Xataka – Europa tiene un plan de mierda (con perdón) para acabar con la crisis del fertilizante: estiércol
El bloqueo del Estrecho de Ormuz tras los ataques de EEUU e Israel sobre Irán ha tenido consecuencias que hemos notado desde el primer día, como la subida de los precios de combustible. Hay otras que amenazan en el horizonte y que son más temibles si cabe: según datos de Naciones Unidas, por allí pasa aproximadamente un tercio del comercio mundial de fertilizante y un 20% del GNL global, ingrediente imprescindible para fabricar fertilizantes nitrogenados.
Y el fertilizante es providencial para que lleguen a nuestra mesa alimentos de la huerta y de la granja. Europa, que fabrica la mayor parte de sus fertilizantes quemando gas natural importado, se encontró de la noche a la mañana con precios disparados y un horizonte muy negro. Con precios un 70% más altos que en 2024, a los agricultores no les salen las cuentas. Para los consumidores, parece claro que llenar la cesta de la compra va a ser más caro. Así que la Comisión Europea tiene un plan de contingencia: el Fertiliser Action Plan.
Una alternativa de mierda, literal. La propuesta central de Bruselas pasa por ampliar el reciclaje de purín y residuos agrícolas para convertirlos en fertilizante siguiendo el programa RENURE. La idea no es nueva: ya en 2024 la Comisión propuso modificar la Directiva de Nitratos para permitir que ciertos materiales fertilizantes derivados del estiércol ganadero funcionen como una alternativa a los fertilizantes químicos bajo ciertas condiciones.
De hecho, no es ni nuevo ni suficiente. Como resumía sin rodeos el eurodiputado Herbert Dorfmann: «el estiércol puede contribuir, pero nunca podrá sustituir a los fertilizantes a base de urea y nitrógeno». Desde un punto de vista técnico, esto es una realidad incontestable: los fertilizantes de síntesis producidos mediante el proceso de Haber-Bosch cuentan con densidades de nitrógeno disponible mucho más altas que las del digestato o el purín procesado.
Por qué es importante. Porque los fertilizantes nitrogenados son la base de la agricultura industrial moderna. Sin ellos, tener la oferta y la cantidad de productos que tenemos y a ese precio sería sencillamente imposible. De acuerdo con datos del Mosaic Crop Nutrition para producción agrícola en EEUU, los rendimientos medios del maíz caerían un 40% sin fertilizantes nitrogenados. Para el trigo, los estudios a largo plazo apuntan a caídas similares del 40%. En pocas palabras, es el pilar sobre el que se sostiene la capacidad de alimentar a la población del planeta.
La crisis de los fertilizantes vuelve a poner sobre la mesa la dependencia estratégica de Europa, en este caso de su agricultura, de combustibles fósiles (de terceros) y todo lo que su uso conlleva: contaminación del agua, el suelo y el aire, las emisiones de gases de efecto invernadero y los riesgos para la salud pública. Cada vez que hay tensiones geopolíticas en una región productora de gas, Europa tiembla ante la posibilidad de pasar frío o llegar a pasar hambre.
Contexto. Mencionábamos lo de pasar frío porque hace no demasiado tiempo que Europa miraba al abismo: el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania en 2022 trajo consigo el aumento del precio del gas y los fertilizantes, lo que provocó que agricultores del viejo continente redujeran el uso de abono (y por ende, bajar sus rendimientos). En ese momento la UE puso un parche y ahora, cuatro años después, se ve en el mismo escenario y con los mismos problemas estructurales.
El plan actual menciona soluciones necesarias como mejorar la gestión de nutrientes o fomentar la agricultura ecológica (el eurodiputado ecologista Thomas Waitz también ha dicho alto y claro que Europa es adicta a los fertilizantes derivados de combustibles fósiles), pero no hay acciones concretas ni obligaciones. Insistimos: RENURE no es algo nuevo, cuando la Comisión lo propuso hace un par de años ya contaba con el respaldo de España, Países Bajos, Bélgica y Rumanía, entre otros. Eso sí, su aplicación estaba en punto muerto por cuestiones regulatorias.
Cómo lo quieren hacer. El mecanismo consiste en modificar la Directiva de Nitratos de la UE para permitir aplicar más digestato en los campos agrícolas, poniéndolo a la altura de los fertilizantes minerales. El digestato es lo que queda tras fermentar el purín en plantas de biogás: contiene nitrógeno, fósforo y potasio, aunque en concentraciones y formas de asimilación notablemente más bajas a las del fertilizante sintético. En paralelo, el plan menciona medidas como mejorar la gestión integrada de nutrientes y promover una transición hacia la agricultura ecológica, aunque sin compromisos concretos ni calendarios vinculantes.
Sí, pero. El gran problema de fondo es que a Europa no le falta nitrógeno, más bien al contrario. De hecho, la UE ya tiene más nitrógeno del que sus suelos pueden absorber de forma segura, lo que favorece la eutrofización y deterioro de ríos y lagos, además de emisiones de amoniaco y la contaminación de aguas potables. Echar más purín a suelos que ya están saturados ni es una solución ante el desabastecimiento (y los precios) ni es bueno para el medio ambiente. Un informe reciente de UNECE calcula que Europa desperdicia entre 20.000 y 60.000 millones de euros en recursos de nitrógeno cada año, mientras que los costes ambientales y sanitarios derivados de la contaminación por exceso de nitrógeno alcanzan, según la propia Comisión Europea, entre 70.000 y 320.000 millones de euros anuales.
La verdadera solución pasa por desengancharse del gas fósil a largo plazo (y tener planes similares a los que hay con el petróleo, con contratos largos, diversificación y reservas estratégicas) y apostar por tecnologías alternativas como el amoniaco verde. En ese escenario el purín puede tener su papel en una economía circular, pero desde luego que no es un parche de emergencia.
Portada | Daniel Quiceno M y Markus Spiske
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Europa tiene un plan de mierda (con perdón) para acabar con la crisis del fertilizante: estiércol
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Eva R. de Luis
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