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Xataka – Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el «más allá». Los resultados apuntan a otra parte

Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el "más allá". Los resultados apuntan a otra parte

Una de las grandes preguntas que tiene la humanidad está en el más allá y en cómo podemos probar su existencia. Y aunque recurrimos a la ciencia para poder saber qué ocurre cuando morimos, de momento no tenemos una respuesta que dar. Aunque sí es cierto que la neurociencia sigue avanzando en el campo de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), apuntando a un proceso que es sin duda muy complejo. 

Faltan estudios robustos. Uno de los principales problemas al abordar este tema en la divulgación es la confusión entre correlación, causalidad y autoridad. Que figuras eminentes como el cardiólogo Valentín Fuster o el premio Nobel de Física Robert W. Wilson prologuen libros sobre «supraconciencia» o supuestas «pruebas de Dios» no equivale a una validación científica de sus tesis. 

Del mismo modo, se suele recurrir a casos impactantes como el de Eben Alexander, el neurocirujano de Harvard que relató su viaje «al más allá» durante un coma. Sin embargo, desde el rigor científico, esto no deja de ser una experiencia completamente aislada, sin que exista una verificación independiente que demuestre que su cerebro estuviera totalmente inoperativo. 

Y hay más argumentos. El conocido «ajuste fino» del universo, que es la idea de que las constantes cosmológicas parecen diseñadas para albergar vida, también se suele esgrimir como prueba científica. No obstante, como señala el filósofo Carlos Blanco, esto es un debate filosófico que incurre en la falacia de afirmación del consecuente, puesto que existen explicaciones alternativas (como el multiverso o el azar) que no requieren intervención divina.

La luz al final del túnel. Si nos centramos en los que dice la ciencia sobre las ECM, hay diferentes estudios que apuntan a que entre un 10 y un 20% de los pacientes críticos que han sobrevivido a un paro cardiaco han tenido estas experiencias. 

Sin embargo, el hecho de que la experiencia sea real para quien la vive no implica que su origen sea sobrenatural. El modelo científico más robusto en la actualidad lo ha propuesto el equipo de Charlotte Martial en una reciente revisión sistemática. Este trabajo, de máximo rigor, postula un modelo neurocientífico que explica las ECM como el resultado directo de procesos neurobiológicos en cerebros sometidos a un estrés extremo.

Tiene una explicación. Son diferentes análisis neurofuncionales los que apuntan a que la sensación de ver una luz al final de un túnel, la paz y el hecho de ver momentos vitales pasar por la cabeza son por «culpa» de los estados alterados de conciencia y la falta de oxígeno en el cerebro. De hecho, perspectivas neurocientíficas previas ya advertían sobre las graves limitaciones metodológicas de aquellos estudios que intentan afirmar que existe percepción sin un sustrato fisiológico.

Mucho por investigar. En 2025 se analizaron 775 artículos que se han hecho a lo largo de casi 50 años sobre las ECM, y lo que se concluyó fue que este sigue siendo un campo teóricamente fragmentado que necesita marcos integradores y un mayor rigor metodológico. Pero los que la ciencia sí avala sin reservas es el impacto transformador a largo plazo de estas experiencias.

Aquí, un estudio de 2024 comparó a 834 personas que vivieron una ECM frente a 42 que enfrentaron situaciones mortales sin experimentarlas, encontrando transformaciones espirituales y psicológicas significativas en el primer grupo. De esta manera, podemos saber que una ECM cambie la vida, pero que eso demuestre que el alma viaja a otra dimensión es una deducción que la ciencia actual no respalda.

Imágenes | Adrien Olichon

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Llevamos medio siglo intentando demostrar con la ciencia que existe el «más allá». Los resultados apuntan a otra parte

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José A. Lizana

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Xataka – ‘Cyberpunk 2077’ lleva casi seis años encerrando a los jugadores en Night City. Uno ha encontrado una forma de escapar

‘Cyberpunk 2077’ lleva casi seis años encerrando a los jugadores en Night City. Uno ha encontrado una forma de escapar

Los mundos abiertos tienen una curiosa contradicción: cuanto más consiguen convencernos de que podemos ir a cualquier parte, más ganas tenemos de comprobar dónde están realmente sus límites. En ‘Cyberpunk 2077‘, esa pregunta tenía una respuesta aparentemente clara. Night City está rodeada por una frontera protegida que impide abandonar la ciudad y que, dentro del propio universo del juego, funciona como un control fronterizo integrado en la ficción. Durante años, cualquier intento de atravesarla por la ruta habitual terminaba igual, con el jugador eliminado antes de descubrir qué había al otro lado. Hasta que The Golden Neck decidió no enfrentarse a la frontera como el juego esperaba y encontró una forma diferente de escapar.

La historia de este jugador no es únicamente la de alguien que encontró una ruta alternativa en un videojuego. También es un ejemplo de una de las tensiones más interesantes de los mundos abiertos: la distancia entre la sensación de libertad que ofrecen y las fronteras que necesariamente existen detrás de ella. Por muy grande que sea un mapa, sus creadores tienen que decidir qué zonas forman parte de la experiencia, qué elementos pueden ver los jugadores y hasta dónde pueden llegar. La diferencia está en cómo se construyen esas limitaciones: algunas se notan de inmediato, mientras que otras intentan integrarse dentro de la propia ficción para que parezcan una parte natural del mundo.

Los mundos abiertos tienen fronteras, aunque intenten esconderlas

Crear un mundo abierto no consiste simplemente en dibujar un mapa enorme y dejar que el jugador avance sin restricciones. Detrás de cada ciudad, carretera o paisaje hay decisiones sobre qué debe existir, qué merece ser explorado y qué zonas quedan fuera de la experiencia. Por eso todos estos juegos necesitan algún tipo de frontera, aunque intenten esconderla. La diferencia entre un mundo que rompe la inmersión y uno que parece vivo está precisamente en la forma en la que sus creadores consiguen que esas limitaciones pasen desapercibidas para quien juega.

