Xataka – Este diminuto pájaro japonés con cara de bola de nieve tiene una de las vidas sociales más fascinantes entre las aves

Este diminuto pájaro japonés con cara de bola de nieve tiene una de las vidas sociales más fascinantes entre las aves

Puede que te lo hayas encontrado en un paisaje nevado en Hokkaido (Japón), donde se ve todo el año. Pero habida cuenta de las latitudes donde vivimos, lo más probable es que la primera vez que vieras un shima-enaga fuera en internet porque vamos a reconocerlo ya: ese pequeño pájaro que parece una bolita de nieve compite en adorabilidad con el panda rojo y tiene tanto tirón que hasta atrae turismo de todo el país solo para verlo y tiene merchandising propio. Pero detrás de la ternura de este ave hay una auténtica rareza ornitológica: la crianza cooperativa. 

Las presentaciones. El shima-enaga es una subespecie del mito común o carbonero de cola larga (Aegithalos caudatus) que habita en la isla de Hokkaido. Es una de las aves más pequeñas de Japón, apenas pesa en torno a 9 gramos y tiene un tamaño de 12 – 14 centímetros donde la mitad es cola. Es, literalmente, todo pluma. 

Se distingue de los carboneros del resto de Japón porque estos tienen una franja negra sobre los ojos a modo de cejas, mientras que el shima-enaga tiene la cabeza completamente blanca. Y bueno, se le conoce como el hada de la nieve por motivos obvios.

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Por qué es así. La forma de bola tiene una explicación fisiológica: las aves sobreviven al frío esponjando el plumaje, que crea capas de aire y plumas aislantes. Y no le sobra margen: por su pequeño tamaño, el carbonero de cola larga es muy sensible al mal tiempo. 

Además, se apiña: fuera de la época de cría, estos pájaros duermen en hileras donde compiten por no quedar en los extremos por la cuenta que les trae: según un estudio (realizado con grupos de la especie en cautividad, no shima-enaga) perdieron de media un 9 % de su masa corporal en una noche, y los de los extremos perdieron más que los del centro.

Que viva la crianza en familia. Lo más interesante de esta ave, y que no es exclusivo del shima-enaga sino del carbonero de cola larga, es que cría de forma colaborativa, con ayudantes. Más concretamente, quienes redirigen sus cuidados son, por lo general, machos que fracasaron en su propia cría y que ayudan a criar a los hijos de machos emparentados.

Eso sí, no lo hacen con cualquiera: un experimento demostró que los potenciales ayudantes no ayudan si no hay parientes cercanos y que cuando pueden elegir entre nidos de parientes y de no parientes, casi todos ayudan a los parientes. ¿Cómo los reconocen? Por la voz. Y además, se la aprenden: identifican a sus familiares por las características individuales de sus llamadas de contacto, que aprenden de los adultos que los alimentan cuando son pollos. Esta cooperación no termina en la época de cría: fuera de ella, los carboneros de cola larga prefieren asociarse con parientes en las bandadas de invierno.

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Este diminuto pájaro japonés con cara de bola de nieve tiene una de las vidas sociales más fascinantes entre las aves

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Eva R. de Luis

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