Xataka – Los booktubers ya confiesan que leen resúmenes de ChatGPT. La pregunta ahora es qué es «leer» en 2025
Los booktubers (creadores de contenido en redes sociales cuya identidad gira en torno a la lectura) están empezando a admitir sin pudor que no leen los libros que recomiendan: leen lo que ChatGPT dice y resume sobre ellos. Lo curioso es que, a diferencia de lo que harían lectores más veteranos, no lo confiesan ante el smartphone como algo de lo que crean que deben avergonzarse, o pidiendo disculpas a sus seguidores por generar contenido de segunda. Lo cuentan como un truco de productividad, una solución inteligente al problema de tener que producir contenido sobre libros que en realidad no tienen tiempo para leer.
100 libros en una semana. El caso más llamativo de esta tendencia (que sigue coleando) se disparó en agosto de 2025, cuando una usuaria de TikTok publicó un vídeo en el que afirmaba haber leído 100 libros en una semana. El truco: la app SoBrief, que ofrece más de 73.500 resúmenes en audio y texto con el gancho de «terminar cualquier libro en 10 minutos». La reacción en redes fue inmediata: ¿qué queda de la lectura si lo que buscas no es precisamente la experiencia de leer? Se llegó incluso a comentar que estos booktubers habían conseguido hacer realidad lo que Bradbury preconizaba en ‘Fahrenheit 451’ (posiblemente el resumen no habla de ello).
Está todo inventado. Aunque ahora la IA generativa es capaz de resumir el libro que queramos en segundos, internet lleva años haciendo esta función (de forma más trabajosa, eso sí). CliffsNotes, de hecho, es pre-internet: lleva en el mercado desde 1958 publicando libros que resumen otros libros, como ayuda para estudiantes. SparkNotes, fundado por cuatro estudiantes de Harvard en 1999, democratizó los resúmenes literarios en internet y los hizo gratuitos. Blinkist, nacida en 2012, trasladó ese espíritu a ensayos de no ficción.
Hay toda una línea geneológica que va desde estos puntos de encuentro para estudiantes que no llegaban a tiempo de leerse los libros (nosotros teníamos ‘El rincón del vago’) hasta NotebookILM y ChatGPT, que arrasa con todo lo anterior: ChatGPT es gratis y puede resumir cualquier cosa en minutos. La novedad coincide con la presión creciente sobre los creadores de contenido literario para opinar sobre todo lo que sale al mercado. La tormenta perfecta.
Identidades de segunda mano. Más allá de que haya influencers más o menos honestos con sus seguidores, la conversación y la polémica de fondo afecta a la identidad cultural de los libros. En la columna citada más arriba, Marc Watkins habla de la importancia de la estantería que se veía en las videollamadas de Zoom durante la pandemia (lo que llevó a la moda de contratar servicios que te mandaban libros con los autores «correctos» para el fondo de tus reuniones). Hemos llegado al punto en el que se valora la idea de ser lectores más que el acto de serlo.
Hay mil encarnaciones de esta idea: libros ordenados por color en Instagram, hauls de visitas a la librería que nunca llegan a leerse, los vídeos de «libros que me cambiaron la vida» con títulos recién comprados… ser lector es el centro de estas nuevas identidades, cuando lo debería ser la propia lectura.
Ningún humano ha resultado dañado. Tenemos una cabriola conceptural que redondea todo este caos: buena parte de los libros que circulan por esas comunidades tampoco los escribió ningún humano. Según un estudio de enero de 2026 que analizó 844 libros de la subcategoría «Success» de autoayuda en Amazon, publicados entre agosto y noviembre de 2025, el 77% estaban probablemente escritos en su totalidad por modelos de IA (aunque estas aseveraciones también hay que cogerlas con pinzas).
El mismo informe señala que menos del 4% de los autores de esa muestra publicó el 12% de todos los títulos. Hay perfiles que sacaron cinco libros o más en el periodo analizado. Uno de los casos extremos es el de un autor que publicó toda una serie de libros motivacionales en tres días. La participación humana en toda esta cadena de montaje es mínima: el contenido es sintético, te lo resume una IA, lo comentan creadores que no lo han leído, y el público participa en una conversación sobre libros que nadie en la cadena sabe de qué van realmente (y tampoco importa mucho). Se trafica con la sombra de los libros: señales de que hay libros en alguna parte, datos sobre su existencia, reacciones a esos datos.
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John Tones
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