Xataka – Hay un género de juegos sencillos y adictivos que están arrasando: los juegos incrementales. Y tiene todo el sentido

Hay un género de juegos sencillos y adictivos que están arrasando: los juegos incrementales. Y tiene todo el sentido

El videojuego es un medio interactivo. Incluso géneros como el de los ‘walking simulators’ tienen algunas de las mejores mecánicas de la industria (hay momentos de ‘What Remains of Edith Finch‘ o ‘Mixtape‘ que son impresionantes), pero hay un tipo de juegos que están hechos para que juguemos lo menos posible. 

Son los ‘idle games‘, juegos diseñados para que se jueguen solos o con la menor atención posible del jugador. Dentro del mismo género hay un girito: los juegos incrementales en los que hay cierta estrategia para conseguir ese objetivo de jugar cada vez menos y conseguir recompensas más gordas.

Tienen mucho tirón. Y también todo el sentido del mundo.

La psicología de los juegos hechos para que no juegues

Antes de nada, hay que dejar claros algunos conceptos. Los juegos incrementales son títulos diseñados para que los números dentro de la partida no dejen de crecer. De forma progresiva, conseguimos números más grandes, más recursos o más poder. Al principio, debemos prestar cierta atención, pero el fin es conseguir optimizar la partida para que no tengamos ni que mirar la pantalla.

‘Idle Slayer’ es un ejemplo de este tipo de juegos: el personaje avanza solo y nosotros sólo tenemos que prestar atención en ciertos momentos para ir optimizando la consecución de esos recursos, pero el muñeco avanza miremos o no miremos. Si prestamos atención, los recursos aumentarán más rápido, pero tampoco es totalmente necesario

cookie clicker

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Luego están los juegos incrementales. Estos ya son más activos y requieren que prestemos atención clicando en la pantalla o tomando decisiones frecuentes. El fin es el mismo: llegar a un punto en el que incluso haya sistemas que cliquen por nosotros priorizando la automatización.

Lo más normal es que los géneros se crucen porque, realmente, no están separados. ‘Idle Slayer’, ‘Cookie Clicker‘ (que puede ser el más famoso) o ‘AdVenture Capitalist’ son clickers al principio para terminar convirtiéndose en juegos ‘idle’ en el que el fin es el mismo: automatización de todo. 

¿Son grandes éxitos de ventas? Pues no están al nivel de las grandes producciones o de los juegos más jugados en todo momento en Steam, pero sí suelen tener comunidades de alrededor de 500 o 1.000 personas en todo momento. Son buenas ‘distracciones’ para tener ahí en un segundo monitor mientras hacemos otras cosas, con la satisfacción de ver cómo los numeritos en pantalla van subiendo poco a poco.

En definitiva: invertimos, tomamos decisiones con lo ganado y la idea es automatizar. Y lo más interesante de los juegos incrementales es, precisamente, la psicología detrás de los mismos.

En algunos estudios que se han hecho sobre este tipo de juegos (dos muy buenos son los de «Jugar para esperar» y «¿Ocupado haciendo nada? Qué hacen los jugadores en los idle games«) se detalla qué herramientas tienen para engancharnos y animarnos a «jugar». Las claves que destacan son:

  • Progreso continuo: aunque las acciones sean simples, vemos recompensas y tenemos una sensación constante de avance.
  • Refuerzo y anticipación: la espera no es vacía, ya que cuando conseguimos una recompensa, ya estamos planificando la siguiente.
  • Ciclo de la motivación: esperamos, cobramos el premio, reinvertimos para conseguir mejoras.
  • Planificación: la diversión no está en la recompensa inmediata, sino en la que conseguiremos en un futuro cuando esas inversiones den sus frutos.
  • Y la baja carga cognitiva: podemos retomarlos en cualquier momento y sirven para sesiones cortas.

Rusty's Retirement

Esas son las características principales por las que gustan estos juegos, pero luego están las palancas psicológicas que activan, esas «cosquillitas en el cerebro» que nos hacen querer seguir jugando. 

Aquí lo que entra en juego es el sistema de recompensa con esa sensación de «la próxima mejora está al caer, así que voy a echar cinco minutos más», pero también elementos como el efecto de acumulación que entra en juego cuando vemos multiplicadores que dan la sensación de eficacia personal y, sobre todo, que no tenemos que hacer caso.

Conocido como «delegación de la acción», el jugador externaliza ese trabajo al sistema y el placer a la hora de jugar viene, precisamente, porque los números se hacen más y más gordos sin que tengamos que esforzarnos, por lo que tenemos cierta satisfacción al sentir que el mundo avanza sin nuestra vigilancia, pero que nos está generando recompensas.

Puedes pensar que es dopamina vacía, pero la satisfacción y la atracción del género también viene marcada porque hay cierta planificación por nuestra parte. Con lo conseguido, compramos unas mejoras y no otras porque así vamos a conseguir las recompensas que buscamos. A su vez, esa satisfacción no viene sólo de la recompensa, sino de que sentimos que hemos tomado la decisión adecuada para conseguir dicha recompensa.

Aunque alguna vez he tenido épocas de «enganche» a alguno de estos juegos, realmente no son mi tipo. Como curiosidad sí, están bien, pero al final esos mecanismos y la dopamina que generan no hacen demasiada mella. Me gusta más la recompensa de un juego tipo ‘Diablo‘ o ‘Destiny‘ que, al final, se basa en lo mismo, pero con una interacción mucho más clara y directa por mi parte. Excepto ‘Rusty’s Retirement’, ese juego es espectacular y sí me he picado,

Ahora bien, entiendo perfectamente por qué estos juegos incrementales tienen tanto éxito. 

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Hay un género de juegos sencillos y adictivos que están arrasando: los juegos incrementales. Y tiene todo el sentido

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Alejandro Alcolea

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