Xataka – Japón quiere rodear la Luna con un anillo de 11.000 kilómetros: el plan para enviar energía infinita a la Tierra

Japón quiere rodear la Luna con un anillo de 11.000 kilómetros: el plan para enviar energía infinita a la Tierra

En la transición energética global hay países y países. Hay algunos que van más avanzados y otros que no tanto. Y aunque la facilidad de acceso a los clásicos combustibles fósiles funciona como un ancla para resistirse al cambio, que no te hayan tocado las mejores cartas en términos de recursos naturales tampoco ayuda. Japón es uno de esos países donde el cambio es casi una cuestión de supervivencia: poco terreno disponible, importa cerca del 90% de su energía primaria y si hablamos de recursos, está probando con las olas, pero la  undimotriz es una fuente dura de roer.

Así que Japón ha decidido mirar la transición energética con perspectiva espacial, esto es, captar la radiación fuera de la Tierra, donde es más constante y potente. Ya lo vimos con su satélite Ohisama y ahora con su Luna Ring para, como dice Beyoncé, ponerle un anillo a la luna en forma de planta solar.

La idea. La propuesta consiste en instalar un cinturón continuo de células fotovoltaicas a lo largo del ecuador de la Luna cubriendo una circunferencia de 11.000 kilómetros, asegurándose así que una parte de la estructura esté siempre expuesta a la luz solar directa, esto es, generación de energía 24/7. Desde allí, la electricidad se convierte en microondas y rayos láser de alta densidad para ser enviada directamente a estaciones receptoras en la Tierra.

Lo que propone Shimizu Corporation no es tanto un proyecto cerrado con fecha concreta, sino una visión de ingeniería a largo plazo para orientar su línea de investigación en energía espacial y esta empresa privada no está sola: cuenta con el respaldo institucional en la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, que lleva décadas investigándolo.

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Diagrama de funcionamiento de Shimizu Corporation

Por qué es importante. Porque la demanda global de energía sigue creciendo y la energía solar terrestre tiene importantes limitaciones en forma del ciclo día y noche, las nubes o la propia atmósfera, que reducen su rendimiento. Una planta en el ecuador de la luna solucionaría las tres de un plumazo: energía solar continua, sin el filtro atmosférico ni el riesgo de un cielo nublado. Esto es sencillamente imposible en la Tierra. La Agencia Espacial Europea ya ha reconocido el potencial estratégico de la energía solar espacial en su programa Solaris.

La eventual materialización de este proyecto supone un paso más en la «Sociedad del hidrógeno«, la visión de un ecosistema económico donde el hidrógeno reemplaza a los combustibles fósiles como principal vector energético, surgida a raíz de la necesidad de Japón de superar su extrema dependencia de las importaciones de energía.

En contexto. La idea no es nueva ni mucho menos: allá por 1968 ya se le ocurrió al ingeniero aeroespacial estadounidense Peter Glaser, que publicó un artículo sobre el tema en la revista Science. Mucho ha llovido desde entonces y también numerosos gobiernos y agencias espaciales han estudiado su viabililidad: la NASA lo hizo en el 79, el gobierno británico lleva desde 2021 explorando la idea y China planea una demostración en órbita baja en 2028 seguido de una prueba en órbita geoestacionaria para 2030. Shimizu lo lleva un paso más allá: lo ha trasladado de la órbita terrestre a la luna, lo que conlleva ciertas ventajas geométricas, pero también aumenta la complejidad logística.

En detalle. Llevar materiales de la Tierra al espacio no es fácil ni barato precisamente, así que su idea es construir las placas solares principalmente con recursos extraídos del propio suelo lunar, valiéndose de robots autónomos operados en remoto.  El anillo solar cubriría el ecuador lunar con una anchura de hasta cuatrocientos kilómetros. 

La energía se transmitiría a la Tierra mediante una antena de microondas de veinte kilómetros de diámetro, guiada por una baliza terrestre para apuntar con precisión. El concepto de transmisión inalámbrica de potencia no es ciencia ficción: el Instituto de Tecnología de California realizó en 2023 una demostración en órbita.

Sí, pero. Estamos ante un proyecto de ingeniería a una escala sin precedentes en la historia de la humanidad y el coste de lanzar carga al espacio es el menor de los problemas (va reduciéndose gracias a operadores como SpaceX): también lo sería construir in situ una infraestructura de esas características. 

Y aunque pudiera hacerse, la radiación cósmica y el bombardeo de micrometeoritos en la superficie lunar constituirían un serio riesgo a la integridad de los paneles, lo que implica un desafío en términos de vida útil y mantenimiento. La propia NASA señala estas barreras en la evaluación del concepto de energía solar espacial. 

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Japón quiere rodear la Luna con un anillo de 11.000 kilómetros: el plan para enviar energía infinita a la Tierra

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Eva R. de Luis

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