Xataka – Habíamos visto muchos brotes de ébola en África central, probablemente ninguno como este

Habíamos visto muchos brotes de ébola en África central, probablemente ninguno como este

Tras la crisis que hemos vivido en España a raíz de una cepa de hantavirus, la noticia se ha trasladado a África y más concretamente a la República Democrática del Congo debido al brote del virus del Ébola en su cepa conocida como Bundibugyo y que, a diferencia de epidemias recientes, no tiene ni vacuna ni tratamiento aprobado. 

Una respuesta. La propia OMS ha declarado el brote en África central como una emergencia de salud pública de importancia internacional, y no es para menos, puesto que en los últimos reportes se contabilizan más de 800 casos entre sospechosos y confirmados. Pero además, en la República Democrática del Congo se ha saldado con 180 muertes y el problema es que este virus ha pasado hacia Uganda. 

Lo que hace que este brote sea calificado por los expertos como una auténtica «pesadilla logística» no es solo el número de contagios, sino la naturaleza del enemigo. 

El talón de Aquiles. Cuando pensamos en el Ébola y en los avances médicos logrados tras la devastadora epidemia de 2014-2016, solemos referirnos al Zaire ebolavirus. Para esa cepa, la ciencia logró desarrollar vacunas altamente efectivas en su momento, pero el nuevo brote está siendo impulsado por la cepa Bundibugyo, para la que no tenemos ningún arsenal farmacológico, ya que ambos virus comparten solo entre un 60-70% de su material genético. Es decir, las vacunas actuales no sirven. 

De esta manera, sin posibilidad de vacunar a todas las personas que han estado en contacto con una persona que está infectada para cortar la transmisión de raíz, los equipos médicos se han quedado sin su herramienta de contención más poderosa. Y aunque existen candidatas a vacunas experimentales, los expertos de la OMS calculan que su producción a escala para ensayos clínicos podría tardar entre seis y nueve meses.

Su complejidad. A la falta de arsenal médico se suma un contexto operativo extremadamente complejo, ya que el origen del brote en la región de Ituri se complicó por un presunto evento «superpropagador» y por fallos iniciales en el diagnóstico. Y no es porque falte conocimiento, sino porque los síntomas iniciales del ébola son muy inespecíficos al ser fiebre, fatiga o dolor muscular, por lo que literalmente puede ser cualquier cosa. 

Es cuando ya se desarrollan los síntomas más graves del ébola cuando ya se piensa en este diagnóstico, pero a veces ya es demasiado tarde. Además, uno de los métodos diagnósticos, como es la prueba PCR, no está disponible sobre el terreno de manera amplia al ser técnicas muy caras y complejas. 

No lo vemos todo. Aunque se nos traslada que estamos ante un gran problema de salud pública, es posible que solo estemos ante la ‘punta del iceberg’. Aquí algunos expertos apuntan a que el subregistro de casos, sumado a la violencia de grupos armados en la región que impide el acceso de los trabajadores sanitarios, dibuja un escenario donde el aislamiento y el rastreo de contactos rozan lo imposible. 

Debemos tener en cuenta que el acceso al sistema sanitario en estas regiones es bastante reducido, y es por ello que puede haber existido alguna muerte en el ámbito del hogar sin que se haya reportado porque se ha confundido con otra enfermedad endémica. Y aunque el riesgo a nivel global es bajo, la verdad es que se necesita una respuesta inmediata antes de que la crisis adquiera dimensiones irreversibles. 

Imágenes |  Gani Nurhakim   National Institute of Allergy

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La noticia

Habíamos visto muchos brotes de ébola en África central, probablemente ninguno como este

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José A. Lizana

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