Xataka – En el siglo XIX se plantaba en los parques por su belleza: hoy este árbol es uno de los que más tuberías y aceras rompe en España
El árbol que aparece sobre estas líneas seguro que te suena porque te lo has encontrado muchas veces, ya sea porque está en tu ciudad o porque paseando de vacaciones por cualquier municipio de la costa mediterránea estaba allí, en sus jardines más señoriales. Una pista por si no lo reconoces a la primera: sus semillas tienen una especie de alas, lo que les ayuda a diseminarse más y mejor.
No es casual: el ailanto (Ailanthus altissima) llegó procedente del sudeste asiático hace dos siglos por su porte y presencia, pero también porque crecía rápido prácticamente en cualquier suelo. Hoy está prohibido por ley: es una especie invasora que lo mismo mata a otras plantas que se carga el alcantarillado.
Ailanto el colonizador. Puede llegar a medir hasta 30 metros, tiene la corteza gris y las hojas están formadas por muchas hojitas alargadas colocadas en fila. Sus frutos son como semillas con alas, que cuelgan en racimos. Una forma de reconocerlo es el (mal) olor: si arrancas una hoja y la frotas, apesta.
Desde su llegada, el ailanto se ha extendido por buena parte de la península, con especial intensidad en Catalunya y la Comunidad Valenciana. Este árbol coloniza cunetas, taludes, riberas degradadas y jardines abandonados, allí donde haya un trozo de tierra libre, allí está el ailanto: un solo ejemplar adulto es capaz de producir hasta 350.000 semillas aladas al año y gracias a sus alas y el viento, el ailanto sigue expandiéndose.
El impacto ambiental del ailanto. Según la ficha oficial del MITECO, el ailanto altera el funcionamiento del ecosistema forestal y modifica la química del suelo donde se asienta, lo que dificulta la vida de otras especies. Gracias a su rápido crecimiento y forma dispersa, compite por el espacio y la luz en las zonas próximas a los ríos (ricas en vegetación), liberando sustancias tóxicas que impiden crecer a otras plantas a su alrededor. Este estudio ambiental de la Junta de Andalucía constata que donde hay ailanto, hay hasta un 35-40% de vegetación menos que en las zonas sin él.
El impacto no se ciñe únicamente a la vegetación: el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señala que también puede producir daños en infraestructuras urbanas por una razón: sus largas y reticuladas raíces, capaces de extenderse hasta 15 metros del pie. Estas raíces buscan grietas y huecos para propagarse, de modo que agrietan tuberías, alcantarillado, cimientos, edicios y otras estructuras.
Contexto. El ailanto procede de China, y aunque hay constancia de que se cultivaba como árbol ornamental desde el siglo XVIII, el Ministerio de Agricultura de España lo da como naturalizado a principios del siglo XIX. A mediados de ese siglo, Marcelino Sáez de Sautuola, descubridor de las cuevas de Altamira, escribía una carta a la Sociedad de Aclimatación de Francia en la que comentaba el éxito de plantación de ailantos, por aquel entones muy apreciados por sus cualidades ornamentales y también medicinales.
El ailanto no solo es «un fugitivo» en España, allá donde va, tiene problemas. está presente y es catalogado como especie invasora en casi todo el mundo. En la UE aparece en la lista de especies exóticas invasoras, que obliga a los estados miembros a tomar medidas de control coordinadas y es habitual encontrarlo en en Alemania, Austria, Suiza, República Checa, la cuenca del Danubio y la práctica totalidad de los países mediterráneos.
La prohibición y las multas. Que esté incluido dentro del el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras regulado por el Real Decreto 630/2013 se traduce en que posesión, transporte, tráfico y comercio están prohibidos por ley en todo el territorio español. Las multas son bastante cuantiosas: de 100 a 3.000 euros por infracciones leves, de 3.001 a 200.000 euros por graves y hasta 2 millones de euros en los casos más graves. Eso es normativa estatal, porque cada comunidad puede tener normativa propia adicional.
¿Qué pasa entonces con los ailantos que hay? Ese Real Decreto contempla una excepción: esos ejemplares que ya estaban plantados en jardines particulares, parques urbanos o jardines botánicos antes de la entrada en vigor de la norma. En cuanto a los que hay plantados en jardines públicos, las administraciones deben eliminarlos progresivamente.
Cómo mantenerlos a raya. Erradicarlos es difícil y caro. El informe del MITECO explica que cortar el árbol no sirve, ya que estimula la aparición de nuevos brotes: lo más efectivo combina la retirada mecánica de las plántulas jóvenes con tratamientos químicos específicos aplicados sobre las hojas o los tocones. Es lo que se está haciendo en los Montes de Málaga y la Sierra de Cazorla.
De cara al futuro, la investigación apunta al control biológico como alternativa más sostenible: el ácaro Aculus taihangensis ha demostrado ser un agente específico efectivo. En Estados Unidos, el USDA investiga un hongo del suelo (Verticillium nonalfalfae) que está ofreciendo resultados prometedores.
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Portada | Marina Torres
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En el siglo XIX se plantaba en los parques por su belleza: hoy este árbol es uno de los que más tuberías y aceras rompe en España
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Eva R. de Luis
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