Xataka – La ropa del futuro la fabrican bacterias. Jeff Bezos acaba de invertir 34 millones para demostrarlo

La ropa del futuro la fabrican bacterias. Jeff Bezos acaba de invertir 34 millones para demostrarlo

Quien este libre de contradicciones que tire la primera piedra, pero es que Jeff Bezos juega en otra liga. 

Por un lado es el padre y fundador de una empresa que ha hecho de la logística de reparto su santo y seña (Amazon), del turismo espacial con Blue Origin o está detrás de AWS, una de las grandes empresas de la nube necesarias para esos centros de datos tan tragones de recursos.  Por otro lado, Bezos tiene también su faceta filantrópica, que desarrolla en fundaciones como su Bezos Earth Fund, destinada a luchar contra el cambio climático. Sí, el mismo señor del jet privado y el megayate

Y recientemente acaba de invertir 34 millones de dólares precisamente en su «Fondo Bezos para la Tierra» para desarrollar textiles sostenibles de nueva generación a partir de bacterias, residuos agrícolas y otras fuentes biológicas. El objetivo es crear materiales que requieran menos petróleo, sean biodegradables y tarde o temprano sean capaces de sustituir al poliéster, la viscosa o hasta el algodón, un material de origen natural pero cuya producción para textil consume mucha agua.

La inversión. Esos 34 millones de dólares se reparten en cuatro proyectos asignados a cuatro entidades de investigación de primer nivel:

  • 11,5 millones para la Universidad de Columbia y el Fashion Institute of Technology para desarrollar fibras textiles fabricadas por bacterias que se alimentan de residuos agrícolas. 
  • 10 millones de dólares para Berkeley, Stanford y Caltech para desarrollar fibras biodegradables inspiradas en la tela de araña, pero sin el artrópodo ni usar plásticos.
  • 11 millones de dólares para la Clemson University para modificar genéticamente el algodón con el objetivo de mejorar su rendimiento y que brote ya con el color deseado.
  • 1,5 millones para la Cotton Fundation para restaurar el mayor banco de semillas de algodón no transgénico del mundo. 

Por qué es importante. Porque la de la moda es la segunda industria más contaminante: es responsable del 8% de las emisiones totales de carbono y del 20% de las aguas residuales globales y las previsiones apuntan a un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero del 50% para 2030. Y eso solo para la producción.

Una vez la hemos usado hay otro problema inherente a los textiles sintéticos: los microplásticos. La Agencia Europea de Medio Ambiente estima que los textiles sintéticos representan entre el 16% y el 35% de los microplásticos que llegan a los océanos cada año, con entre 200.000 y 550.000 toneladas entrando al medio marino anualmente.

Contexto. La industria textil no para de crecer. De hecho, en los últimos 20 años la producción de fibras casi se ha duplicado: de 58 millones de toneladas en 2000 a 116 en 2022 y con la estimación de alcanzar los 147 millones para 2030. Mientras tanto, solo un 1% de la ropa producida se recicla para hacer ropa nueva, según la Ellen MacArthur Foundation

La situación es tan alarmante que el Secretario General de la ONU ya ha advertido que la moda rápida está acelerando una catástrofe medioambiental y las soluciones pasan o bien por duplicar la vida útil (lo que lleva de la mano que la ropa aguante más), algo que según los expertos podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 44 por ciento. La otra opción pasa por usar una nueva generación de textiles reciclados y/o más sostenibles.

En detalle. Habida cuenta que la automatización y los avances de la industria textil ya han ido optimizando el proceso productivo, lo que Bezos y su equipo pretenden hacer es resolver el problema en el origen, esto es, cambiar el material de base mejorándolo. Así, para el algodón el objetivo es integrar el color, mejorar el rendimiento y la resiliencia metiendo mano a la biología de la planta. En el caso de las telas bacterianas, el planteamiento de Columbia es crear un mapa digital para aprender cómo fabrican las células para poderlo replicar. 

Sí, pero. El mayor desafío es el salto del laboratorio a la fábrica. Las fibras de seda de araña sintética llevan décadas prometiendo una revolución textil sin haber alcanzado la escala industrial real. Ya hay startups de textiles sostenibles como Spiber o Circulose comercializando alternativas a los tejidos tradicionales, pero su presencia es testimonial. Y 34 millones de dólares puede que sea un dineral para la mayoría de los mortales, pero es calderilla para cambiar una industria como la textil, valorada en 1,3 billones de dólares y que emplea a más de 300 millones de personas en toda la cadena de valor, según la Ellen MacArthur Foundation

Además, las fibras sostenibles suelen ser más caras, difíciles de producir a gran escala y solo son rentables para las grandes marcas si volumen y la calidad son los adecuados. Hace falta algo más para convencer frente a alternativas de moda rápida y ropa asombrosamente barata como Shein

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Portada | Flickr y David Clode 


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Eva R. de Luis

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