Cada estudio encuentra su propia manera de decirle al jugador que hay lugares a los que todavía no puede llegar. Rockstar, por ejemplo, utilizó en ‘GTA Vice City‘ una solución sencilla pero efectiva: zonas que existían en el mapa permanecían cerradas hasta que el avance de la historia permitía acceder a ellas. En ‘The Witcher 3‘, CD Projekt Red utilizó un enfoque diferente, con límites más tradicionales que recordaban al jugador que estaba abandonando el espacio diseñado para la aventura. En ‘Red Dead Redemption 2‘, Rockstar utilizó mecanismos menos visibles para impedir ciertos intentos de exploración. 

En ‘Cyberpunk 2077’, esa separación no aparece como una simple barrera colocada para decirle al jugador que ha llegado demasiado lejos. El límite forma parte del propio universo de Night City: al sur de la ciudad existe un puesto fronterizo que separa la metrópolis del territorio exterior y que está protegido por fuerzas como la SoCal Border Patrol y Militech. La carretera parece continuar, pero el juego construye una explicación dentro de la ficción para impedir que V pueda abandonarla.

Cyberpunk 2077 Frontera Night City Puesto Control

El jugador aprovechó la arquitectura del puesto fronterizo para ganar altura y buscar una ruta alternativa

El camino habitual para abandonar Night City estaba pensado para fracasar. El punto de control podía verse, podía alcanzarse y podía intentarse cruzar, pero el juego tenía preparada una respuesta para quien lo intentara: detener al jugador antes de que pudiera continuar. The Golden Neck decidió cambiar el planteamiento. En lugar de buscar una forma de superar el control frontalmente, empezó a observar el escenario desde otra perspectiva, buscando una ruta que no dependiera de la carretera ni de la vigilancia del puesto fronterizo. La clave no estaba en enfrentarse a la barrera, sino en encontrar un punto del mapa que permitiera rodearla.

Cyberpunk 2077 Vista Exterior Night City Zona Frontera

La fuga permitió observar una parte del mundo de ‘Cyberpunk 2077’ que normalmente permanece fuera del recorrido habitual

Para conseguirlo, The Golden Neck tuvo que convertir la frontera de Night City en un problema de movilidad. El primer paso fue preparar al personaje con los implantes de piernas necesarios para realizar saltos cargados y después dirigirse hasta una estructura cercana al límite del mapa. Desde allí comenzó una escalada que le permitió ganar altura y alcanzar zonas del escenario que normalmente no forman parte del recorrido habitual. El punto clave llegó cuando aprovechó esos saltos para avanzar por encima de la barrera, apoyándose en elementos del entorno hasta conseguir pasar al otro lado del control fronterizo.

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Después de escapar de Night City, la motocicleta apareció al otro lado y permitió recorrer la zona exterior.

Pero el descubrimiento no terminó en el momento en el que consiguió atravesar la frontera. El usuario quiso comprobar hasta dónde llegaba realmente esa escapatoria y, una vez al otro lado, pudo llamar a su motocicleta para continuar explorando la zona exterior de Night City. Lo que había al otro lado no era una nueva ciudad secreta ni un territorio completo preparado para ser recorrido, sino un espacio normalmente inaccesible que permitía observar qué quedaba detrás del recorrido habitual del juego. La demostración servía como prueba de que aquella separación no era tan definitiva como parecía.

Al final, la historia de esta fuga no trata únicamente sobre una ruta alternativa para abandonar Night City. Trata sobre una relación que existe desde hace décadas entre quienes crean los videojuegos y quienes los juegan. Los desarrolladores construyen espacios cada vez más grandes e inmersivos, pero los jugadores siguen haciendo la misma pregunta: “¿qué ocurre si intento ir un poco más allá?”

Imágenes | The Golden Neck

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Javier Marquez

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Hard Zone : Hardware, Reviews, Noticias, Tutoriales, Foros de ayuda – Qué esperamos de Gamescom 2026: los anuncios más esperados por marca

A falta de pocos días para vivir el evento de Gamescom 2026, son muchos los que están pendientes del anuncio de muchas marcas, ya que es un momento del año donde conocemos tráilers, demos y novedades de los principales títulos que llegarán en el futuro.

En el día de hoy, veremos cuáles son esos anuncios más esperados de empresas como Xbox, PlayStation, Ubisoft, Bandai, Capcom, o juegos indies, para tener un poco en mente lo que llegará, pese a que es posible que recibamos sorpresas durante las presentaciones.

Qué veremos en la Gamescom 2026

La edición de este año será una de las más importantes, al menos en números. Gamescom 2026 se celebrará del 26 al 30 de agosto en Colonia, mientras que la Opening Night Live tendrá lugar un día antes, el 25 de agosto, como pistoletazo de salida. Además, la feria contará con más de 1.600 expositores procedentes de 67 países, ocupando más de 233.000 metros cuadrados.

Uno de los grandes protagonistas será Xbox, donde podremos ver varios de sus lanzamientos más esperados. Entre ellos destacan Fable, Forza Horizon 6 y Call of Duty: Modern Warfare 4, además de otros títulos que podrían recibir nuevos vídeos o detalles durante las retransmisiones. Por tanto, será una de las compañías a seguir con mayor atención durante el evento.

En el caso de Bandai Namco, ya conocemos parte de su apuesta para la feria. La compañía permitirá probar juegos como Dragon Ball Xenoverse 3 y The Blood of Dawnwalker, los dos juegos con más expectación de su espacio. Es la propia compañía la que ha confirmado ambos títulos para la Gamescom 2026, por lo que no será una sorpresa que los veamos.

Ubisoft también tendrá un papel destacado, especialmente gracias a Rayman Legends Retold. El juego contará con una demo jugable, por lo que nos permitirá ver de primera mano cómo se desarrolla la aventura y su nueva propuesta visual así como algunas de sus novedades que todavía no conocemos.

