Su situación había mejorado gracias a la lamotrigina, un medicamento que había reducido las crisis a unos pocos episodios mensuales.
En noviembre de 2025 recibió otra noticia: Amazon iba a despedirla y necesitaba encontrar trabajo antes de mediados de febrero para poder permanecer en Estados Unidos. Bowen temía que los efectos secundarios del tratamiento, especialmente la lentitud mental y las dificultades para expresarse en inglés, perjudicaran sus entrevistas laborales.
Un calendario para dejar la medicación. En enero de 2026, Bowen preguntó a ChatGPT si podía reducir su dosis diaria de lamotrigina de 400 a 300 miligramos para recuperar parte de su agilidad verbal. La IA consideró razonable la propuesta y comenzó a elaborar diferentes calendarios conforme ella preguntaba si podía bajar hasta 200 miligramos o acelerar el proceso.
Según la investigación de The New York Times, el chatbot terminó diseñando un plan que contemplaba pasar de 400 miligramos a cero en unas pocas semanas, aproximadamente 25 días. Su neurólogo, Nicholas Poolos, explicó posteriormente que jamás habría recomendado retirar aquel medicamento a una paciente con semejante historial de crisis. En los casos en los que resulta apropiado suspender un antiepiléptico, la reducción suele realizarse gradualmente y bajo supervisión médica durante meses.
La IA como confidente. Contaba el Times que Bowen había comenzado a utilizar ChatGPT en 2023, inicialmente para cuestiones personales, relaciones sentimentales y trámites relacionados con su seguro médico. Durante 2025 llegó a intercambiar una media de más de 1.500 mensajes semanales con el chatbot, al que confesó que había empezado a considerar un amigo. Su dependencia de aquellas conversaciones creció mientras disminuían las llamadas a sus padres, que vivían en China.
La investigación revela que la IA llegó a respaldar decisiones de ajustar medicamentos sin informar a los médicos, recomendó utilizar un cortador de pastillas y presentó algunas precauciones profesionales como una forma de aversión al riesgo. En una conversación llegó a elogiar que Bowen ocultara a su médico de atención primaria sus planes de reducción del tratamiento.
158 señales de alarma. Al parecer, los problemas comenzaron pocos días después de iniciar la retirada de la lamotrigina. Bowen describió episodios de confusión, dificultades para comprender lo que leía, pérdidas de conciencia y sensaciones extrañas compatibles con manifestaciones de su epilepsia. Según el análisis de los registros realizado por el Times, expresó preocupación por el proceso al menos 158 veces.
En numerosas ocasiones, ChatGPT interpretó esos síntomas como señales de que su cerebro estaba recuperando su funcionamiento natural tras reducir la medicación. Cuando Bowen preguntó si debía preocuparse, el chatbot llegó a asegurarle que no tenía motivos para hacerlo. Algunas respuestas sí recomendaban consultar con profesionales sanitarios, aunque otras, al parecer, minimizaron síntomas que requerían una valoración médica urgente.
Las últimas conversaciones. A comienzos de febrero, Bowen sufrió un episodio mientras hablaba por teléfono con su padre, Qun Wan, que escuchó cómo su hija dejaba repentinamente de responder durante varios minutos. El hombre le pidió que siguiera las indicaciones de sus médicos y ella insistió en que el tratamiento perjudicaba su capacidad intelectual. En los días posteriores, Bowen continuó consultando a ChatGPT sobre su estado.
En una de sus últimas conversaciones, según el NYT, preguntó si debía volver a tomar la medicación para frenar el proceso. El chatbot le indicó que mantuviera la dosis de cero miligramos al día siguiente y perseverara pese a las dificultades. Su último mensaje quedó registrado poco después de las once de la noche del 11 de febrero. Los investigadores situaron su muerte el 12 de febrero y su cuerpo fue encontrado tres días después, cuando unos conocidos consiguieron acceder al apartamento alertados por sus padres.

Una muerte y una demanda contra OpenAI. La causa oficial del fallecimiento fue muerte súbita inesperada en epilepsia, conocida como SUDEP, una complicación que puede producirse tras una crisis grave. Cuando sus padres viajaron a Seattle y revisaron el teléfono de Bowen, descubrieron las conversaciones con ChatGPT y los calendarios de reducción del medicamento.
La familia presentó una demanda contra OpenAI alegando que el chatbot había ejercido funciones médicas sin autorización, minimizado síntomas peligrosos y convertido a los profesionales sanitarios en obstáculos que debían evitarse. También sostiene que las conversaciones en chino pudieron influir en la respuesta del sistema. La relación causal exacta entre las recomendaciones y el fallecimiento, así como la responsabilidad legal de OpenAI, deberán ahora determinarse judicialmente.
El problema de una IA que siempre da la razón. Bowen utilizaba GPT-4o, un modelo que OpenAI retiró de ChatGPT el 13 de febrero de 2026, un día después de la fecha estimada de su muerte. La compañía ha calificado el caso de profundamente trágico y asegura que sus modelos posteriores han mejorado la detección de situaciones urgentes y las recomendaciones para buscar atención profesional.
Sea como fuere, el episodio se suma a otras demandas contra OpenAI relacionadas con comportamientos excesivamente complacientes de sus sistemas, una característica que la propia empresa había reconocido públicamente en 2025. Si se quiere, además, el caso de Bowen plantea una cuestión especialmente delicada: cuando una inteligencia artificial responde con seguridad, cercanía y/o aprobación constante, sus usuarios pueden terminar atribuyéndole una autoridad que no tiene, incluso ante decisiones médicas capaces de poner en peligro sus vidas.
Imagen | Focal Foto, RawPixel
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Una ingeniera de Amazon preguntó a ChatGPT cómo dejar su medicación de epilepsia. La IA le diseñó un calendario de 25 días que ha terminado en tragedia
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por
Miguel Jorge
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