Xataka – «Soy totalmente enemigo del vaso congelado»: ha tenido que venir la gente de Cruzcampo a explicarnos cómo se bebe la cerveza

"Soy totalmente enemigo del vaso congelado": ha tenido que venir la gente de Cruzcampo a explicarnos cómo se bebe la cerveza

Hay pocas cosas más íntimamente ligadas al verano que el gesto de sacar del congelador un vaso cubierto de escarcha y llenarlo de cerveza. Y, sinceramente, es fascinante. No solo porque nadie tiene muy claro por qué ese movimiento se ha hecho tan popular, sino porque durante años sommeliers y maestros cerveceros han dicho que no es una buena idea. 

El último ha sido Francisco Javier Soriano, una de las personas que está detrás de la cerveza que más crece en España, declarándose «totalmente enemigo del vaso congelado porque rompe la temperatura de frío de la cerveza».  

Mucho meme, mucho chiste, pero ha ocurrido: ha tenido que venir la gente de Cruzcampo a explicar cómo se bebe la cerveza.

Espera, espera… ¿romper la temperatura de la cerveza? Aquí hay al menos tres ideas complicando la física del asunto. La primera es una obviedad: el vaso congelado sobreenfría la cerveza. A priori, cada formulación de esta bebida está optimizada para una temperatura concreta y meterla en vasos de -18 grados es algo que ninguna cervecera tiene en cuenta. 

En un mundo como el nuestro, en el que la consistencia de temperatura de las bebidas en verano deja mucho que desear, la moda de los vasos congelados es comprensible. Pero tiene costes: al final, el receptor del gusto TRPM5 necesita calor para activarse. Si la bebida está muy fría, no la sentimos.

La segunda idea va de la mano con esto último: el aroma también desaparece. Cuanto más fría está la cerveza, menos burbujas deja escapar y eso significa que hay menos «efluvios organolépticos» viajando hacia nuestra nariz y redondeando la experiencia. La tercera era la que sumaba otro maestro cervecero, Xabier Cubillo, cuando decía que «refresca mucho, pero ya no se notan tanto los aromas y la espuma se cae antes»

«Dejad a la gente disfrutar de las cosas». Eso está claro: que cada uno se beba su cerveza como más le guste. Nuestra intención, además de señalar que «cuanto más sabemos del alcohol, más peligroso parece», es sencillamente invitarnos a reflexionar para qué estamos bebiendo cerveza. Dado que la cerveza no hidrata y no es saludable, lo razonable es pensar que bebemos cerveza porque nos gusta. Es decir, porque queremos disfrutar del sabor, el aroma y la textura del  producto. 

Y si es así, hay que tener en cuenta que «lo extremadamente frío» mata todo lo interesante que puede tener la bebida. Ahora bien, si lo que queremos es una bebida extremadamente fría para el verano, no hay mucho más que añadir. 

España es, hoy por hoy, el segundo productor de cerveza de la Unión Europea. Eso fueron unos 41,29 millones de hectolitros en 2024 y, en cuando consumo, bebemos 52,8 litros por persona al año. Y el mercado, poco a poco, empieza a seguir los pasos del vino tratando de ocultar con cultura los riesgos del alcohol. Pero si queremos seguir ese camino, no estaría de más ser consistentes. 

Y, en ese sentido, la caña helada en verano no es un error. Por eso da un poco igual lo que digan sommeliers, cerveceros o periodistas. La caña helada es una elección: una que prioriza el frío al sabor. Y no es una mala decisión, siempre que no nos engañemos y seamos conscientes de lo que estamos haciendo y lo que estamos perdiendo.

Imagen | CCALM 2016 Fiesta Zombie

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«Soy totalmente enemigo del vaso congelado»: ha tenido que venir la gente de Cruzcampo a explicarnos cómo se bebe la cerveza

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Xataka

por

Javier Jiménez

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