Xataka – 330 toneladas y 1.600 CV sin una gota de diésel: la bestia eléctrica alemana que devora 17 m³ de roca por palada

330 toneladas y 1.600 CV sin una gota de diésel: la bestia eléctrica alemana que devora 17 m³ de roca por palada

La transición a la movilidad eléctrica no es cosa exclusiva de turismos y motos: la maquinaria pesada también está abrazando la electrificación. Más allá de dejar atrás el diésel, el auténtico reto es encontrar una alternativa viable a la combustión interna en términos de potencia y par motor. 

Hace escasas semanas una imponente excavadora de Liebherr empezó a operar en una mina de cobre en Bulgaria. Lo llamativo no es solo la máquina en sí (que también), porque de hecho es la quinta excavadora eléctrica que el fabricante alemán entrega a Assarel-Medet, sino que la empresa minera búlgara se está convirtiendo en uno de los operadores de flota eléctrica pesada más avanzados del mundo.

La nueva excavadora eléctrica de Liebherr. El modelo R 9350 E es una excavadora de minería de gran tonelaje, con 330 toneladas de peso operativo, que integra un motor eléctrico de 1.200 kW, aproximadamente 1.600 CV. En potencia nominal supera ligeramente los 1.120 kW de su homóloga diésel, pero la diferencia real de rendimiento es mayor: un motor eléctrico entrega ese par de forma constante en todo el rango de operación, mientras que el diésel solo alcanza su potencia máxima en una banda estrecha de revoluciones. Estará alimentado por un cable de alta tensión del que no se han especificado voltaje, si bien este tipo de maquinaria se diseña a medida de las necesidades del cliente. 

De acuerdo con el fabricante, este motor ofrece ventajas respecto a los de combustión: reduce vibraciones y ruido, prolonga la vida útil de los componentes y aguantar toda la vida útil de la máquina, reduciendo los costes operativos y de mantenimiento. La excavadora está equipada con una cuchara personalizada de 17 metros cúbicos, diseñada específicamente para maximizar la productividad en las condiciones operativas de la mina Assarel, en Pazardzhik. 

Por qué es importante. Para empezar, porque opera con cero emisiones de gases de efecto invernadero y lo hace manteniendo la productividad frente a la versión diésel. En minería a cielo abierto esto elimina las emisiones directas en el frente de extracción y reduce considerablemente la logística de combustible dentro del yacimiento, dos factores que en operaciones de esta escala tienen un impacto económico y operativo significativo.

De hecho, la R 9350 E ofrece una potencia, rendimiento y durabilidad superiores frente a la versión diésel G6 equivalente y lo hace con costes de mantenimiento y operación menores. Aunque la ventaja ambiental es evidente, lo que verdaderamente decanta la balanza es lo económico: si la eléctrica rinde igual o mejor y cuesta menos operar, la decisión se toma sola. 

Contexto. La entrega de esta unidad no es un hito aislado, sino que forma parte de la dilatada alianza entre Assarel-Medet, Alki-L y Liebherr-Export, que data de 1993. Dentro de la estrategia para descarbonizar sus operaciones de la minera búlgara, esta es la quinta excavadora eléctrica que incorporan a su flota: ya no es un prototipo ni una prueba piloto, sino una apuesta consolidada que señala hacia dónde se mueve el sector.

A escala global, la electrificación de la maquinaria pesada minera lleva años acelerándose. Grandes fabricantes como Volvo o Caterpillar llevan años explorando soluciones eléctricas para maquinaria pesada y más allá de objetivos verdes regulatorios como el de la UE de alcanzar la neutralidad climática para 2050, están los números: según un informe de IDTechEx recogido por Mining.com, un solo camión minero de 150 toneladas puede ahorrar más de cinco millones de euros en combustible a lo largo de su vida útil si se electrifica. En los de mayor tonelaje, el ahorro es aún mayor.

Cómo lo han hecho. La clave técnica está en la alimentación directa desde la red eléctrica. A diferencia de las soluciones con baterías habituales en vehículos ligeros, una excavadora de este calibre se conecta mediante cable de alta tensión a una subestación dedicada dentro de la mina. Esto elimina el problema de la autonomía y permite operar 24/7 sin tener que parar para recargar, algo que ninguna batería puede ofrecer a esta escala.

Sí, pero. La letra pequeña de una excavadora eléctrica así tiene similitudes respecto al viejo debate del precio entre el turismo de combustión y el eléctrico:  las versiones electrificadas tienen un mayor coste de adquisición, si bien Komatsu cifra en hasta un 50% el ahorro en el coste total de propiedad de su excavadora eléctrica frente a la diésel equivalente. En una maquinaria que puede rondar los cinco millones de euros en su versión diésel, las cuentas a largo plazo pueden inclinar la balanza. 

Por otro lado, una excavadora con un motor de 1.200 kW está condicionada por la infraestructura eléctrica disponible: necesita una subestación y tendido de alta tensión dentro de la propia mina. Además, este modelo funciona bien en operaciones a cielo abierto de gran escala, pero no es extrapolable a yacimientos subterráneos o minas más pequeñas sin una inversión equivalente en infraestructura. La transición eléctrica en minería pesada es una realidad, pero su ritmo lo marcan la geografía del yacimiento y la capacidad de inversión del operador.

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330 toneladas y 1.600 CV sin una gota de diésel: la bestia eléctrica alemana que devora 17 m³ de roca por palada

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Eva R. de Luis

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