Xataka – La Edad de Oro de la televisión terminó. Concretamente, cuando Netflix asumió que era la segunda pantalla en tus preferencias

La Edad de Oro de la televisión terminó. Concretamente, cuando Netflix asumió que era la segunda pantalla en tus preferencias

Hay una nota que los ejecutivos de Netflix llevan años escribiendo en los guiones que reciben: «esto no es suficientemente second screen«. Es decir, que no es lo bastante «segunda pantalla», que la escena obliga al espectador a prestar atención. Al parecer, prestar atención a las series es ahora un problema. Y aunque se viene hablando de esto desde hace meses, es ahora cuando se le está poniendo nombre. El problema está catalogado. Y sobre todo, plantea una pregunta vital: ¿está la televisión dejando de ser creatividad e innovación para convertirse, otra vez, en ruido de fondo?

Orígenes. Uno de los detonantes de esta conversación fue un artículo publicado en diciembre de 2024 en la revista literaria ‘n+1’. Su autor recogió los testimonios de varios guionistas que habían trabajado para Netflix: una nota habitual de los ejecutivos de la plataforma era pedirles que los personajes anunciaran en voz alta lo que estaban haciendo, para que los espectadores que tuvieran la serie de fondo pudieran seguir el hilo sin necesidad de mirar la pantalla. El artículo se viralizó hace ahora año y pico, y puso nombre a algo que muchos sospechaban: Netflix no solo toleraba que sus usuarios se distrajesen de lo que se veía en pantalla, sino que diseñaba su contenido para favorecer esa distracción.

Second screen. Si rascamos en estudios previos sobre la huella de Netflix en la narrativa de ficción podemos ponerle nombre al fenómeno: la investigadora Daphne Rena Idiz había publicado un estudio llamado ‘Producción local para plataformas globales: cómo Netflix moldea las culturas de producción europeas’, en el que describía cómo Netflix etiquetaba internamente ciertas series como «second-screen shows» y las desarrollaba en consecuencia. Uno de sus entrevistados, por ejemplo, explicaba que la plataforma había llegado a pedirles que, si un personaje estaba triste, lo dijera expresamente mientras lloraba y sonaban violines de fondo.

La lógica. Otro productor entrevistado por Idiz relató que Netflix les había dicho literalmente: «lo que tienes que saber sobre tu audiencia es que verá la serie mientras hace otra cosa y habla con sus amigos, así que tienes que mostrar y contar, tienes que decir mucho más de lo que dirías normalmente». Y todo esto es pura lógica comercial: lo que importa no es que el usuario esté pendiente de la pantalla (así es como funcionaba la publicidad tradicional), sino que no cancele su suscripción. El contenido no debe aburrir, pero tampoco exigir esfuerzo.

Cuando un estudio en enero de 2025 dejaba claro que el 91% de los estadounidenses miraba al móvil de vez en cuando mientras veía una serie, queda claro Netflix no está yendo contracorriente. Sea parte del problema o su auténtico germen, es obvio que Netflix está cabalgando a fondo esta ola. 

Más precedentes. Nada de esto es nuevo: ya durante la huelga de actores de 2023, empezaron a detectarse los primeros pasos en esta dirección. La actriz y directora Justine Bateman declaró en un podcast que había hablado con showrunners que recibían notas de las plataformas diciéndoles que su contenido «no era suficientemente second screen«, y proponía un término para eso: «visual muzak«, la televisión como música de ascensor.

Aún antes, en noviembre de 2020, el escritor Kyle Chayka había acuñado el concepto de «ambient TV« para describir una franja del catálogo de Netflix (‘Emily en París’ era su principal ejemplo) que definía como contenido que «no necesitas seguir atentamente para disfrutarlo, pero que es lo suficientemente seductor como para capturar tu atención si decides mirarlo un momento». 

Las proporciones. Desde Serielizados explicaban que los datos recabados a golpe de Big Data habían incluso determinado cuál era la serie perfecta, y que encaja con estas decisiones de contenido que hemos visto: el género perfecto es un procedimental (médicos, bomberos, detectives, abogados), debe incluir un giro o hook visual cada ocho minutos, una proporción de 70% de argumento y 30% de desarrollo de personajes, y los mencionados diálogos explicativos para no perderse.

A la contra. Hay quien desmiente todas estas visiones del trabajo en Netflix que, no lo olvidemos, no vienen de fuentes oficiales. En este artículo, tres guionistas que habían escrito para la plataforma aseguraban no haber recibido instrucciones de ese tipo. El guionista Danny Brocklehurst, conocido por sus adaptaciones de de Harlan Coben, declaraba que nadie le había presionado para simplificar su trabajo ni para adaptarlo a espectadores distraídos. La propia Idiz advertía en su estudio que conviene no generalizar, ya que Netflix opera en más de 190 países con equipos y culturas de producción muy distintos.

Algo viejo, algo nuevo. Las telenovelas, las sitcoms de los ochenta, los reality shows llevan décadas diseñados pensando en el espectador parcialmente distraído. No es nuevo fabricar contenido que funcione de fondo, pero sí que es llamativo hacerlo cuando las plataformas de streaming actuales, precedidas por la era del cable donde nacieron marcas como HBO, se nos venden como alternativas de calidad frente a la televisión convencional. La Edad de Oro de la Televisión no hacía referencia a ‘El precio justo’, pero si ahora se produjeran ‘Los Soprano’, necesitarían un giro cada ocho minutos.

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John Tones

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