Xataka – El mayor error que puedes cometer la noche antes de la Selectividad no es dejarte un tema sin mirar: es no dormir

El mayor error que puedes cometer la noche antes de la Selectividad no es dejarte un tema sin mirar: es no dormir

Cuando pensamos en un estudiante en época de exámenes o en un opositor que se prepara de manera muy intensa para un examen que le ofrecerá una estabilidad laboral, automáticamente se nos viene la clásica estampa de estar de madrugada estudiando cientos de folios subrayados. Aquí parece que el dormir se convierte en un tema menor por el hecho de estudiar y empollar cientos de páginas. Pero la realidad es que estudiar sin dormir es como perder el tiempo, aunque parezca lo contrario. 

La ciencia. Aquí la ciencia tiene mucho que decir, y un robusto conjunto de evidencias apunta a que apartar el estudio y meterse en la cama para dormir 7 u 8 horas es, con diferencia, la decisión más inteligente que se puede tomar antes de un examen o durante la preparación. Y es que algo que no nos enseñan es que estudiar es solo la mitad del proceso de aprendizaje y memorización que ocurre en nuestro cerebro, puesto que la otra mitad ocurre mientras se está dormido para poder arraigar el conocimiento. 

En el cerebro. Para entender por qué el sueño es innegociable para los estudiantes, hay que mirar qué ocurre dentro de nuestra cabeza cuando dormimos. En esos momentos podemos llegar a pensar que el cerebro está en un estado de letargo o de apagado, pero la verdad es que es un periodo de actividad frenética a nivel neuronal. 

Una de las pruebas la encontramos en un artículo publicado en Neuron que apunta a que el cerebro dormido está biológicamente optimizado para la consolidación de la memoria. Algo muy importante, porque durante el día el cerebro actúa como una auténtica esponja, captando una gran cantidad de información de forma rápida pero volátil, que supera con creces el límite de capacidad para retenerla. 

Pasándolo al disco duro. Todo este conocimiento que tratamos de adquirir en una tarde tiene que consolidarse para que posteriormente podamos recordarlo en el examen. Aquí es donde entra el sueño, que es donde se produce una transferencia hipocampo-cortical, que permite que la información adquirida durante la vigilia se reactive y se transfiera a la corteza cerebral, que es donde se almacena la información a largo plazo. 

En Nature encontramos un artículo fascinante donde se detalló cómo las neuronas repiten a toda velocidad la información aprendida durante la primera fase del sueño. Esta fase prepara el terreno para que, durante el sueño REM, en la segunda mitad del sueño, se estabilicen y fortalezcan las conexiones sinápticas  para integrar toda la información. 

Pero si nos saltamos horas de sueño, o lo reducimos a 3-4 horas para ser más eficientes, se interrumpe este proceso. 

El desastre de privarse de sueño. La penalización por no dormir es severa, ya que si se decide pasar la noche en blanco para repasar «un par de temas más», se debe saber que el precio a pagar es una reducción del 40% en la capacidad de aprendizaje, además de un aumento en las pérdidas de memoria y una caída en picado de la concentración. 

Y estas pérdidas lo que generan finalmente son lagunas temporales de memoria, que es la típica situación en la que nos quedamos «en blanco» mirando la hoja del examen sin saber qué poner, aunque recuerdas haberlo leído horas antes. Es por ello que un estudiante con pocas horas de sueño muestra tiempos de respuesta mucho más lentos, es confuso tomando decisiones y sufre un empeoramiento radical de la atención.

En encuestas. En 2023, un estudio realizado con 640 estudiantes de la Universidad Autónoma de Madrid durante su periodo de exámenes apuntó a que el 61,3% de los encuestados ya intuía que su rendimiento mejoraría si dormían más. A partir de aquí, los investigadores confirmaron una asociación directa y positiva entre la calidad del sueño y el rendimiento académico. Además, descubrieron que la «deuda de sueño» acumulada durante la semana pasaba una factura altísima, asociándose a un peor rendimiento percibido por los propios alumnos. 

La dosis perfecta. Aquí la recomendación que debemos tener presente es la de la OMS o la National Sleep Foundation, que apunta a que los adultos jóvenes deben dormir entre 7 y 8 horas al día, e incluso aumentar a 9 horas para estudiantes con un gran estrés cognitivo, como opositores. 

Imágenes | Ministerio de Sanidad

En Xataka | Si te despiertas cansado de forma habitual, tu descanso está fragmentado. La buena noticia es que la ciencia sabe cómo arreglarlo


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El mayor error que puedes cometer la noche antes de la Selectividad no es dejarte un tema sin mirar: es no dormir

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Xataka

por

José A. Lizana

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