Xataka – «Si me ves, llora». La sequía europea está haciendo reaparecer piedras grabadas hace siglos para advertir de futuras hambrunas
Buena parte de las grandes ciudades del viejo continente se construyeron en torno a un río, un auténtico vector de vida: sirve para el abastecimiento de agua, el regadío en agricultura y ganadería y también para el transporte de mercancías y personas. Si hay río, hay vida. Cuando el río se seca, malo: aparecen los problemas.
Por eso, a lo largo de los siglos quienes vivían alrededor de los ríos de Europa Central dejaron un mensaje de advertencia en el mejor lugar posible para el futuro: en esas piedras que quedaban expuestas cuando el nivel del agua era anormalmente bajo. Y este 2026 han vuelto a dejarse ver, junto a barcos nazis o hasta un mamut del pleistoceno.
Las piedras del hambre. Se llaman piedras del hambre por algo: igual que «año de nieves, año de bienes», si esas piedras quedaban a la vista en el cauce del río significaba época de hambruna. Estas piedras están principalmente en los cauces del Elba y el Rin y entre los siglos XV y XX son esencialmente pájaros de mal agüero para esos periodos de vacas flacas (literalmente).
El director del Museo Regional de Děčín, Vlastimil Pažourek, explica para la revista del Smithsonian que solían incluir iniciales de nombres y el año. El dato de la fecha tiene todo el sentido del mundo, ya que llama la atención ante riesgos futuros.
Este 2026 habemus piedras del hambre. Esta temporada ya han aparecido varias: entre ellas, una de las más veteranas y famosas, está en el distrito de Oberposta, en la localidad alemana de Pirna (a 24 kilómetros de Dresde) y tiene varias inscripciones que se remontan hasta 1707. En Leverkusen también se ha avistado otra cerca de la desembocadura de un afluente del río Rin. Y otra más en Dolní Žleb, cerca de la frontera alemana con la República Checa.
Son sorprendentemente exactas. Y ojo, porque aunque parezca algo del folklore popular, funcionaban como una suerte de registros hidrológicos primigenios antes de las mediciones con instrumental moderadamente rigurosos. Así, un paper que tomó como referencia 11 inscripciones de la piedra del hambre de Děčín (República Checa) grabadas entre 1868 y 1957, detectó desviaciones de menos de 4 centímetros respecto a los registros oficiales de la época.
Si me ves, llora. Volviendo a la ínclita piedra de Děčín, en 1904 el barquero y tabernero F. Mayer mandó grabar una inscripción sobre esta: «Si me ves, llora». Como cuenta Bernd Gross, una de las personas que más sabe del tema (y también, probablemente la que más y mejor ha escrito), es probable que se inspirara en otra piedra cercana, con el mensaje «Lloramos, lloramos, y tú llorarás», contaba a DW.
Mayer debió de ver el potencial turístico del hallazgo, ya que se cuenta que por aquel entonces instaló un grifo de cerveza y cobraba a quienes se acercaban a verla. El periódico Reichenberger Zeitung documentó en agosto de 1904 que grupos de curiosos se congregaban a diario junto a la roca, hasta el punto de que ese pisoteo constante amenazaba con borrar las propias inscripciones
Cada vez más a menudo. Este 2026 les hemos vuelto a ver la cara, pero antes ya se habían dejado ver en 2018 y en 2022. No es casualidad: el Observatorio Europeo de la Sequía llegó a catalogar el verano de 2022 como el más seco de los últimos 500 años, y ya en 2018 se había hablado de un episodio sin precedentes comparables en cinco siglos.
En pocas palabras: estamos batiendo récords de sequía cada vez más rápido. La Agencia Europea de Medio Ambiente así lo documenta, con especial incidencia en el sur del continente. Y la cosa no solo no mejora, sino que a lo largo del siglo cada vez vamos a ver esas piedras del hambre más a menudo.
Portada | Dr. Bernd Gross
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«Si me ves, llora». La sequía europea está haciendo reaparecer piedras grabadas hace siglos para advertir de futuras hambrunas
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Eva R. de Luis
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