Xataka – Puerto Rico introdujo mangostas para combatir las ratas en los campos de azúcar. 150 años después, son el principal foco de rabia en la isla

Puerto Rico introdujo mangostas para combatir las ratas en los campos de azúcar. 150 años después, son el principal foco de rabia en la isla

En la década de 1870, los propietarios de plantaciones de caña de azúcar del Caribe tenían un problema aparentemente sencillo: las ratas devoraban y dañaban sus cultivos. La solución fue importar desde India a un pequeño depredador que parecía perfecto para el trabajo, la mangosta india. Puerto Rico fue uno de los lugares donde se introdujo. Un siglo y medio después, la industria azucarera que debía proteger prácticamente ha desaparecido de la isla, pero las mangostas siguen allí.

Y se convirtieron en una especie invasora.

Una mangosta parecía la solución perfecta. La caña de azúcar llegó a ocupar un lugar central en la economía puertorriqueña y las ratas constituían una importante plaga para las plantaciones. Durante el siglo XIX, propietarios de plantaciones del Caribe comenzaron a importar pequeñas mangostas indias para utilizarlas como una forma primitiva de control biológico: en lugar de combatir las ratas directamente, introducirían un depredador que hiciera el trabajo. 

Puerto Rico adoptó aquella estrategia en la década de 1870. Sobre el papel tenía lógica; en el ecosistema real, el experimento salió de una forma muy diferente.

Solo había un pequeño problema. Las mangostas se extendieron con rapidez, pero nunca resolvieron del todo el problema que había justificado su llegada. Una de las explicaciones resulta casi absurda vista siglo y medio después: las mangostas son fundamentalmente diurnas, mientras que las ratas de los cañaverales son principalmente nocturnas. 

Depredador y presa podían compartir territorio sin coincidir durante buena parte de sus periodos de actividad. Las ratas continuaron siendo una plaga y Puerto Rico se quedó, además, con una nueva especie perfectamente capaz de sobrevivir por su cuenta.

Cuando faltaron ratas, había muchas otras cosas que comer. NO solo eso. La mangosta encontró alternativas con facilidad. Aves, reptiles, anfibios y otros pequeños animales que habían evolucionado sin enfrentarse a aquel depredador pasaron a formar parte de su dieta, un patrón que se repitió en numerosas islas caribeñas donde había sido introducida. 

Lo que había llegado como herramienta agrícola terminó considerado una especie invasora y una amenaza para la fauna nativa. Era el primer gran efecto bumerán de aquella decisión del siglo XIX, pero no sería el último.

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Un problema mucho más difícil de controlar. Ocho décadas después de la introducción llegó la consecuencia sanitaria. En 1950 se produjo en Puerto Rico el primer gran brote de rabia confirmado en laboratorio entre estas mangostas, y con las décadas el virus se asentó en la población. 

Los animales acabaron convirtiéndose en el principal reservorio de rabia de la fauna terrestre de la isla y han llegado a representar más del 70% de los casos animales notificados, y el CDC situó históricamente esa proporción cerca del 75%. Una especie importada para proteger los campos de azúcar se había transformado en el animal que mantiene circulando una de las enfermedades más letales de Puerto Rico.

Señales de rabia en cuatro de cada diez mangostas. La magnitud exacta es difícil de medir porque detectar anticuerpos no significa que un animal tenga rabia activa, pero los estudios muestran una exposición considerable. Una investigación realizada en El Yunque y Cabo Rojo encontró anticuerpos neutralizantes contra el virus en aproximadamente el 39% de las mangostas analizadas. 

Estudios posteriores en más lugares obtuvieron porcentajes menores, alrededor del 17%, demostrando que la exposición varía mucho según el hábitat y la zona. El problema tampoco queda encerrado entre animales: los investigadores calculaban una media de unos 280 puertorriqueños mordidos por mangostas cada año.

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Una mordedura demostró hasta dónde podía llegar el problema. Un hombre de 54 años del sureste de Puerto Rico fue mordido por una mangosta mientras atendía un gallinero y no buscó tratamiento médico. Semanas después comenzó a sufrir fiebre, dificultad para tragar, parestesias y otros síntomas. Regresó al hospital cuando su estado empeoró y murió poco después de sufrir una parada cardiaca. 

Los análisis realizados tras su muerte confirmaron rabia y vincularon el virus con la variante caribeña asociada a las mangostas. Fue la primera muerte documentada en Puerto Rico provocada directamente por la mordedura de una mangosta y el primer caso de este tipo registrado en Estados Unidos o sus territorios.

Intentar controlar al animal que llegó para controlar a otro. El problema ha cerrado un círculo peculiar. Investigadores estadounidenses llevan años estudiando densidades de población, movimientos y cebos con los que algún día podría desplegarse una vacunación oral contra la rabia similar a la utilizada con otros animales en Estados Unidos. 

Los ensayos llegaron incluso a probar distintos sabores y descubrieron que las mangostas preferían los cebos de queso a los de coco o pescado. El objetivo actual ya no es conseguir que estos animales controlen una plaga, sino encontrar una forma de controlar las consecuencias que dejó su propia introducción.

El azúcar desapareció, las mangostas se quedaron. Puerto Rico ya no es la potencia azucarera que era cuando alguien decidió que importar un depredador asiático podía solucionar el problema de las ratas. Las plantaciones retrocedieron, pero las mangostas colonizaron la isla, atacaron fauna nativa y encontraron en Puerto Rico un lugar donde permanecer generación tras generación. 

Unos 150 años después, siguen obligando a científicos y autoridades sanitarias a dedicar recursos a vigilar mordeduras, estudiar la transmisión del virus y buscar formas de vacunarlas. La solución concebida para una plaga agrícola del siglo XIX terminó sobreviviendo al problema que pretendía resolver y creando otro que Puerto Rico todavía intenta solucionar.

Imagen | Minakksi, Daniel Dwyer Jr 

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Miguel Jorge

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Xataka – Hace 2.000 años los romanos conquistaron los Alpes. Lo hicieron gracias a este campamento escondido a 2.200 metros de altura

Hace 2.000 años los romanos conquistaron los Alpes. Lo hicieron gracias a este campamento escondido a 2.200 metros de altura

En el máximo esplendor del Imperio Romano abarcaba tres continentes, desde Gran Bretaña a los Cárpatos en Europa, el norte de África y Asia menor, y su tejido de carreteras era sencillamente impresionante: llegaban a todos lados, incluso a lugares tan inhóspitos y hostiles como los Alpes. Desde 2021, la Universidad de Basilea investiga allí la zona de los conflictos romanos, y en otoño de 2023 un detectorista voluntario localizó uno de los campamentos romanos más altos jamás confirmados, precisamente allí, a 2.200 metros sobre el nivel del mar.

