Xataka – Un equipo de científicos de Chile acaba de descubrir el planeta más joven que se ha detectado jamás
Un equipo de científicos de la Universidad Diego Portales, de Chile, acaba de descubrir el planeta más joven que se ha detectado jamás. Tiene menos de un millón de años, lo cual podría parecernos mucho, pero a escalas cósmicas es solo un bebé. De hecho, aún está rodeado de su disco natal de polvo y gas, lo cual demuestra que ni siquiera ha terminado su proceso de formación. Podría decirse que todavía está naciendo.
Los científicos no entienden a los planetas más jóvenes. Hasta ahora, el récord de planeta más joven lo tenían cuatro planetas empatados con una antigüedad de algo más de 5 millones de años. Estos, ya de por sí, eran un enigma para los científicos, ya que todos ellos son gigantes gaseosos, como Júpiter, y el modelo de formación planetaria actual apunta a que estos planetas tardan más o menos esos 5 millones de años en formarse. Estarían justo en el límite y sería raro encontrar tantos. El planeta que se acaba de describir, llamado Elias 2-24b, también es un gigante gaseoso, pero tiene solo un millón de años, así que su caso parece imposible. Sería algo así como si un bebé de pocos meses ya tuviera barba y la voz grave. Claramente se demuestra que, hasta ahora, la ciencia ha pasado por alto procesos que, visto lo visto, no deben ser una excepción.
Todo empieza en una nube de gas y polvo. Las estrellas se forman, a grandes rasgos, por la condensación de una nube de gas y polvo. Una vez que la estrella se forma, parte de ese material se queda flotando a su alrededor en forma de disco protoplanetario. Es ahí donde, poco a poco, a partir de una semillas de material, se va acumulando más y más y se forma un planeta que empieza a girar alrededor de la estrella. En el caso de los gigantes gaseosos, primero se forma una semilla rocosa a partir del polvo y, después, se va acumulando mucho gas sobre ella. Se creía que se necesitaban bastantes millones de años para que pueda formarse esa semilla. Pero a la vista está que no es cierto.
Nos queda mucho por ver. Este planeta bebé se ha descubierto gracias al coronógrafo del Observatorio Keck de Hawái. Un coronógrafo es un instrumento que se usa para eclipsar artificialmente una estrella, de modo que su luz no entorpezca la observación de planetas girando alrededor de ella. Estos se usan habitualmente para la detección de exoplanetas, así como el método del tránsito, en el que se analizan las perturbaciones del brillo de la estrella causadas por el paso periódico de los planetas.
El problema es que los planetas jóvenes, si aún están envueltos en el gas del disco protoplanetario, son difíciles de ver. Como si estuviesen escondidos detrás de una cortina. Puede que ese sea el motivo por el que actualmente se han descubierto tan pocos planetas jóvenes. Nuestro sistema solar ya lo tenemos más que estudiado. Más allá de nuestras fronteras, detectar planetas en pleno crecimiento es una misión complicada. Quizás, si se pudiesen detectar muchos más, entenderíamos que hasta ahora hemos estado equivocados en los tiempos que tarda en crecer un planeta recién nacido. Puede que Elias 2-24b no sea la excepción, sino la regla.
Por qué es tan importante. No hemos tenido la oportunidad de presenciar el nacimiento y crecimiento de los planetas del sistema solar. Por eso, observar exoplanetas tan jóvenes como este bebé es una gran oportunidad para estudiar un proceso que, quizás, nos ayude también a entender cómo nació la Tierra. Y es que, para comprender a dónde vamos, es muy importante entender de dónde venimos. Aunque parezca que el pasado de nuestro propio planeta ya no importa, es especialmente relevante para comprender qué pasará en nuestro futuro. Y eso sí que es muy importante.
Imagen | W. M. Keck Observatory/Adam Makarenko
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Un equipo de científicos de Chile acaba de descubrir el planeta más joven que se ha detectado jamás
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por
Azucena Martín
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