Xataka – Ucrania está acercando peligrosamente sus drones a Moscú. Y lo está haciendo con un arma insólita: Grand Theft Auto V
En 2002, durante un ejercicio militar estadounidense conocido como Millennium Challenge, un general retirado logró sorprender a una flota tecnológicamente superior utilizando tácticas poco convencionales y medios inesperados, y lo hizo hasta el punto de “hundir” virtualmente varios buques en cuestión de minutos. Aquella simulación dejó una conclusión incómoda para muchos estrategas: en ciertos escenarios, no siempre gana quien tiene más medios, sino quien mejor entiende cómo adaptarse a nuevas formas de combate.
De los videojuegos al campo de batalla real. La historia la contaban en Insider. Al parecer, Ucrania ha encontrado una vía totalmente inesperada para acelerar la formación de pilotos de drones y perfeccionar su campo de acción: los videojuegos, y en particular en el entorno logrado por Rockstar en Grand Theft Auto V, donde los operadores perfeccionan reflejos, coordinación y toma de decisiones en escenarios simulados.
Esta práctica no sustituye al entrenamiento militar, más bien la complementa, y revela hasta qué punto la guerra moderna está absorbiendo habilidades nacidas fuera del ámbito tradicional, incorporando a una generación acostumbrada a mandos, pantallas y entornos virtuales. Lo que empieza como simulación termina trasladándose a operaciones reales donde no hay margen de error, consolidando un modelo de combate en el que la línea entre juego y guerra se vuelve cada vez más difusa.
Los drones se acercan a Moscú. En paralelo a este entrenamiento con GTAV, el alcance de los drones ucranianos ha ido creciendo de forma sostenida hasta alcanzar zonas cada vez más próximas al corazón político de Rusia.
Recordaban en Forbes que los ataques profundos dentro del territorio ruso, algunos a escasos kilómetros del Kremlin, están rompiendo la percepción de invulnerabilidad que durante años protegió a Moscú. La campaña no busca solo destruir objetivos, sino demostrar capacidad de penetración y generar una presión constante que obliga a redistribuir defensas y a asumir que el conflicto ya no está lejos, sino cada vez más cerca.
El Día de la Victoria bajo una nueva sombra. Sí, porque la proximidad del 9 de mayo, uno de los eventos más simbólicos para el Kremlin, añade una dimensión especialmente delicada a esta evolución. El desfile no es solo una exhibición militar, sino una pieza clave en la narrativa de poder y control de Rusia, y cualquier alteración, incluso indirecta, tendría un impacto desproporcionado.
El hecho de que se esté contemplando reducir su escala o modificar su formato refleja hasta qué punto la amenaza de los drones ha cambiado el cálculo estratégico, convirtiendo una celebración diseñada para proyectar fuerza en un posible punto de vulnerabilidad.
Una defensa saturada y puesta a prueba. Lo cierto es que aunque Moscú sigue siendo uno de los espacios más protegidos del mundo, la acumulación de ataques está tensionando sus sistemas defensivos.
Las múltiples capas de defensa aérea, diseñadas para interceptar amenazas, se enfrentan ahora a un flujo constante de drones que buscan saturarlas, identificar brechas y desgastarlas con el tiempo. Este enfoque no depende de un solo golpe decisivo, sino de una presión prolongada que obliga a Rusia a defender cada vez más puntos a la vez, erosionando progresivamente su capacidad de respuesta.
Putin, más aislado y más protegido. De hecho, esta semana explicaban en el Financial Times que, en este contexto, la seguridad en torno a Vladimir Putin se ha endurecido de forma visible, reflejando una creciente preocupación por posibles ataques, incluidos aquellos ejecutados con drones.
¿Cuánto? Al parecer, el presidente ha reducido sus desplazamientos, pasa más tiempo en búnkeres y opera bajo protocolos de seguridad más estrictos, mientras su entorno es sometido a controles cada vez más rigurosos. Esta evolución no solo responde a riesgos físicos, sino también a la necesidad de preservar una imagen de control en un momento en que el conflicto comienza a sentirse más cerca del centro del poder.
La guerra psicológica que acompaña a la tecnológica. Más allá del impacto material, la campaña de drones ucraniana está teniendo un efecto psicológico creciente, tanto en la élite política como en la sociedad rusa. Cada incursión que atraviesa las defensas refuerza la idea de que ningún lugar es completamente seguro, debilitando una narrativa construida sobre distancia y control.
Si se quiere también, mientras los drones siguen avanzando y los pilotos se entrenan incluso en mundos virtuales como el de GTAV, la guerra entra en una fase donde la percepción del riesgo es tan importante como los daños reales, y donde la presión sobre Moscú aumenta justo cuando más necesita proyectar estabilidad.
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Ucrania está acercando peligrosamente sus drones a Moscú. Y lo está haciendo con un arma insólita: Grand Theft Auto V
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Miguel Jorge
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