El hallazgo. Desde 2021, la Universidad de Basilea investiga la zona de los conflictos romanos que sucedieron en la zona de Crap Ses, entre Cunter y Tiefencastel, donde ya sabía que estuvo el campo de batalla vinculado a la conquista romana de los Alpes. El yacimiento en cuestión está en la localidad de Colm la Runga, en el Oberhalbstein grisón (Suiza) y es un campamento militar romano del que no había constancia hasta ahora. 

Entre los artilugios encontrados hay proyectiles de plomo, clavos de calzado y otros objetos de equipo militar. Algunos proyectiles llevan el sello de la Legio III, la misma legión que estuvo en la batalla de Crap Ses.

Por qué importa. El comunicado oficial del cantón califica el hallazgo como de «relevancia internacional» porque permite trazar con precisión el avance de las fuerzas romanas hace 2000 años a lo largo de varias decenas de kilómetros. Más concretamente, desde el valle de Bergell, pasando por el puerto de Septimer, hasta la zona de Tiefencastel, y desde allí hacia Chur y el valle alpino del Rin. Pocas veces hay tanto nivel de detalle de la ruta seguida por una campaña militar romana, incluso en terreno de montaña. 

Este hallazgo confirma además que el ejército romano no se limitó a controlar los pasos alpinos desde posiciones bajas, sino que estableció también puestos de observación a gran altitud, lo que da detalle del nivel de estrategia militar del Imperio. Como explica el equipo, el emplazamiento del campamento fue elegido por cuestiones estratégicas.

A la conquista de los Alpes. La campaña en la que se enmarca este campamento se sitúa en el tiempo en torno al 15 a. C., dentro de las guerras de Augusto para someter a los pueblos réticos que habitaban los Alpes centrales. De hecho, Plinio el Viejo en su Historia Natural ya menciona a estas tribus alpinas integradas dentro de la confederación rética sometida por Roma. Ya en la campaña de 2007-2008  y cerca de allí, en el paso del Septimer, ya se había encontrado otro campamento romano de la misma época vinculado a las legiones III, X y XII.

En un lugar privilegiado. El campamento está fortificado por tres fosos y un terraplén y ocupa una posición privilegiada que le permite controlar visualmente varios valles como los de Landwassertal, Albulatal, Domleschg y Surses, además del paso de Lenzerheide, una ruta de tránsito importante en la época. 

Cómo lo hicieron. A partir de modelos digitales del terreno de alta resolución con LiDAR, uno de los 900 voluntarios detectoristas de metales de la Asociación Suiza de Prospección detectó una estructura anómala en la cima de Colm la Runga, unos 900 metros por encima del campo de batalla ya conocido. Después, realizaron estudios geofísicos y excavaciones en 2024 para confirmar la existencia de un recinto fortificado por tres fosos y una muralla. 

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Eva R. de Luis

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Xataka – El arruí africano y la cabra montés llevan 50 años compartiendo montaña en España: la ciencia duda de que el arruí sea «invasor»

El arruí africano y la cabra montés llevan 50 años compartiendo montaña en España: la ciencia duda de que el arruí sea "invasor"

Sobre estas líneas hay una cabra montesa (a la izquierda) y a su derecha, su primo africano: el arruí. Hace más de medio siglo que se introdujo deliberadamente en el sureste peninsular español para cazar y repoblar aquellas zonas montañosas yermas. Desde entonces, arrastra la etiqueta de especie invasora. Pues bien, un estudio del CSIC no piensa lo mismo.

No tienen la misma dieta. De acuerdo con la legislación española vigente, para que una especie sea considerada como invasora debe cumplir tres criterios: su carácter exótico, su capacidad de establecimiento y dispersión y que constituya una amenaza probada en el ámbito ecológico, económico y sanitario. Algunas de las explicaciones habituales para el tercer punto es que rivaliza en recursos con su homólogo autóctono, en este caso que competiría por el alimento con la cabra montesa. 

El equipo de investigación del CSIC analizó la dieta de ambas especies para llegar a una conclusión: el arruí y la cabra montesa comen distinto. Mientras que el primero prefiere la hierba, la segunda come sobre todo arbustos. Al tener un nicho alimentario distinto, no compiten entre sí aunque compartan monte.

Arrui

Infografía de los hábitos alimentarios del arruí y la cabra montesa. CSIC

Por qué importa. Que una especie sea clasificada como «invasora» no es un simple apellido: determina su régimen legal y qué medidas se deben tomar para favorecerla, controlarla o hasta erradicarla. De ahí la relevancia de este estudio del CSIC: puede cambiar cómo se considera y gestiona ambientalmente al arruí en España. 

Y como explica la Asociación de Naturalistas del Sureste, la descatalogación también abriría la puerta a una caza sin las restricciones actuales, que hoy solo permiten cazarlo para frenar su expansión. Es decir, no es solo un debate científico: también hay intereses económicos de por medio.

Contexto. El arruí procede de las montañas del norte de África. En 1970 llegaron ejemplares procedentes de los zoológicos de Casablanca y Frankfurt a Sierra Espuña, en Murcia. La idea era tener una nueva especie de caza. Desde entonces, se ha extendido por otras sierras del sureste de la península. Este estudio del CSIC es el último en cuestionar que el arruí sea una especie invasora, pero no el primero: ya en 2018 otro trabajo del CSIC señalaba que incluirlo en esa lista fue un error de interpretación.

Mapa Ammotragus Lervia

Mapa de distribución del arruí.

En detalle. El equipo trabajó en sierras murcianas donde a veces coexisten ambas especies y en otras solo está presente una de ellas, lo que les permitió comparar directamente el efecto de la convivencia sobre la dieta. De su observación saben que el arruí es un pastador y tiene un 57% de herbáceas en su dieta, mientras que la cabra montesa es un ramoneador y su dieta la componen los arbustos en un 63%. De hecho, la observación en el campo les ha permitido detectar la formación de grupos mixtos de arruís y cabras montesas, pastando en proximidad, sin conflictos entre ellos.

