Xataka – «Casi todos se fueron al bar, así que partieron el eje»: Jumbocruise o como el Titanic de los autobuses murió víctima de sí mismo
Si buscas Jumbocruiser en Google encontrarás un autobús que se alquila para grandes viajes. Grandes, grandes. Y lujosos. Del rollo llevar a los de artistas en una gira europea de conciertos. Sofás, camas, pequeños espacios para comer… pero todo eso ya se hizo antes.
Y lo que es mejor, se hizo para que cualquiera pudiera disfrutar de ese enorme paseo. Porque el nombre de Jumbocruiser no es ni mucho menos nuevo, explican nuestros compañeros de Motorpasión. Hace más de 50 años, alguien ya propuso utilizar ese nombre para un autobús. Ese alguien fue la compañía Neoplan que en los años 60 se propuso un reto: rediseñar los viajes por carretera.
Querían crear una nueva forma de hacer turismo. Y con lo que se encontraron fue con un camión tan gigantesco que murió víctima de sí mismo.
28.000 kg y 144 pasajeros a bordo
Salón del automóvil de Frankfurt, 1975.
Neoplan pide sitio. Con ustedes, el Jumbocruiser, el autobús más grande del mundo (a finales de los 80 le quitarían el sitio). Para hacerle hueco, en Neoplan piden poco: 19 metros de largo. Su criatura mide un poco menos. Necesita, eso sí, de techos altos porque mide otros cuatro metros si medimos desde el suelo hasta el cielo.
Con otros 2,5 metros de ancho, el Jumbocruiser era un tremendo monstruo que no pasó desapercibido durante la feria. Cualquiera podía comprobar que no estaba ante algo demasiado normal. No todos los días se ve un autobús articulado de dos pisos, de casi 20 metros de largo y un peso de 28.000 kg. Sí, has leído bien. Para moverlo se necesitaba un V12 de 19,1 diésel firmado por Mercedes que entregaba 440 CV y 1.285 Nm de par.
Y es que el objetivo principal de Neoplan era revolucionar el transporte por carretera de largas distancias y reinventar el turismo. Cuando volar todavía era cosa de unos pocos, en Neoplan se fijaron en los aviones Jumbo de Airbus y tuvieron la bendita idea de convertir los desplazamientos por carretera en un aliciente más para viajar. El concepto de crucero hecho autobús.
La idea sonaba genial. Si vas a pasarte horas y horas en la carretera, qué mejor que disfrutar de un buen autobús donde viajar pero, también, charlar con el resto de los pasajeros y hasta compartir un buen espirituoso. Porque el Jumbocruiser que se presentó en Frankfurt tenía la posibilidad de montar hasta 144 pasajeros aunque, como se entregaba por encargo, los modelos que llegaron al mercado lo hicieron con propuestas más comedidas.
O, al menos, más lujosas. La mayoría de los autobuses que se vendieron lo hicieron con configuraciones de entre 80 y 100 asientos. El motivo es que los asientos eran de mayor tamaño. Viajes más cómodos para compensar el sobrecoste de viajar en un autobús de lujo. Estos asientos se repartían por los dos niveles de la sección delantera y el nivel superior de la trasera.

Folleto donde se vendían las virtudes del Jumbocruiser
En el nivel inferior de la sección trasera es donde sucedía la magia. Porque los pasajeros disponían allí de un baño pero también de un bar. Porque al ser humano le puedes meter en una caja rodante de 28.000 kg durante horas pero no le puedes prohibir que se tome un cocktail para amenizar el viaje.
La idea, sin embargo, se comprobó que podía no ser la mejor. Según recoge la revista germana Omibus Spiegel, «en un viaje de una asociación con pasajeros predominantemente masculinos, casi todos se reunieron en el bar o delante de él, lo que el eje trasero, diseñado para una carga de 6 toneladas, no pudo soportar a largo plazo, de modo que se produjo la rotura del eje».
El accidente, sin embargo, no fue el único registrado. Señalan los compañeros de Motorpasión que en un viaje entre Bélgica y España, uno de estos autobuses volcó en Francia. El resultado es que el país prohibió el paso de autobuses articulados porque dudaban de la estabilidad de los mismos. Fue, quizás, el clavo definitivo en el ataúd.
Y es que a pesar de que viajar en un autobús de lujo sonaba bien en la teoría, en la práctica era poco menos que una pesadilla. Su tamaño era tan gigantesco que había multitud de estaciones donde no entraba. Solo para girar necesitaba un radio de 24 metros. Todo ello generaba importantes problemas si se quería acceder a las zonas urbanas de las ciudades visitadas.
El resultado es que el proyecto pecaba de gigantismo. La inversión que había que realizar para comprar el autobús era tan grande que luego era complicado rentabilizarla. Y por eso sólo se fabricaron 11 unidades en poco más de una década. Una de ellas, de hecho, quedó como motorhome para The Kelly Family, un grupo de música que ya avanzó qué sería del nombre Jumbocruiser, ahorra explotado por Man desde que absorbieran la empresa Neoplan.
La empresa con la que nació el sueño de tener un Titanic sobre ruedas.
Foto | Wikimedia y Strassenkreuzer
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«Casi todos se fueron al bar, así que partieron el eje»: Jumbocruise o como el Titanic de los autobuses murió víctima de sí mismo
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Xataka
por
Alberto de la Torre
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