Xataka – El veto a Fable 5 confirma lo que llevamos años temiendo: la IA no es un producto, es un arma. Y Europa no tiene ninguna

El veto a Fable 5 confirma lo que llevamos años temiendo: la IA no es un producto, es un arma. Y Europa no tiene ninguna

Hace unos días el Gobierno de España sacaba pecho anunciando que el proyecto de Sandbox Regulatorio de IA de la UE había sido un éxito. Es difícil entender por qué, pero mientras esos esfuerzos por regular se llevan inversiones notables (en este proyecto en particular, 4,3 millones de euros), hay una realidad cruda y contundente: 

España y la UE están a años luz de EEUU y China en materia de innovación en IA. Y ante esta situación, ¿cómo sobrevivirá la UE?

Cronología de los hechos. Eso ya era un problema antes, pero cada nuevo avance de los modelos frontera de EEUU o China hace que ese agujero parezca más y más grande. Lo hemos visto con lo que ha pasado con Claude Fable 5, que ha sido vetado tras la orden del Gobierno de los EEUU. La cronología reciente permite explicar lo ocurrido: 

  • 8 de abril de 2026: Anthropic lanza Claude Mythos Preview, un modelo que según ellos es tan potente en materia de ciberseguridad que evitan lanzarlo públicamente. Su capacidad se va confirmando por empresas como Mozilla, que es una de las privilegiadas en poder usarlo. 
  • 10 de junio de 2026: Anthropic lanza Claude Fable 5, una especie de versión capada de Claude Mythos Preview. El modelo es según los benchmarks todo un salto cualitativo, pero dispone de varias medidas de seguridad para evitar ser usado de forma malévola. Su disponibilidad fue inicialmente pública en los distintos planes (gratuito y de pago) de Claude.ai. A partir del 22 de junio, solo sería posible acceder a él a través de la API. Ese era el plan, al menos.
  • 12 de junio de 2026: El Gobierno de EEUU obliga a Anthropic a cerra el grifo y no permitir que nadie que no sea ciudadano estadounidense pueda acceder a Fable 5. Acto seguido Anthropic decide cortar el acceso a absolutamente todo el mundo a este modelo. 

La IA ya es un arma. Todo este desarrollo de eventos, aún en plena efervescencia, demuestra algo importante: la IA ha dejado de ser tan solo una herramienta para convertirse en un arma tecnológica. Es la confirmación de ese momento Oppenheimer al que ya aludimos en el pasado.

Momento Oppenheimer. Lo que ocurrió con la bomba atómica —una tecnología que el Gobierno de EEUU acabó apropiándose— ocurre en parte ahora con modelos como Fable 5: es el estado el que acaba teniendo potestad, lo queramos o no, para que el mundo pueda usarlo. Sus creadores, Anthropic, no tienen prácticamente ni voz ni voto a pesar de que ya intentaron defender su posición con el escándalo del Pentágono y el Departamento de Defensa.

Ya veré yo a quién le dejo usar la IA. La decisión de EEUU de cortar el acceso a un modelo de IA comercial es algo inaudito. Escudándose en la protección de la Seguridad Nacional, el Gobierno de este país ha decidido que Fable 5 era simplemente demasiado peligroso para que lo pudieran usar otros países. Ha ejercido un control absoluto sobre una tecnología inquietante, y lo ha hecho sin que nadie pueda hacer nada. Que el acceso a la IA pueda ser vetado de la noche a la mañana por imposición gubernamental vuelve a dejar claro que quienes invierten en esos modelos tienen una ventaja estratégica que puede ser definitiva.

China adopta otra postura. De hecho, China está de momento planteando una estrategia radicalmente opuesta: los modelos de IA de pesos abiertos son la norma entre sus grandes empresas y sus startups. DeepSeek, Qwen, Kimi o Xiaomi Mimo son algunos de los ejemplos claros de cómo es posible desarrollar modelos de IA avanzados con otro enfoque. De momento China no ha vetado ninguno de esos modelos, y todos ellos se han convertido en un gran recurso para que empresas de todo el mundo los mejoren y los usen. Lo hacen incluso empresas norteamericanas: el modelo Composer 2.5 de Cursor no es más que una versión derivada de Kimi 2.5

La IA como arma comercial. Lo que estamos viendo es otro episodio de la gran guerra comercial que a nivel tecnológico están manteniendo tanto EEUU como China. Ambas juegan con sus recursos para presionar a la otra parte —o al mundo entero—. Pero antes la presión la ejercían con cosas como los chips de IA avanzados o las tierras raras. Ahora EEUU ha decidido también que el propio software de IA (los modelos) son susceptibles de ser usados del mismo modo. Y las empresas que los desarrollan no parece que puedan hacer mucho al respecto.

España presume de lo que no debería. Pero como decíamos, en España lo que tenemos son anuncios de esfuerzos regulatorios. Es cierto que la intención seguramente es buena y que la idea es razonable (desarrollar la tecnología de forma responsable), pero ese foco ha demostrado ser un problema: mientras España presume de ser pionera en la aplicación de la regulación de la IA en Europa, nuestro país apenas sí tiene herramientas propias en este ámbito. ALIA, el modelo centrado en las lenguas cooficiales, sigue en un sorprendente segundo plano, y lo que sí tenemos es una agencia, AESIA, que de nuevo demuestra esa ambición por regular descuidando la otra parte: la de innovar.

Europa no está mucho mejor. Lo que ocurre en España es casi un reflejo de lo que estamos viendo en Europa. Solo la francesa Mistral está tratando de avanzar con modelos de IA propios, pero de momento sus desarrollos están muy lejos de los modelos frontera de EEUU o China. En España tenemos a Magnific, pero esta startup no es tanto desarrolladora de modelos propios como agregadora de los ya existentes en el terreno creativo. 

Bombas atómicas por un lado, tenedores por otro. Es probablemente exagerado comparar a Fable 5 con la bomba atómica, pero una cosa es clara: EEUU cuenta con modelos de IA que efectivamente están muy por encima de cualquier desarrollo europeo. Es en cierto sentido como si ellos tuvieran una bomba y Europa tratara de competir con un tenedor. Lo que los expertos llevan diciendo desde hace casi tres años es que el camino elegido por la UE es un error. Lo que hace falta es inversión en innovación, y no con proyectos gubernamentales, sino con apuestas por empresas privadas que imiten la estrategia y ciclos de las americanas o las chinas. Menos burocracia, más facilidades. 

Pero de momento, la UE no escucha. Como mucho, se queja.

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El veto a Fable 5 confirma lo que llevamos años temiendo: la IA no es un producto, es un arma. Y Europa no tiene ninguna

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Javier Pastor

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