Xataka – «Son cuatro gatos»: la acampada de Sol lleva ya varias semanas activa y Almeida ha reclamado un censo para saber cuánta gente hay
Hay frases que funcionan como un hechizo: se lanzan como duda y se reciben como sentencia. Cicerón lo sabía cuando, en el año 63 a. C., abrió su ataque contra Catilina con “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”. Siglos después, Shakespeare llevaría ese mecanismo a Julio César: Marco Antonio repetía que Bruto era “un hombre honorable” mientras enumeraba los muchos hechos que erosionaban esa supuesta honorabilidad.
El hechizo de José Luis Martínez-Almeida Navasqüés, miembro del Partido Popular y alcalde de Madrid desde junio de 2019, ha recurrido a este mismo truco de magia: el alcalde ha pedido un censo para saber cuántas personas duermen en Sol porque, a lo mejor, hay muchas más tiendas que gente. De paso aseguró que todos sabemos que no son más que “cuatro gatos”. Ese «todos» nos incluye en la insinuación. Sin embargo, ¿qué datos tiene para afirmarlo?
Una ciudad con comisiones, mapa y periódico. Dentro de la plaza hay más organización de la que sugiere la palabra “acampada”. Alejandro T., un psicólogo de 32 años al que ya llaman el cartógrafo de la acampada, empezó a trazar un mapa a mano alzada para controlar el caos de los primeros días.
El plano ha adquirido, según reconoció, vida propia. Llegó el 28 de septiembre, montó su tienda y dibujaba en su libreta por afición. Hoy forma parte de la Comisión de Urbanismo, que decide dónde va cada tienda nueva para mantener pasos libres y accesos de emergencia y que, según cuenta él mismo, gestiona las tiendas libres: las asigna a personas vulnerables o sin tienda y hace hueco a quien llega con la suya.
Según la descripción de El País, el 10 de octubre aquella ciudad tenía tres distritos (Fuente, Centro y Ballena) con sus propias asambleas, 62 plazas y 56 calles, además de comisiones de Construcción, Cultura, Mediación, Comunicación, Limpieza y Cuidados. Y tiene hasta periódico propio: La Lona, una especie de gaceta-fanzine que reparte noticias internas, textos y dibujos. Su editor, Sergio, contaba que el tercer número salió con una tirada de 150 ejemplares.
Las cifras no coinciden. Aquí empieza el lío. EFE informó el 30 de septiembre de un millar de personas en unas 500 tiendas. Ese mismo día, el Sindicato de Inquilinas contaba 1.248 tiendas. Un recuento interno recogido por la Cadena SER llegó después a 1.283, y diez días más tarde El País hablaba de casi 1.800. Son estimaciones distintas, no un censo diario comparable. Entretanto, Almeida llegó a decir que lo único que representan los acampados es una mayoría de tiendas, no de personas.
Las tiendas suben, claro, pero contar a personas es más complicado. ¿Añades a los niños? EFE hablaba este domingo de cientos de personas, y COPE contaba más de mil tiendas y apenas una veintena de personas desayunando. Los sindicatos policiales aportan su propia versión: el SUP asegura, en la misma información de COPE, que muchas tiendas están vacías por la noche y que algunas las usan personas sin hogar, y Jupol sostiene que más de la mitad se va a dormir a casa. Son fuentes de parte, y ninguna equivale a un recuento.
Esa brecha entre “cientos de personas” y casi 1.800 tiendas es justo lo que alimenta la sospecha del alcalde, y por eso mismo un recuento serio sería útil para todos. Pero también es la razón por la que el “cuatro gatos” suena tan falaz como un “somos miles”.
¿Y qué hacen ahí? La pregunta es legítima, y más cuando algunos de los que están, a simple vista, son bastante jóvenes. La acampada nació la noche del 26 de septiembre, tras una manifestación convocada por el Sindicato de Inquilinas por el desahucio de Maricarmen, una mujer de 87 años. Desde entonces, el sindicato ya no se mantiene dentro desde el 2 de octubre, y más de 40 colectivos integran hoy la acampada, lo que ayuda a explicar que el mensaje parezca más difuso que al principio.
Sobre sus ocupaciones, hay versiones. Algunos acampados aseguran que trabajan, teletrabajan o estudian y vuelven a la plaza después de cumplir con sus obligaciones. Por otro lado, un vídeo viral que pregunta a cuatro acampados por su ocupación se ha usado para decir justo lo contrario. Otros medios exigen desalojos de voz propia, tildando de guarros a algunos de los inquilinos de esta ciudad temporal. Con cuatro respuestas no se demuestra nada, ni a favor ni en contra.
Sol, apagada. La Comunidad ordenó cerrar la estación de Metro de Sol alegando acumulación de orines y excrementos en los pozos y accesos de ventilación. La acampada lo desmintió: su comisión de limpieza asegura que el campamento está limpio y que gestionan el tema de forma constante. En esa misma información, el comité de empresa de Metro niega haber pedido el cierre por insalubridad y Renfe dice no haber detectado problemas en la estación de Cercanías, que siguió abierta. Los sindicatos del transporte añadieron además que no les habían entregado las mediciones.
Metro reabrió el sábado por la noche tras constatar, con los resultados de los análisis, que las condiciones de seguridad y salud se habían restablecido y según la Comunidad, la estación estuvo cerrada 34 horas, 14 de ellas solo para limpiar los pozos de ventilación. Sin datos que firmen las dos partes, cada una cuenta la historia a su manera. Y asociaciones de personas con discapacidad denunciaron que así no pueden moverse por la plaza.
La solución. Contar. De noche y con testigos como en las bodas. Se estima que la afluencia es mucho menor que en septiembre. El Sindicato de Inquilinas ya ha confirmado que, por ejemplo, la acampada en las Setas de Sevilla ya ha sido extinguida. En el último reportaje de ElMundo, varios acampados de «las cerca de 2.000 tiendas de campaña» se quejaban de falta de gente en las comisiones y cierto desgaste: «Después de unas semanas se nota el deterioro, porque la acampada es agotadora».
En cualquier caso, la marcha aún no se ha planificado y contar es lo único que desmontaría a la vez el “cuatro gatos” y el “somos miles”. Hasta entonces, tiendas, personas y opiniones seguirán sin cuadrar y generando un debate estéril.
Imágenes | Zarateman para Wikimedia Commons
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«Son cuatro gatos»: la acampada de Sol lleva ya varias semanas activa y Almeida ha reclamado un censo para saber cuánta gente hay
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Xataka
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Isra Fdez
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