Xataka – En 1979, un hombre decidió plantar árboles cada día para frenar la erosión. Hoy tiene un bosque gigantesco
En 2015, el activista ambiental indio Jadav «Molai» Payeng recibió el Padma Shri, uno de los galardones civiles más prestigiosos que se pueden recibir en su país. ¿El motivo? Dedicar buena parte de su vida a plantar árboles hasta convertir un banco de arena erosionado en un frondoso bosque. Desde luego, se ha ganado a pulso el apodo de ser «el Hombre Bosque de la India».
Una riada, muchas serpientes y una necesidad.Payeng tenía 16 años cuando, en 1979, el río Brahmaputra se desbordó por un monzón. La riada arrastró troncos y cientos de serpientes hasta un banco de arena desierto cerca de Kokilamukh, en el distrito de Jorhat (Assam). Cuando el agua se retiró, allí no había ni árboles ni sombra, así que las serpientes murieron por el excesivo calor, como cuenta el Times of India.
La situación le conmovió, así que pidió consejo sobre qué árboles se podían plantar en la zona para reforestarla, lo que eventualmente traería sombra y minimizaría la erosión y la desertización. Su respuesta fue poco halagüeña: allí no se podía cultivar nada salvo bambú, y le dieron unas 20 plantitas. Cuenta que cultivarlas fue muy difícil, pero no se rindió y empezó a recolectar y plantar otras especies, como la ceiba.
La erosión en la región de Majuli. Con unos 880 kilómetros cuadrados, Majuli es la isla fluvial más grande del mundo: tiene el río Subansiri al norte y el Brahmaputra al sur. Pese a estar rodeada de agua, lleva décadas perdiendo superficie por la erosión. El bosque que Payeng ha creado a lo largo de su vida se encuentra en un banco de arena cerca de Kokilamukh, junto al Brahmaputra, y sufre el mismo problema: la erosión del río está dejando la zona yerma.
De hecho, casi a la vez que Payeng, las autoridades ya habían iniciado un plan de reforestación de 200 hectáreas en uno de esos bancos de arena. La reforestación de la división forestal de Golaghat empezó en 1980, pero duró poco: para 1983 ya la habían abandonado. Payeng siguió por su cuenta.
El bosque de Molai. Desde entonces, Jadav «Molai» Payeng siguió acudiendo a cuidar sus árboles y plantar más. Finalmente, consiguió que agarraran. Hoy esa plantación ocupa más de 550 hectáreas, de las cuales «solo» 300 son de bambú: hay también arjunas, flamboyanes, algodoneros rojos, entre otros árboles. Para hacernos una idea de su extensión, equivale a más de cuatro veces el Retiro madrileño y 1,5 veces Central Park. Y no solo alberga flora: allí hay tigres de Bengala, rinocerontes indios, ciervos, conejos, monos y muchos tipos de aves.
Hoy este activista tiene más de 60 años, sigue viviendo en una cabaña cerca del bosque junto a su familia, sigue ganando dinero gracias a la venta de leche de su ganado y continúa ampliando la superficie forestal con el objetivo de extenderlo hacia otras zonas. Como él mismo ha declarado, plantará árboles hasta el último día de su vida.
Los elefantes fueron los chivatos. Payeng comenzó pico y pala con su labor a finales de los 70 y principios de los 80, pero no fue hasta 2008 que la administración se percató de ese nuevo bosque. Precisamente fueron esos elefantes los que lo delataron: ese año una manada de aproximadamente un centenar se adentró en él, lo que llevó a la administración a investigar la zona y «descubrir» su bosque, que posteriormente la ciencia ha estudiado. Desde entonces, los elefantes son visitantes asiduos cada año y ya han dado a luz a varias crías allí.
Un bosque artificial muy natural (y sanador). Resulta que la diversidad de plantas y su capacidad de almacenamiento de carbono son similares a las de un bosque natural de edad parecida, según concluye un estudio, que plantea que este tipo de plantación mixta puede ser una buena solución para enfrentar inundaciones y erosión. Eso sí, la amenaza de la erosión en la región sigue activa, por lo que a Payeng y, sobre todo, a la administración india aún les queda trabajo por hacer.
Portada | Itshuman y Wikipedia
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En 1979, un hombre decidió plantar árboles cada día para frenar la erosión. Hoy tiene un bosque gigantesco
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Xataka
por
Eva R. de Luis
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