Xataka – No lo llames «eclipse» llámalo «milagro»: Marte ilustra hasta qué punto tenemos suerte con la distancia de la Luna al Sol

No lo llames "eclipse" llámalo "milagro": Marte ilustra hasta qué punto tenemos suerte con la distancia de la Luna al Sol

El día después de cada eclipse total, millones de personas piensan lo mismo casi al mismo tiempo: en la enorme suerte que tenemos de que la Luna esté justo a la distancia exacta para tapar el Sol. 

Y es verdad. Con matices, pero es verdad. En Marte, por poner el ejemplo más cercano, el tránsito de Fobos delante de el Sol no se traduce en una experiencia mística. Se traduce en un ‘meh’ apenas perceptible. Se cubre, como mucho, el 57% del disco solar.

Así que sí, estamos ante una de las mayores casualidades del Sistema Solar. Una casualidad tan grande que, si la miramos de cerca, parece casi un milagro. 

Y es que, de media, la Luna no llega. Su diámetro aparente medio visto desde el centro de la Tierra es de 31,08 minutos de arco. El del Sol, 31,99′. Es decir, la Luna se queda un 3% corta. 

Si las órbitas fueran círculos perfectos, no habría ni un solo eclipse total. Solo habría anillos. Anillos y más anillos. Pero, como las órbitas son elipses, el Sol oscila entre los 31,45′ en julio y los 32,52′ en enero. La Luna, por su parte, ronda los 29,37′ en su apogeo y los 33,51′ en el perigeo. En alguna oscura fosa común de Ratisbona, Kepler sonríe en silencio.

De hecho, tan ajustada está la cosa que los eclipses solares son minoría. En el canon de cinco milenios de Espenak y Meeus hay contabilizados 11.898 eclipses solares. De ellos, solo el 26,7% son totales, frente a un 33,3% de anulares y el resto de parciales.

España, tierra de eclipses. A estas alturas de agosto recordar que España va a vivir tres eclipses solares en tres años puede parecer innecesario, pero si hablamos de casualidades no conviene perder esto de vista. Si tomamos como referencia la magnitud del eclipse (es decir, el cociente entre los discos lunar y solar), el de ayer fue de 1,03863, el de 2027 del 1,07903 y el de 2028 del 0,92080. Solo se tapará en los dos primeros, pero el anillo del tercero también llenará las portadas de los periódicos.

Volvamos un momento a Marte. Porque es un caso de libro de la ‘suerte’ de la que hablamos. El Sol se ve desde allí más pequeño que desde la Tierra (0,35 frente a nuestros 0,53), así que taparlo debería ser más fácil. Sin embargo, Fobos tiene un diámetro aparente mucho más pequeño. No solo nunca es total, sino que duran solo 30 segundos. Si queremos algo con más cuerpo, tenemos que irnos a Júpiter, Saturno y, quizás, Urano

En ninguno de ellos, no obstante, podremos ver la corona asomando al borde del satélite.

Pero la suerte, como todo, acaba terminándose. Aunque, por su escala temporal, se nos olvida, lo cierto es que los objetos celestes son cosas moviéndose por el espacio. La Luna, sin ir más lejos, se aleja de nosotros a casi cuatro centímetros al año. Según los investigadores, hace 3.200 millones de años su disco era más del doble que el Sol: todos los eclipses eran totales, larguísimos y con la corona completamente tapada. 

Y esto tiene una consecuencia: algún día, si está viva, la humanidad verá el último eclipse solar total. La buena noticia es que eso ocurrirá dentro de unos 1.200 millones de años.

Imagen | Jongsun Lee

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Javier Jiménez

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