No está del todo claro. El CSIC y el sector cinegético llevan años apostando por la descatalogación del arruí como especie invasora, pero no todo el mundo está de acuerdo. Otro estudio reciente ha recordado que la competencia entre ambas especies es algo más complejo y que va más allá de la dieta. De hecho, en algunos casos la propia cabra montesa es la que limita la expansión del arruí, lo que también constituye una interacción competitiva.

Por otro lado, el impacto del arruí varía en función del contexto geográfico: en ecosistemas insulares como La Palma, sí que hay indicios de daño a la flora endémica, que no está preparada para la presencia de grandes herbívoros exóticos. Así que sobre el arruí y su estatus de invasor aún no se ha dicho la última palabra.

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El arruí africano y la cabra montés llevan 50 años compartiendo montaña en España: la ciencia duda de que el arruí sea «invasor»

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Eva R. de Luis

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Xataka – Ni «detox digital» extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

Ni "detox digital" extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

En un mundo hiperconectado como el que vivimos ahora mismo, donde las notificaciones de los móviles casi que rigen nuestras vidas, la idea de desconectar de manera abrupta parece la mejor solución para mejorar nuestra propia salud. Pero la realidad es mucho más compleja de lo que imaginamos y la ciencia apunta que no es necesario hacer una ‘desconexión total’, sino que basta con poner unos límites claros. 

El ‘detox digital’. Es innegable que la sobredosis tecnológica nos pasa factura. Un reciente estudio publicado en JAMA demostró que, en adultos jóvenes de entre 18 y 24 años, reducir drásticamente el uso de redes sociales durante una semana lograba disminuir la ansiedad en un 16,1%, la depresión casi un 25% y el insomnio un 14,5%. Y con estas cifras encima de la mesa, parece lógico querer poner el modo avión en nuestro dispositivo y dejarnos llevar hacia una desconexión total. 

Hay algunos ‘peros’. Aquí la ciencia apunta que el ‘detox’ temporal no es una panacea como nos quieren vender. En este caso, una revisión publicada este mismo año en Scientific Reports analizó diez estudios con más de 4.600 participantes y llegó a una conclusión incómoda para los defensores de la desconexión total: dejar las redes temporalmente no mejora de forma clara ni consistente el bienestar emocional ni la satisfacción vital.

Lo que sí sabemos es que el impacto de la tecnología no es «todo bueno» o «todo malo», sino que depende del tipo de uso, del contexto y de cada persona. El detox extremo intermitente suele ser un parche a corto plazo, pero no es una solución estructural para toda una vida. 

La importancia de la pausa. Cuando pensamos en el hecho de que necesitamos estar haciendo el vago y desconectado de todo, es común citar el famoso texto homónimo de Paul Lafargue de 1880. Pero aquí hay varios puntos importantes, puesto que Lafargue escribía un brillante manifiesto político contra la explotación laboral en plena Revolución Industrial, no un paper sobre fisiología o salud mental.

De esta manera, traducir hoy esa pereza como «inactividad total» en el sofá es un error metabólico. Lo que la ciencia sí respalda sin fisuras no es el sedentarismo, sino la pausa activa, puesto que aquí un contundente estudio con cerca de 20.000 participantes demostró que caminar apenas 5 minutos cada media hora durante nuestras largas jornadas de silla y pantalla reduce los picos de glucosa postprandial en un 60%, baja la presión arterial y mejora drásticamente la fatiga y el estado de ánimo.

Lo correcto. Si la solución no es tirar el router por la ventana, ¿entonces qué? Aquí la evidencia clínica es tajante al apuntar que la gestión y el uso consciente aplastan al detox completo. Por ejemplo, un ensayo de 12 semanas comprobó qué ocurría al enfrentar el uso consciente guiado frente a la abstinencia total y los resultados apuntaron que el grupo que aplicó un uso consciente redujo el uso problemático en un 34%, aumentó su bienestar un 28% y mejoró su calidad de sueño un 41%. 

Por contra, el grupo que desconectó completamente de su mundo digital experimentó mejoras iniciales importantes que se esfumaron a las tres semanas, sufriendo un duro efecto rebote. 

El control. En pocas palabras, la tecnología no es un veneno del que debemos desintoxicarnos completamente, sino que hay que regularse. Un punto aquí bastante importante es que el problema no es el dispositivo en sí, sino el uso pasivo y el consumo compulsivo con el famoso doomscrolling. 

Para poder tener una relación más sana con la tecnología, lo correcto es aplicar diferentes límites, como, por ejemplo, un tiempo máximo de uso en algunas apps, apagar las notificaciones, sacar el móvil de la habitación al dormir y fomentar la autorregulación propia. 

Imágenes | Brett Sayles 

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Ni «detox digital» extremo ni apología de la pereza: lo que la ciencia dice de verdad sobre cómo desconectar

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José A. Lizana

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Hard Zone : Hardware, Reviews, Noticias, Tutoriales, Foros de ayuda – CORSAIR rebaja uno de sus teclados más compactos: al 40% y hasta fin de existencias

Si estás buscando un teclado gaming, pero no quieres que ocupe mucho, siendo compacto y fácil de colocar en un setup ajustado, este periférico de CORSAIR es perfecto, no solamente por todas sus características, sino también por su precio, ya que se encuentra en mínimos.

En el día de hoy veremos este teclado, sus detalles más importantes y sobre todo la oferta, pues no hablamos de un descuento de unos pocos euros, sino de un 40%, lo que nos lleva a una de las oportunidades más claves si estábamos pensando en cambiar este dispositivo.

Mejor teclado compacto en oferta

Si llevas un tiempo buscando un teclado gaming que no se coma medio escritorio, este modelo de CORSAIR es casi perfecto. Y no solo por el tamaño. Al ser mecánico, tenemos una sensación al pulsar mucho más agradable y directa que en los típicos teclados de membrana, algo que se nota especialmente cuando pasamos muchas horas jugando o escribiendo.

