Xataka – Los furros ya eran una subcultura peculiar: ahora llegan los «therians», gente que camina a cuatro patas
Llevan máscaras de animales, se mueven a cuatro patas y publican en redes tutoriales para perfeccionar el galope o el salto felino. Los therian no son un fenómeno nuevo, pero las redes sociales los han catapultado a la conversación digital. ¿Quiénes son, de dónde vienen, qué los diferencia de la moda de los furries, tienen derecho a su propio veterinario?
¿Qué es un therian? Quizás la forma más sencilla de entenderlo sea acudiendo a la propia definición que hace esta comunidad: «disforia de especie», malestar análogo (en estructura, aunque desde luego no en reconocimiento clínico) a la disforia de género. Un therian no lleva un disfraz: el término (que abrevia therianthrope, del griego therion -bestia salvaje- y anthropos -humano-) designa a personas que se identifican psicológica o espiritualmente como un animal no humano.
The Therian Society asegura que no se trata de un cosplay o disfraz, sino de una identidad vitalicia. El animal con el que cada therian se identifica se denomina theriotype, y los cánidos y los felinos son los más frecuentes aunque ya se han visto vídeos de reptiles y especies extintas. Hay todo un vocabulario en torno al fenómeno: los shifts o cambios de estado son los momentos en los que la persona experimenta instintos, patrones de pensamiento o sensaciones propias de su naturaleza animal. Y los phantom shifts es la percepción de extremidades o apéndices inexistentes (cola, orejas, garras) que tienen una correlación clara con el muy comprobado fenómeno de los miembros fantasma.
Therians: Origins. En los infinitos grupos de Usenet (los primeros foros) de los noventa es donde empezó a hablarse del tema. El foro alt.horror.werewolves, creado en principio para aficionados a los hombres lobo de ficción, derivó hacia debates sobre qué significaba ser un hombre lobo, no solo consumir ficción sobre el tema. Pronto los therians se excindieron de los otherkin, término que agrupaba a quienes se identificaban como seres no humanos (elfos, dragones, vampiros). Los therians limitan su identificación a animales que existen o han existido y su símbolo es el Theta-Delta (ΘΔ): la theta representa la primera letra de therian y la delta simboliza el cambio o la transformación.
¿Tiene base científica? Dejémoslo en que la psicología académica no ha reconocido la disforia de especies. Pero hay conatos de reconocimiento: una tesis del Lake Forest College hablaba de ella como un tema transversal entre therians que se manifestaban de forma muy distinta. En ScienceDirect se distinguía entre therianthropy clínica (trastorno delirante en el que la persona cree transformarse en animal, y que históricamente se vincula a la psicosis) y la therianthropy como identidad no clínica, que no aparece recogida como trastorno en el DSM-5. Una cosa está clara, y también investigada: la identidad therian actúa como factor protector para quienes presentan niveles más altos de autismo o esquizotipia, lo que sugiere que la comunidad cumple una función de sostén psicológico real para ciertos perfiles.
TikTok, motor de subculturas. Este grupo tan aparentemente específico ha encontrado un punto de reunión y expansión en TikTok, que tiene el algoritmo preparado para poner en contacto a vecindades estadísticas de personas agrupadas por comportamiento e intereses comunes. El resultado es una aceleración sin precedente de la visibilidad de subculturas antes confinadas a foros y servidores de Discord. Por ejemplo, en el caso de los therians, están interesados en los quadrobics, disciplina que posibilita desplazarse, trotar, saltar y galopar a cuatro patas (y acerca de la que ya había vídeos en Youtube en 2015) : sus practicantes publican tutoriales que el algoritmo dispara porque es un contenido visualmente llamativo y que genera reacciones polarizadas.
Precedente furry. Para entender los therians hay que retroceder al menos cuatro décadas, hasta un fandom que atravesó un ciclo muy similar: surgió en los márgenes, fue distorsionado por los medios de comunicación generalistas, y acabó siendo objeto de investigación académica. El fandom furry tomó forma en una convención de ciencia ficción en 1980, cuando un dibujo del cómic ‘Albedo Anthropomorphics’ de Steve Gallacci desencadenó una discusión sobre personajes antropomórficos en la ficción especulativa. En 1986 tuvo lugar la primera «furry party» y ya en 1989 tenían convenciones específicas.
Aunque ambas comunidades se solapan en muchos aspectos (aproximadamente el 15% de los furries se identifican también como therians), un furry se relaciona con animales antropomórficos, construyendo una fursona que funciona como personaje o avatar; un therian, en cambio, se identifica con un animal real no antropomórfico. Sin embargo, el estigma mediático que sufrió el fandom furry a finales de los noventa es comparable al escrutinio al que se enfrenta hoy la comunidad therian. A los furries se les identificó (sobre todo a causa de un infausto episodio de CSI de 2003) con desviados sexuales, pero la comunidad acabó desmintiéndolo, demostrando que el principal atractivo para el fandom era la pertenencia a una comunidad, no ningún componente fetichista.
Llegada a España. No ha habido momentos definitorios de la llegada de los therians a España, más allá de descripciones en medios, simultáneamente a lo que ha sucedido en México o Argentina, de quedadas en parques como el Retiro en Madrid o la Ciutadella en Barcelona, o de grupos practicando quadrobics en lugares públicos. Muchos de estos medios entran en temas como la identidad líquida en tiempos digitales y también en la agresividad que despiertan en sus detractores, que empiezan a organizar ataques de signo ultraderechista, posiblemente por los paralelismos con la disforia de género.
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Los furros ya eran una subcultura peculiar: ahora llegan los «therians», gente que camina a cuatro patas
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John Tones
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