Xataka – Escribió varios bestsellers sobre productividad. Ocho años después reniega de ella: «Nuestra definición está rota»
Cal Newport lleva décadas obsesionado con la productividad. Y sí, ‘obsesionado’ es la palabra: un profesor titular de ciencias de la computación de Georgetown no publica tres libros en menos de un lustro si no tiene una fijación casi enfermiza con el tema.
En muy poco tiempo, se convirtió en uno de los ‘gurus’ más reconocidos del campo y sus trabajos (‘Deep Work‘, ‘Digital Minimalism‘ o ‘A world without email‘) podían encontrarse en aeropuertos de todo el mundo.
Luego, un día, de repente, vio la luz.
¿Y si todo es una enorme tomadura de pelo? Newport no lo dice exactamente así, claro. Pero, como veréis en seguida, está en el subtexto de todo lo que dice en los últimos tiempos. Porque bajo la idea de que solo está pasando del ‘consejo individual’ al ‘diagnóstico estructural’, hay otra cosa: un problema de base.
¿Qué es realmente la productividad? Según explica Newport, en la fábrica o en el campo, la productividad era medible y fácilmente comparable. Henry Ford, por poner el ejemplo más evidente para un norteamericano, pudo justificar las enormes inversiones que requerían sus cadenas de montaje continua porque tenían cifras, datos.
El problema es que el mundo ya no funciona así. A mediados del siglo XX, los trabajadores del conocimiento empezaron a convertirse en la fuerza de trabajo más pujante y la medición de su productividad es mucho más esquiva. Y, para solucionarlo, las organizaciones recurrieron a un atajo: si te veo trabajando, asumo que estás siendo productivo.
O, por usar las palabras de Newport, hemos usado una definición de productividad que no es más «el uso de la actividad visible como aproximación grosera al esfuerzo útil».
Y luego llegó la pandemia. Para nuestro experto el COVID fue el punto de inflexión. La ansiedad vital, los trabajadores agotados, las llamadas de zoom encadenadas, la renuncia silenciosa… el mundo llevaba años centrado en ‘performar el estar ocupado‘ y, de repente, no había nadie mirándote. De repente, nada de lo que hacíamos tenía sentido.
Pero como nos ha enseñado la psicología conductual, cuando algo que solemos hacer deja de funcionar, nuestra primera reacción no es dejar de hacerlo. Es hacerlo con más fuerza, más a menudo, con más insistencia. Estos seis años nos han demostrado que era una vía muerta.
¿Y qué hacemos? Para Newport, la respuesta es clara y se basa en tres principios: hacer menos cosas, trabajar a un ritmo más natural y obsesionarse con la calidad, con el valor, con la excelencia.
Si lo que hacemos se ha convertido en un proxy malicioso que solo acaba por quemarnos, hay que dejar de hacerlo. Newport lo llama ‘productividad lenta’ porque, como decía, está obsesionado con la productividad; pero también porque, en el fondo, no deja de estar en el mismo esquema.
Porque, en fin, ¿quién puede decidir trabajar menos? Como denunciaba Vivian Song, «Newport apenas responsabiliza a quienes diseñan la cultura del agobio». O, en palabras de Joshua Kim, «la ‘slow productivity’ es menos una estrategia laboral que un marcador de privilegio».
Lo interesante de todo esto es el diagnóstico, el reconocimiento (desde el mismo corazón de la industria editorial del management) de que lo que hacemos no funciona. Ahora queda tomarnos en serio el problema y buscar una solución que realmente sirva para todos.
Imagen | Andreas Klassen
En Xataka | «No hacer nada» es una técnica estupenda para mejorar tu productividad. La neurociencia lo tiene claro
–
La noticia
Escribió varios bestsellers sobre productividad. Ocho años después reniega de ella: «Nuestra definición está rota»
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Javier Jiménez
.