Y es que ese formato compacto es uno de sus puntos fuertes si lo comparamos con otro tipo de teclados, ya que si tienes un escritorio pequeño, o simplemente quieres dejar más espacio para mover el ratón, agradecerás bastante que ocupe menos. Al final, muchas veces acabamos comprando teclados enormes que tienen funciones que ni siquiera utilizamos, así que reducir el tamaño puede ser una buena idea. No vamos a usarlo como calculadora, por lo que tener un teclado numérico al lado, solo acaba estorbando.

Teclado en oferta flash
Características del teclado en oferta de CORSAIR

También tenemos distribución española, un detalle que puede parecer secundario, pero que personalmente considero bastante importante. No hay que acostumbrarse a una distribución distinta ni andar buscando dónde están determinados símbolos o caracteres, así que podemos conectarlo y utilizarlo con normalidad desde el primer momento. No echamos en falta a la Ñ hasta que vemos que no está donde debería.

Y, por supuesto, lo más interesante de todo es el precio. Ahora mismo está rebajado un 40%, una cifra que ya empieza a ser bastante más interesante que los típicos descuentos de 5 o 10 euros que vemos constantemente. Si el teclado ya estaba entre nuestras opciones, esta bajada puede ser precisamente el empujón que faltaba para decidirse.

Xataka – La URSS fabricó el helicóptero más gigantesco de la historia para llevar misiles nucleares. Funcionó y aun así fracasó

La URSS fabricó el helicóptero más gigantesco de la historia para llevar misiles nucleares. Funcionó y aun así fracasó

Si tuviera que resumir en una frase qué era el helicóptero soviético Mil V-12, diría que el resultado de una noche loca entre un helicóptero y un Boeing 737. Y es que es como si cogieras un avión de pasajeros comercial y le recortaras y movieras las alas a la zona superior y allí les encasquetaras dos rotores gigantes con sus respectivas hélices. Una fantasía de nave de 105 toneladas que por supuesto batió el récord Guinness al helicóptero más grande con mucha distancia respecto al segundo. 

En su puesta de largo internacional en el Salón Aeronáutico de Le Bourget de 1971, impresionó tanto a quienes allí acudieron que recibió el Premio Sikorsky al helicóptero más potente del mundo que otorgaba su archienemigo, la Asociación Americana de Ingenieros de Helicópteros. Allí la OTAN lo bautizó como «Homer», sin ser él un Simpson ni nada de eso.

Por qué demonios se les ocurrió un cacharro así. Nos vamos hasta los años 60, en plena carrera espacial y la Guerra Fría. La URSS tenía misiles balísticos intercontinentales como el 8K67, 8K75 o el 8K82 y un problema logístico muy gordo: cómo trasladarlos cerca del Pacífico, a zonas remotas como Siberia, donde no había carreteras. 

Así que ante grandes problemas, literalmente grandes remedios: el Comité Estatal de Tecnología Aeronáutica encargó al estudio de Mijaíl Leóntievich Mil que hiciera una grúa volante capaz de levantar entre 20 y 25 toneladas. El ingeniero aeronáutico recogió el guante y lo mejoró considerablemente con un diseño peculiar: algunos prototipos mediante, habían creado el helicóptero más grande del mundo, un título que más de medio siglo después todavía ostenta.

Plano

Helicóptero pesado de rotores transversales Mil V-12.

Las bestiales cifras del Mil V-12. El «Homer» V-12 medía 37 metros de longitud y 12,5 de altura y tenía una envergadura entre rotores de casi 67 metros. Montaba cuatro motores Soloviev D-25VF que en conjunto generaban unos 19.120 kW (25.640 CV), según el registro de Guinness World Records. En su bodega podía transportar más de 40.000 kg o, en la versión civil proyectada, hasta 196 pasajeros. 

El 6 de agosto de 1969 estableció el récord aún vigente: fue capaz de subir 40.204,5 kg de carga hasta 2.255 metros de altitud, un hito homologado por la Fédération Aéronautique Internationale. Y ya que estaba, ese mismo día batió otros siete récords de altitud con diferentes cargas, muchos de los cuales todavía mantiene.

Y sin embargo, fracasó. El Mil V-12 cumplió con éxito las especificaciones de su diseño y razón de ser, salió al mundo para demostrar su poderío y pulverizó récords que nadie ha conseguido superar más medio siglo después… pero fracasó. En 1974, el desarrollo del V-12 se paró en seco. 

La Fuerza Aérea Soviética se negó a aceptar el helicóptero por varios motivos, el principal de todos ellos es que la misión para el que fue diseñado ya no existía: ya no hacía falta el despliegue rápido de misiles balísticos estratégicos pesados porque la tecnología armamentística había avanzado hacia modelos más compactos y ligeros que podían transportarse por carretera o ferrocarril. Y eso sin hablar de los costes de mantenimiento. La URSS se decantó en su lugar por el Mil Mi-26, más pequeño, versátil y económico.

Aeroflot Mil V 12 Mi 12 Groningen Airport

Mil V-12 en el aeropuerto de Groningen Airport en 1971

Qué fue del Mil V-12. Esta tremenda aeronave nunca entró en producción en serie y solo se construyeron dos unidades: uno está en las instalaciones de la fábrica Mil en Panki – Tomilino y el otro está expuesto en el Museo de las Fuerzas Aéreas, a 50 kilómetros al este de la capital rusa. Ninguno de los dos volvió a volar desde entonces, pero son la prueba de que aunque tengamos en mente la idea de un diseño de helicóptero, otro diseño es posible. Que verdaderamente sea útil es otra historia. 

