Xataka – España contaba con la inmigración para revertir su drama demográfico. Ahora los inmigrantes también están dejando de tener hijos

España contaba con la inmigración para revertir su drama demográfico. Ahora los inmigrantes también están dejando de tener hijos

Nunca había vivido tanta gente en España. No al menos desde que hay registros oficiales. Hace unos días el INE reveló que a cierre del primer trimestre de 2026 el país rondaba los 49,7 millones de residentes, «el valor máximo de la serie histórica». En realidad tiene poco de sorprendente. El INE lleva tiempo usando esa coletilla en sus comunicados sobre población, en los que insiste también en otra idea: si España se mueve en cifras récord es básicamente gracias al aumento de personas de origen extranjero. El balance entre nacimientos y muertos en el país está lejos de ser bueno.

El problema es que esa tabla de salvación demográfica muestra síntomas de que no funcionará de forma indefinida.

¿Qué ha pasado? Que Funcas acaba de publicar un estudio, firmado por Héctor Cebolla y María Miyar, que analiza básicamente si España puede confiar de forma indefinida en que la migración la salve del invierno demográfico. De hecho el informe del think tank busca (literalmente) explorar «los límites» de la inmigración para “el ajuste demográfico”.

Es un tema importante por dos razones. Primero, porque la llegada de extranjeros se ha convertido en el gran motor del crecimiento poblacional de España. Segundo, porque pese al aumento del padrón y que el INE lleva tiempo registrando cifras récord de residentes, lo cierto es que el motor demográfico español no está precisamente engrasado. En 2025 el INE contó 446.982 defunciones y 321.164 nacimientos, lo que deja en números rojos el crecimiento vegetativo.

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¿Y cuál es su conclusión? Que si bien el flujo migratorio está actuando de salvavidas demográfico, no podemos confiar en que sus efectos vayan a mantenerse para siempre. «La inmigración ha permitido sostener el crecimiento poblacional y amortiguar el envejecimiento, pero lo ha hecho mediante un mecanismo que requiere flujos continuos y crecientes, pierde eficacia con el tiempo y no corrige las tendencias de fondo del desequilibrio demográfico», comenta María Miyar Busto, directora de Estudios de Sociales de Funcas.

No se trata de negar los efectos positivos de la inmigración, sino de «reconocer los límites del modelo» y situarlo «en el lugar que le corresponde en el análisis de políticas públicas». Sobre todo pensando en el futuro a medio y largo plazo. «El cortoplacismo que domina el debate sobre los beneficios de la inmigración no ha permitido el análisis de las consecuencias a largo plazo y ha favorecido la ausencia de una estrategia demográfica explícita», añade Cebolla.

¿Por qué esa advertencia? Porque tras analizar datos sobre flujos migratorios y tablas de franjas de edad, natalidad y crecimiento poblacional, los investigadores de Funcas han llegado a varias conclusiones preocupantes

Por ejemplo, han comprobado que aunque España consigue atraer a un número relevante de inmigrantes no es tan efectiva a la hora de retenerlos. También han constatado que la población de origen extranjero da muestras de un progresivo envejecimiento y que con el tiempo sus patrones demográficos (como la natalidad) acaban siendo similares a los de las familias españolas.

¿Qué dicen los datos? Para empezar, que España tiene un problema a la hora de fijar población migrante. El país es lo suficientemente atractivo como para atraer a extranjeros, pero solo una parte acaba echando raíces aquí, contribuyendo a la demografía y economía. Y para muestra un botón: aunque entre 2002 y 2024 entraron en España casi 15 millones de personas, la población solo aumentó en siete millones.

Eso deja a nuestro país en una situación peculiar. España es el principal receptor de inmigración de Europa en términos relativos y entre 2013 y 2023 absorbió el 16% de la inmigración que llegó al continente, sin embargo desde hace años su tasa de retención es una de las más bajas de la región: el 51%. Eso, recuerda Funcas, obliga a España a mantener «altos flujos de entrada para sostener una población que se renueva constantemente». 

¿Por qué es eso un problema? Porque para que el modelo siga sosteniendo la demografía española exige una migración “creciente e ininterrumpida”, algo complicado toda vez que esa población llega de países (sobre todo en América) que también están envejeciendo.

¿Es la única señal de alarma? No. El estudio de Funcas cuestiona también que la inmigración vaya a servirnos para rejuvenecer el padrón. Los investigadores calculan que la población extranjera que ya ha cumplido los 55 años se disparó un 42% entre 2021 y 2025. Son casi 20 puntos porcentuales más que el crecimiento anotado por la población inmigrante de entre 20 y 54 años, que aumentó un 25%. Es más, el think tank calcula que alrededor de la cuarta parte (22%) de los inmigrantes ha soplado ya las 55 velas.

¿Cómo de jóvenes son los inmigrantes? «La población nacida en el extranjero ya no es una población joven, sino menos envejecida que la autóctona», responden desde Funcas, que advierte además que esa «brecha» entre los residentes nacidos en España y en el extranjero se irá reduciendo a medida que los inmigrantes que se mudaron a España a comienzos de siglo, entre 2000 y 2008, antes de la gran crisis del ladrillo, se acerquen a la edad de jubilación. Para subrayar esa idea el centro de investigación aporta un cálculo revelador.

«En términos absolutos, el incremento de población inmigrante de 55 años o más entre 2021 y 2025 (42%) supone que se sumaron a la población española más de 615.000 personas de esa edad, cifra equivalente a la población de Málaga, una dinámica que anticipa mayor presión sobre los sistemas de salud y dependencia», desliza. El fenómeno es especialmente claro en España, uno de los países de la UE al que llegan más inmigrantes ya adultos. Si nos fijamos en 2024, solo el 13% de los nuevos residentes tenían menos de 15 años. En el polo opuesto, el 18% pasaba de los 55.

¿Se comportan de forma distinta? Esa es otra de las claves en las que se detiene Funcas. Si los propios españoles nos resistimos a tener familias numerosas o mudarnos a áreas rurales… ¿Por qué habrían de actuar distinto los inmigrantes, gente que a menudo se enfrenta a un punto de partida económico más complejo y carece de red de apoyo familiar?

Cebolla y Miyar hablan incluso de una «españolización» del comporta reproductivo. A pesar del importante aumento del número de mujeres en edad fértil, el total de nacimientos de madres inmigrantes disminuyó un 10% entre 2009 y 2024. Si hablamos del número de hijos por inmigrante residente la caída es incluso más pronunciada, de alrededor del 32%.

¿Tan claro es el cambio? «Los hogares inmigrantes convergen rápidamente, en una sola generación, con los patrones reproductivos de la población autóctona por lo que el efecto rejuvenecedor que aporta la inmigración tiene fecha de caducidad». Esa ‘homogenización’ no se deja sentir solo en la maternidad. También es visible a nivel geográfico.

A menudo los inmigrantes y sus hijos ayudan a rejuvenecer el territorio, pero sobre ese efecto se deja sentir sobre todo en regiones como Cataluña o Baleares, áreas más fuertes a nivel económico y demográfico. El efecto es más limitado donde realmente se necesita, como Galicia o Asturias. Para los técnicos eso muestra una «paradoja geográfica».

Imágenes | Harry Bradrocco (Unsplash) y Jerome (Unsplash)

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España contaba con la inmigración para revertir su drama demográfico. Ahora los inmigrantes también están dejando de tener hijos

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por

Carlos Prego

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