Xataka – Estas patatas solo se podían comprar en la cárcel. Estaban tan buenas que acabaron generando un mercado negro fuera de prisión
Hay un producto de alimentación en Estados Unidos que durante décadas solo se pudo comprar si estabas preso o conocías a alguien que lo estuviera. Y no, no era ninguna sustancia ilegal o un lanzamisiles doméstico. Era una bolsa de patatas fritas. Especialmente buenas, eso sí.
Patatas carcelarias. The Whole Shabang son unas patatas cuyo sabor combina sal, vinagre y salsa barbacoa (al estilo de las all-dressed chips populares en Canadá, donde se fabrican), y que Keefe Group fabricó durante años para vender exclusivamente en las prisiones estadounidenses. Keefe Group es una empresa especializada en abastecer a la población carcelaria que existe desde 1975, cuando empezó a vender café soluble en una prisión de Florida. Cuando los reclusos salían y querían seguir saboreando The Whole Shabang, descubrían que no existían fuera de la prisión. Las patatas comenzaron como un sabor dentro de la línea Moon Lodge, marca que Keefe producía para las comisarías de las cárceles.
Mundo economato. Dentro de los muros, el producto se convirtió en algo que iba más allá del mero aperitivo. El economato es el espacio en las cárceles donde los reclusos pueden gastar libremente de los fondos que tengan en sus cuentas. Las patatas gustaban tanto que algunos reclusos empezaron a desarrollar recetas elaboradas a partir de los productos disponibles, con nombres propios como «chi chi» (sopa improvisada con ramen y patata).
De culto. Después de su primera aparición, durante años, los exreclusos recorrían internet buscándolas, publicaban peticiones en la página de Facebook de Keefe Group y organizaban grupos para pedir que las pusieran a la venta. Salvo en subastas puntuales en eBay, conseguir una bolsa era casi imposible sin entrar en prisión o visitar a alguien. En 2012, Keefe reconoció públicamente que tenía un producto de culto entre manos, pero no lo puso aún a la venta al público general. Cuatro años más después, la presión acumulada terminó por hacerles ceder y empezaron a vender online The Whole Shabang.
El precio en tiendas online (de momento no se encuentra en comercios de alimentación corrientes), 18,99 dólares, se aleja de lo que cuesta en prisión, donde las bolsas resultan mucho más baratas. La cuestión es… ¿saben igual en libertad, donde abunda la competencia en el mercado de los aperitivos y no se tiene la sensación de privilegio al haber encontrado algo genuonamente sabroso entre los muros de la cárcel?
El negocio de las prisiones. El mercado de comisarías penitenciarias en Estados Unidos mueve unos 1.600 millones de dólares al año, concentrado en tres grandes operadores: Keefe, Trinity y Aramark. Keefe no vende solo snacks, sino también provee de electrónica, ropa, así como productos de higiene, telecomunicaciones y software para centros penitenciarios de todo el país. Y ha vivido algunas polémicas en su historia: las cárceles reciben comisiones de los proveedores, así que quien gana un contrato para distribur en una prisión no es necesariamente quien ofrece mejores precios a los reclusos, sino quien paga más al establecimiento penitenciario. A Keefe, concretamente, se le ha acusado de aprovecharse de que los reclusos no tienen dónde comprar más barato y los productos experimentan una consiguiente inflación.
El otro producto de lujo. El fenómeno The Whole Shabang plantea una curiosa pregunta: ¿por qué algo producido para un mercado cautivo acaba fascinando a quienes tienen posibilidades de acceder a cualquier producto del mundo? Pues igual que el lujo: un objeto accesible para muy pocos adquiere valor simbólico que va más allá de sus propiedades reales. En las cárceles, el mecanismo es el mismo pero llevado al extremo, y extirpándole todo el glamour. De hecho, dentro de las cárceles, The Whole Shabang funcionaba como moneda de cambio, como divisa alternativa. Vivan las patatas fritas.
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Estas patatas solo se podían comprar en la cárcel. Estaban tan buenas que acabaron generando un mercado negro fuera de prisión
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John Tones
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