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La URSS fabricó el helicóptero más gigantesco de la historia para llevar misiles nucleares. Funcionó y aun así fracasó

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Eva R. de Luis

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Xataka – En 1923 Einstein hizo un peculiar «tour» por España: pagos desorbitados, fiestas y conferencias que casi nadie entendía

En 1923 Einstein hizo un peculiar "tour" por España: pagos desorbitados, fiestas y conferencias que casi nadie entendía

Durante su fugaz pero intenso paso por España, en 1923, Albert Einstein dejó un buen puñado de anécdotas. Algunas son fiables. Otras rozan la leyenda. De todas, quizás la más popular es la que le ocurrió durante su visita a Madrid, la primera semana y media de marzo. Se cuenta que el físico alemán caminaba por la ciudad cuando una castañera, quizás intrigada por el séquito que lo acompañaba, quizás al reconocerlo por su bigote de cepillo y melena alborotada tras ver su foto en los diarios, levantó la voz y celebró su visita con una ovación espontánea:

— ¡Viva el inventor del automóvil!

La anécdota la cuenta el historiador Thomas Glick y se ha repetido hasta la saciedad, pero capta bien la atmósfera que acompañó la visita de Einstein a España: muy poca gente entendía quién era o cuál había sido su aportación a la ciencia universal, pero su periplo por Barcelona, Madrid y Zaragoza generó una atmósfera a medio camino entre el entusiasmo académico y un fenómeno fan que hoy parece reservado a las estrellas pop o los grandes futbolistas.

De gira por España

Si Einstein decidió marcarse un «tour» por la convulsa España de comienzos del siglo XXI fue básicamente por el empeño de dos hombres, ambos intelectuales de primer nivel: el matemático Julio Rey Pastor y el ingeniero Esteban Terradas.

El primero invitó al genio alemán en la primavera de 1920 y, aunque en un principio Einstein se mostró dispuesto a viajar a la península, acabó excusándose por los compromisos que ya tenía agendados. La cosa pudo haberse quedado ahí si no fuera porque en 1921 Terradas volvió a escribirle reiterando la invitación.

En esa ocasión hubo más suerte y la visita se fijó para el curso 1922-1923

No es un detalle menor. Aunque Einstein gozaba de una fama extraordinaria desde el eclipse de 1919 que confirmó su Teoría de la Relatividad General, en 1922 su popularidad había ido un paso (o varios) más allá. En otoño el alemán había recibido la noticia de que había ganado el Premio Nobel de 1921 «por sus servicios a la física teórica», especialmente la ley del efecto fotoeléctrico.

Einstein Espana Universidad

La noticia le pilló de gira por Japón, un viaje que dejó anécdotas que dan una idea de su popularidad. La más curiosa es la protagonizada por un mensajero a quien Einstein quiso dar una propia. Como no tenía dinero a mano, el físico sacó un folio y garabateó un breve consejo sobre cómo alcanzar la felicidad. 95 años después el documento se subastó por más de 1,5 millones de dólares.

Ese era el estatus de Einstein a comienzos de 1923, cuando tras viajar de Palestina a Francia tomó un tren en Marsella para emprender un nuevo trayecto hasta Barcelona. Allí llegó el 22 de febrero, protagonizando la que tal vez sea la recepción más anticlímax de la historia. A pesar de su prestigio y los esfuerzos que se habían desplegado desde 1920 por traer al nuevo y flamante Nobel de Física, nadie lo esperaba en la terminal de ferrocarriles. Y es lógico.

Einstein no había telegrafiado para informar de la fecha de llegada, así que una vez arribó a la Ciudad Condal acompañado de su esposa, Elsa Einstein, se dirigió a una modesta pensión de La Rambla donde pidió un cuarto. Cuando el profesor Terradas se enteró de lo que había ocurrido fueron a buscarlo para trasladarlo al Ritz. Lo encontraron, dice la leyenda, sentado en la cama tocando el violín.

El científico permaneció en Barcelona hasta el 28 de febrero, una estancia breve pero intensísima durante la que impartió varias conferencias, ejerció de turista en lugares emblemáticos como el monasterio de Poblet, visitó la Escuela del Mar y el Grupo Escolar Baixeras, dejó que lo agasajan con una cena celebrada en casa del ingeniero Rafel Campalans e incluso se entrevistó con el líder de la CNT.

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Se cuenta que durante esa visita se aficionó a las canciones catalanas y que en sus archivos se encontraron partituras del compositor Enric Morera. Desde luego se sabe que en alguna de las veladas que pasó en Barcelona, igual que en otras de sus paradas por España, no faltaron músicos y exhibiciones de baile. 

No hace falta imaginárselo. El propio físico se retrató con una rondalla y no dudó en sacar el violín durante una velada en casa de los Marqueses de Villavieja a la que también acudieron Gregorio Marañón, Ortega y Gasset y de la Serna. 

De Barcelona se trasladó a Madrid, a donde llegó el 1 de marzo y disfrutó de un baño de masas y una expectación similar. Su llegada a la capital fue más ortodoxa (se alojó en el hotel Palace), pero le siguieron jornadas igual de intensas: impartió conferencias, lo invistieron Doctor Honoris Causa por la Universidad Central, le otorgaron el diploma de la Real Academia de las Ciencias, se reunió con autoridades y también protagonizó alguna que otra escapada lúdica.

Conservamos fotos de su paso por Toledo, donde se maravilló con el patrimonio y la obra del Greco, y en Madrid se cuenta que visitó varias veces el Prado.

Todo esto bien aderezado con entrevistas, recepciones y encuentros con la creme de la creme de la intelectualidad española. Durante esos días Einstein se citó con Blas Cabrera y Felipe, José Ortega y Gasset o Santiago Ramón y Cajal, que por entonces tenía ya 71 años y estaba «gravemente enfermo», como dejó anotado Einstein en su diario, donde también habla de su «increíble cabeza». 

Poco antes de abandonar Madrid tuvo tiempo aún de pasarse por la Residencia de Estudiantes, la misma donde brillaron Lorca, Buñuel, Dalí o Portolés. Entre las personalidades con las que se citó se incluye Alfonso XIII y María Cristina.

Madrid no marcó el final de su tour español. Antes Einstein realizó una breve parada en Zaragoza. Algunas versiones afirman que llegó a tierras aragonesas «con el fin de impartir dos conferencias en la Universidad de Zaragoza», los días 13 y 14 de marzo. Otras ponen énfasis en el hecho de que esa parada «no estaba en el itinerario oficial» y que si paró allí fue porque un grupo de profesores le echaron arrojo, lo abordaron en el tren y lograron persuadirlo.

