Xataka – Europa tira 16.000 millones al año en basura electrónica. España acaba de encender el primer horno de Europa para recuperarlos
Esos móviles, ordenadores y pequeños dispositivos que están criando polvo en un cajón y que acaban en un vertedero albergan minerales valiosos como cobre, plata y platino en su interior, que también terminan allí. Cada año en el estado español se tira casi 930.000 toneladas de Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos (RAEE), lo que convierte a España en el sexto estado del continente en generación de este tipo de residuos, según datos del E-waste Monitor de la ONU para 2024.
De ellos, menos de la mitad son los residuos documentados y reciclados. En un contexto en el que las tierras raras y los minerales críticos son un recurso estratégico del que Europa quiere lograr la soberanía, España ha dado un paso adelante con una planta piloto del CSIC pionera en el viejo continente: un horno capaz de fundir esa basura electrónica para extraer de ella metales valiosos.
El horno pionero. Hace escasos días el Centro Nacional de Investigaciones Metalúrgicas del CSIC inauguró en Madrid la primera planta piloto europea capaz de recuperar metales críticos de residuos electrónicos mediante un horno de lanza sumergida, que supera los 1.200 °C para fundir los residuos electrónicos. El hito se formalizó con la primera colada experimental de metales obtenidos directamente de basura electrónica y consiguió materiales como cobre, oro, plata y platino de forma limpia y eficiente.
En los hornos convencionales el calor llega desde el exterior, pero en este se introduce una lanza metálica que inyecta oxígeno y combustible directamente dentro del baño fundido, lo que genera una turbulencia intensa que mezcla y homogeneiza el material, acelera las reacciones químicas y mejora la eficiencia energética.
Por qué es importante. Porque Europa genera cada año millones de toneladas de residuos electrónicos que contienen cobre, oro, plata, platino y minerales estratégicos necesarios para la transición energética y la digitalización. Una parte de ellos no se recupera: se pierde o se aprovecha fuera del continente. La instalación en cuestión es un avance en pirometalurgia avanzada y la gestión de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que evidencia que es posible tratar esta basura en Europa, evitando así que el valor económico asociado salga del continente, lo que permite reincorporar las materias primas a la propia cadena productiva europea.
Además, conecta directamente con la Ley de Materias Primas Críticas de la Unión Europea, que fija que al menos el 25% de las materias primas críticas que consuma la UE para 2030 deberán proceder del reciclaje. La UE depende a día de hoy en gran medida de importaciones de materias primas críticas, a menudo de un único proveedor, lo que supone un riesgo geopolítico grave en forma de dependencia en sectores estratégicos como las energías renovables, la digitalización y la defensa.
Contexto. La generación de RAEE está desbocada y batiendo récords. Según el observatorio internacional de residuos de la ONU, en 2022 el mundo generó 62 millones de toneladas, un 82% más que en 2010, pero menos que en 2030, cuando la cifra estimada es de 82 millones de toneladas. Europa se lleva la palma: en 2022 fue la región con mayor volumen de RAEE por habitante con 17,6 kg por persona, de los que solo se recuperaron 7,3 kg.
Pero esa basura es dinero: el E-Waste de la ONU cuantifica el valor económico de esos 62 millones de toneladas en 91.000 millones de dólares al año. Si de ese total global de RAEE, 13 millones de toneladas de basura al año pertenecen a Europa. Calculado de forma proporcional, equivaldría a perder unos 19.000 millones de dólares anuales por gestionar mal estos materiales (unos 16.340 millones de euros al cambio). Mientras buscamos yacimientos y aceleramos su explotación en un sector dominado por China, tenemos un yacimiento pendiente de aprovechar: la mina «urbana» con el reciclaje de RAEE.
Cómo funciona. El horno de lanza sumergida se basa en el proceso ISASMELT, de modo que los materiales en bruto solo necesitan mezclarse previamente, no hace falta molienda fina ni secado, lo que simplifica la alimentación con materiales tan heterogéneos como los RAEE. La separación de materiales se basa en la diferencia de densidades: una vez fundido el residuo, el cobre y los metales preciosos como el oro o la plata tienden a hundirse al fondo del reactor por su mayor densidad, mientras que la escoria (lo que es no metálico) flota en la superficie, lo que hace que la extracción sea sencilla.
El proyecto ha sido posible gracias a una colaboración público-privada entre el CENIM-CSIC y dos empresas, la gigante europea de fundición de cobre Atlantic Copper y la metalúrgica Glencore Technology.
Sí, pero. La instalación del CENIM es una planta piloto, no una planta industrial, y ese salto en pirometalurgia no es pequeño precisamente: hay que resolver cuestiones de ingeniería como la gestión de los gases emitidos en el proceso o la vida útil de los materiales refractarios del horno, entre otros. Y puede que este proyecto encuentre su marco político en la Critical Raw Materials Act, pero esta es más una declaración de intenciones que otra cosa: no tiene hoja de ruta ni tampoco ha dispuesto de fondos nuevos para acelerar estas iniciativas.
Sin embargo, el problema más gordo no está en el horno, sino en el reciclaje o la ausencia de este: el 46% de los RAEE y los materiales críticos que albergan se pierden antes de llegar a cualquier instalación de reciclaje, simplemente porque la recogida es deficiente. De poco sirve desarrollar una tecnología de recuperación con alta eficiencia si la basura electrónica acaba mezclada con residuos orgánicos en el contenedor marrón. O si es exportada fuera de Europa. El auténtico cuello de botella sigue siendo la recogida.
Portada | yasin hemmati y Nathan Cima
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Europa tira 16.000 millones al año en basura electrónica. España acaba de encender el primer horno de Europa para recuperarlos
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Eva R. de Luis
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