Xataka – La gran divisoria europea: el mapa que parte en dos el continente a través de sus dos grandes cuencas hidrográficas

La gran divisoria europea: el mapa que parte en dos el continente a través de sus dos grandes cuencas hidrográficas

Ni la intención de voto ni el equipo de fútbol ni por supuesto las fronteras: Europa está rajada de este a oeste y de norte a sur por una línea invisible que divide el viejo continente en dos para responder a una pregunta: a dónde viajan todas y cada una de las gota de agua de lluvia que caen en Europa. Porque cada línea blanca que surca el mapa representa a un río de los muchos que recorren todos y cada uno de los estados y su color desvela dónde acabará: la vertiente norte en azul incluye el Océano Atlántico, el Mar del Norte o el Mar Báltico y la vertiente sur en rojo, para el Mar Mediterráneo, el Mar Negro, el Mar Adriático o el Mar Caspio. 

Aunque la línea que va desde el Estrecho de Gibraltar hasta los montes Urales y la distinción entre las gélidas masas de agua abiertas del norte y los mares interiores del sur es clara, la realidad práctica es intuitivamente más difusa: la diferencia entre uno y otro destino puede ser de solo unos metros de altitud en los Alpes.

Este mapa visualiza las cuencas hidrográficas de Europa, es decir, las áreas geográficas donde toda el agua superficial converge hacia un mismo punto de desagüe, en este caso los mares y océanos que rodean el continente. Esa línea es la gran divisoria continental, en este caso simplificada frente a su versión más rigurosa para reducirla a la vertiente norte y sur. El autor del mapa es el cartógrafo francés Pierre Remonté a partir de la fuente Natural Earth, un proyecto de cartografía vectorial de dominio público desarrollado por la North American Cartographic Information Society (NACIS). 

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Una alternativa de las divisorias continentales en Europa más exhaustiva. Kimdime

La gran divisoria hidrográfica de Europa

En la vertiente norte y oeste destacan el larguísimo Rin, de 1.230 kilómetros de longitud, que nace en los Alpes suizos y desemboca en el Mar del Norte por Rotterdam, además del Elba, el Oder y el Vístula, que acaban en el Báltico o el Sena y el Loira que fluyen hacia el Atlántico. Ríos caudalosos que históricamente han sido arterias comerciales del centro de Europa para llegar al Atlántico y el báltico. 

En la vertiente sur y este el protagonista absoluto es el Danubio, con 2.860 kilómetros, que pasa por 10 estados y desemboca en el mar Negro. Le acompañan el Dniéper que va al mar Negro, el Po que llega al Adriático o el Ródano y el Ebro que acaban en el Mediterráneo. Esta cuenca se caracteriza por regímenes hídricos más variables y una geografía marcada por las grandes penínsulas del sur.

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La gran divisoria continental, por Pierre Remonté

La forma de esta divisoria no es azarosa: es la consecuencia directa de millones de años de procesos tectónicos, principalmente de la colisión entre la placa Africana y la Euroasiática. Las zonas donde el color cambia coinciden con las cumbres de los Alpes, los Pirineos y el Macizo Central francés, que actúan como «techos» que desvían la escorrentía a un lado u otro. Desde el punto de vista geológico, este mapa es un reflejo del relieve estructural del continente. En las altas cumbres de Suiza o Austria, la dirección del viento o la inclinación de una roca de pocos centímetros puede decidir si la nieve derretida acabará en las costas de los Países Bajos o en el delta del Danubio en Rumanía.

Algunas curiosidades. Una de las situaciones más interesantes se da en Múnich: una gota que caiga en esa ciudad alemana llegará al Isar, después al Danubio y luego viajará más de 2.000 kilómetros hasta el mar Negro. Sin embargo, a menos de 100 kilómetros de distancia una gota que caiga allí finalizará en el mar del Norte. En algunos puntos de los Alpes esa divisoria hace que lugares geográficos extremadamente próximos pertenezcan a cuencas con destinos finales separados miles de kilómetros. 

En la península Ibérica también hay rarezas: los ríos más largos y caudalosos desembocan en el Atlántico, pero hay una excepción notable que rompe esa tendencia, el Ebro. Así, se dan situaciones como la de Pamplona, situada a menos de 100 kilómetros del Atlántico (Mar Cantábrico): una gota que caiga en la capital navarra llegará al Arga y de allí al Ebro para terminar en el Mediterráneo. 

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Portada | Perrin Remonté


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La gran divisoria europea: el mapa que parte en dos el continente a través de sus dos grandes cuencas hidrográficas

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Eva R. de Luis

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