Xataka – La crisis del alquiler obliga cada vez a más jóvenes españoles a vivir sin salón: «Me di cuenta de que sí lo necesito»

La crisis del alquiler obliga cada vez a más jóvenes españoles a vivir sin salón: "Me di cuenta de que sí lo necesito"

Dormitorios, cocina, baño, pasillos y salón. Con suerte, quizás también una terracita en la que disfrutar del sol. Cuando uno piensa en un apartamento lo primero que se le viene a la cabeza es ese esquema, básico, elemental, común tanto a los pisos de las zonas residenciales más caras como a los de la periferia. Sin embargo, para cada vez más jóvenes que viven de alquiler la realidad es otra: en busca de mayores rentabilidades, sus caseros están eliminando las zonas comunes para aumentar el número de inquilinos.

Es un nuevo síntoma de ‘la España hacinada’.

Adiós, salón. Hilal tiene 21 años, es austriaca, estudia informática automotriz y vive de alquiler en Málaga en un piso de universitarios. Hasta ahí nada del otro mundo. Lo curioso es que en realidad Hilal no duerme en una habitación, sino en un salón reconvertido en cuarto, con su cama, escritorio, armario y cómoda. Por él paga 450 euros al mes, algo más que sus dos compañeras, que abonan 360 y 410 euros. Diferentes rentas. Diferentes tamaños de habitación.

El caso de Hilal lo contaba hace poco El Mundo en un artículo en el que analiza una realidad que lleva tiempo calando en el mercado del alquiler español: apartamentos sin zonas comunes. O mejor dicho, apartamentos en los que las zonas comunes se sacrifican y reconvierten en dormitorios.

La lógica es muy sencilla: el casero cambia la configuración de la vivienda para ganar habitaciones extra con las que incrementar el número de potenciales inquilinos y (por ende) el dinero que recibe al final de mes. En el piso de Hilal se sacrificó el salón. En otros casos se cierra una terraza y recorta el comedor para montar un dormitorio de la nada.

Eurostat

¿Es algo común? Es algo lo suficientemente extendido como para que el Gobierno se haya propuesto reforzar la regulación del alquiler de habitaciones sueltas. Lo intentó ya con los decretos exprés sobre vivienda que acabaron estrellándose en el Parlamento a principios de octubre y ha vuelto a hacerlo con los decretos-ley que quiere validar ahora en la Diputación Permanente del Congreso. Su objetivo: que casos como el de Hilal, en los que un casero suprime zonas comunes para aumentar el número de inquilinos, dejen de salir a cuenta.

“Cuando se trate del alquiler de habitaciones, la suma de todas las habitaciones alquiladas no podrá superar la renta que se aplicaría para alquilar la vivienda completa en las zonas de mercado residencial tensionado”, aclaran desde La Moncloa. Ahora mismo los caseros pueden reorganizar sus pisos y convertir espacios compartidos en dormitorios, cuartos que luego suelen alquilar de forma individual y con precios diferentes en función de su tamaño. Solo deben respetar las condiciones de habitabilidad fijadas por el ayuntamiento.

“En verdad, sí lo necesito”. Alba, otra universitaria que vive de alquiler, reconoce que al buscar apartamentos solo encontraba opciones sin salón. Acabó resignándose y se quedó en el mismo piso que Hilal convencida de que podía vivir sin ese espacio común destinado a ver la tele, sentarse en el sofá o charlar con amigos. Ahora ya no está tan segura.

“Con un salón te relacionas más con las compañeras. Al final, la cocina tampoco es muy grande y como estemos dos, la tercera ya no entra”, confiesa la joven, de 20 años. Ahora, tras la experiencia de tener que pasar día y noche encerrada en su cuarto, reconoce que “en realidad sí lo necesito”.

Cada habitación, un “piso”. Su caso es solo una gota en el océano. Llega una búsqueda rápida en Google para encontrar testimonios similares. Por ejemplo el de Lucía (25 años), que acabó en un piso de Ciudad Universitaria, Madrid, en el que el casero había hecho cambios para ganar un dormitorio extra. ¿Cómo? Cerrando la terraza y reduciendo el salón.

Peor es la experiencia de Sonia y Camila, que cuentan en La Vanguardia cómo al buscar un apartamento de alquiler llegaron a un inmueble de Barcelona en el que cada habitación se alquilaba como si se tratara de un ‘piso’ independiente por 800 euros. Todo sin espacios de convivencia, por supuesto.

El fantasma del hacinamiento. Podría parecer algo anecdótico, pero el sacrificio de las zonas comunes en los pisos de alquiler (sobre todo los orientados a jóvenes) conecta con un fenómeno mucho mayor: la crisis residencial que arrastra España. El desajuste entre oferta y demanda dispara los precios, retrasa la edad de emancipación y obliga a los inquilinos a buscar opciones que no devoren su presupuesto mensual, aunque eso pase por compartir apartamento o incluso dormitorio. Se trata de un fenómeno perfectamente estudiado por organismos como Eurostat.

El dato: 9,5%. En su último informe sobre la materia, la oficina de estadística de la UE advierte de que España lleva años viendo cómo aumenta su “tasa de hacinamiento”, un indicador que muestra hogares “superpoblados” en los que no se dispone de una habitación por cada pareja o adulto.

Si hablamos de vivienda en general (tanto en régimen de propiedad como alquiler) ese indicador marca un 9,5% en España. El porcentaje nos sitúa bastante por debajo de la media de la UE (16,8%), pero deja una lectura preocupante. En 2024 nuestro país marcaba 9,1%. Y en 2016, 5,4%. De hecho, la tasa nacional ha ido subiendo poco a poco desde 2021.

Overcrowding Rate 2025

Jóvenes y alquileres. Si se rasca un poco más en las tablas de Eurostat se comprueba que el hacinamiento no afecta a toda la población por igual. El problema es especialmente grave entre los jóvenes y la vivienda en arrendamiento. Cuando centramos el foco en los alquileres (excluyendo la vivienda en propiedad) se observa que la tasa española se eleva al 20,5% (un quinto del total), mucho más cerca de la media comunitaria (23,8%). Además, ha ido creciendo en los últimos años, alejándose del 11,7% que marcaba en 2016.

¿Y los jóvenes? Son los que se llevan la peor parte. Al menos eso es lo que muestra Eurostat, que revela que en 2025 el 26,9% de los jóvenes de entre 15 y 29 años de la UE residían en hogares saturados. Entre ese colectivo la tasa es 10,1 puntos porcentuales superior a la media general (16,8%).

Los peor parados son los jóvenes de Rumanía, Letonia, Bulgaria, Grecia, Croacia e Italia, las naciones europeas con los mayores indicadores de hacinamiento juvenil, pero eso no significa que el problema no afecte a España. Aquí el indicador de hacinamiento juvenil asciende al 16,2%, muy por encima de la media general del 9,5%. En 2011 representaba el 11,2% y hace una década ni siquiera llegaba al 10%.

Imágenes | David Schultz (Unsplash) y Eurostat 1 y 2

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La crisis del alquiler obliga cada vez a más jóvenes españoles a vivir sin salón: «Me di cuenta de que sí lo necesito»

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por

Carlos Prego

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