En cualquier caso hay algo incuestionable: Albert Einstein permaneció en Zaragoza unas 50 horas, entre el 12 y 14 de marzo, una visita fugaz de la que sacó buen partido (se repitió a pequeña escala el carrusel de charlas, visitas turísticas y recepciones) y que permite a Aragón presumir de un vínculo íntimo con el físico. Allí, en Zaragoza, celebraron una fiesta por su 44 cumpleaños, edad que cumplió justo el día que abandonó la ciudad. A Einstein le dio tiempo a brindar en el Casino Mercantil y demostrar su habilidad con el violín en el consulado.

El mismo 14 de mazo se subió a un tren para abandonar la ciudad.

Su despedida de España estuvo marcada por un nivel de expectación similar (o incluso mayor) que el de su llegada. La prensa se pasó días especulando sobre una posible tercera parada en el País Vasco, más concretamente en Bilbao. No tuvo mucho éxito en aquella ocasión, aunque sí vio cómo dos años después, en 1925, el físico pasaba breve y discretamente por allí a bordo del buque Cap Polonio en su viaje a República Argentina para impartir conferencias.

«Nadie entendía absolutamente nada»

Constatado el enorme interés que despertó Einstein en España (similar al que cosechaba en otros países) la siguiente pregunta es obvia: ¿Por qué? 

La gente conocía a aquel carismático físico de ideas revolucionarias, bigote espeso y cabellos alborotados al que le gustaba tocar el violín. Algunos incluso tenían una ligera noción de que había hecho historia en la física universal en un annus mirabilis prodigioso, siendo un veinteañero que trabajaba en una oficina de patentes de Berna, pero… ¿Quién comprendía en realidad la Teoría de la Relatividad Especial, la de la Relatividad General o el efecto fotoeléctrico?

¿Sabía mucho más la gente que pagaba grandes sumas por asistir a sus conferencias que aquella castañera espontánea de Madrid que lo aclamó como «el inventor del automóvil»? Todo indica que no. Lo que no quita que su tour por los auditorios y paraninfos de España fuese un pingüe negocio para Einstein. 

Se cuenta que Terradas ofreció a Einstein 7.000 pesetas por las charlas de Barcelona y Madrid, una suma más que considerable si tenemos en cuenta que equivalía a unos dos años de salario de un profesor universitario. La agencia EFE precisa que por tres conferencias cobró 3.500. La parada en Zaragoza también le salió rentable: se embolsó la jugosa suma de 575 ptas. por cada conferencia.

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Son sumas elevadas si se ponen en contexto, pero se entiende mejor por la fascinación que despertaba Einstein. Pese a que sus charlas se impartían en alemán o francés y que las entradas costaban 25 ptas., las salas se atestaban. Lo relataba La Vanguardia, que cuenta cómo los curiosos «se agolpaban en las puertas, ansiosos de escuchar la palabra mágica que al ser atendida reformaría viejos sistemas y conceptos, abriendo nuevos horizontes a la ciencia».

El reclamo de aquel sabio genuino que había puesto patas arriba la física era poderoso. Tanto, que incluso la prensa generalista intentó explicar (sin mucha fortuna) a sus lectores qué era aquello de la Teoría de la Relatividad.

Un ejemplo lo encontramos en El Noticiero Bilbaíno, que en 1923, en plena vorágine informativa y especulaciones sobre si el sabio alemán visitaría o no Euskadi, publicó una columna intentando aclarar las ideas de Einstein: «En el campo gravitatorio se verifica F (masa gravitatoria) = X (intensidad del campo)».

Como recuerda El Correo, también hubo quien dio por directamente imposible arrojar algo de luz sobre el tema. Eso sí, sin renunciar a la sorna y un toque de crítica, como leemos en una crónica de la época: «El sabio alemán hizo un profundo estudio muy poco propicio para hacer un extracto telefónico».

En un artículo publicado en The Conversation en 2023, con motivo del centenario del tour español, el físico Francisco José Torcal recuerda como durante su paso por Madrid fotografiaron a Einstein junto a varios intelectuales y el rey Alfonso XIII. Casi todos salen con los ojos cerrados salvo el Nobel, lo que para Torcal tiene una lectura casi metafórica: «¿Sería una pista de que nadie entendía absolutamente nada de lo que explicaba en sus conferencias?» 

Por supuesto, hay excepciones elogiosas. Científicos como Blas Cabrera o Terradas no tardaron en hacerse eco de la relevancia de la obra de Einstein.

No es algo que ocurriese solo en España.

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Einstein fascinaba en lugares tan distantes como EEUU, Japón o Alemania y la gente sabía que sus teorías resultaban trascendentales, pero en las hemerotecas se conservan pruebas de que la opinión pública las acogía con cierta frustración: eran importantes, sí, pero no por ellos resultaban asequibles. El reportero de un artículo publicado a finales de 1919 en The New York Times lamentaba que resultaba «inútil intentar explicar» semejantes ideas al «ciudadano común».

El mismo diario publicó un editorial lamentando con una mezcla de sorna y fastidio que conceptos tan relevantes estuvieran condenados a permanecer ininteligibles para la sociedad, sin un esfuerzo real por hacerlos digeribles: «Si renunciáramos no pasaría nada, estamos acostumbrados, pero que la renuncien por nosotros es… bueno, un poco irritante». Eso por supuesto no significa que no hubiera esfuerzos por explicar a Einstein. Los hubo, y muy meritorios.

La visita del sabio a España demuestra sin embargo que más allá de la profundidad y relevancia de sus ideas, el científico gozaba de una popularidad que hoy es casi imposible encontrar fuera del cine, la música o el deporte.

Imágenes | Aemet-Archivo General de la Administración (AGA), Wikipedia 1, 2 y Ayuntamiento de Zaragoza

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La noticia

En 1923 Einstein hizo un peculiar «tour» por España: pagos desorbitados, fiestas y conferencias que casi nadie entendía

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por

Carlos Prego

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