Xataka – 50 buques semanales de la flota fantasma en Canarias: sabíamos que a los rusos les gusta viajar a las islas, pero no tanto

50 buques semanales de la flota fantasma en Canarias: sabíamos que a los rusos les gusta viajar a las islas, pero no tanto

Desde el sabotaje del gasoducto Nord Stream en 2022, las infraestructuras submarinas han pasado a convertirse en prioridad absoluta en materia de seguridad de la OTAN. Ese episodio dejó en evidencia tanto su vulnerabilidad como la falta de herramientas legales para protegerlas. Ahora el Gobierno de España acaba de publicar el Informe Anual de Seguridad Nacional 2025 donde deja claro que los cables submarinos de telecomunicaciones son ya una de las principales preocupaciones estratégicas. Y el motivo es concreto: durante 2025, la presencia de barcos rusos cerca de las costas canarias se multiplicó por cinco.

El descubrimiento. Sin lugar a dudas lo que más llama la atención del informe es que en 2025 se ha quintuplicado la presencia de barcos rusos cerca de las costas canarias. La Armada, a través de su Centro de Operaciones y Vigilancia de Acción Marítima (COVAM), detecta cada semana alrededor de 50 buques de este tipo en aguas del estado, principalmente en Canarias, el mar de Alborán y el Estrecho de Gibraltar.

Es lo que conocemos como «flota fantasma» rusa: no navegan bajo bandera rusa, sino bajo banderas de conveniencia con seguros opacos. Y su misión oficial es transportar petróleo de origen ruso, venezolano e iraní con destino a Asia, evitando así las sanciones internacionales. La Agencia Europea de Seguridad Marítima lleva años rastreando este fenómeno en sus informes de vigilancia.

Por qué es importante. Los cables submarinos mueven aproximadamente el 99% del tráfico de internet, lo que incluye datos sensibles, sistemas financieros y militares y España es un nodo clave en las rutas que conectan Europa con América y África, como puede verse en el Google Maps de los cables submarinos. En pocas palabras, cualquier daño sobre estas infraestructuras tendría consecuencias directas e inmediatas. 

La Comisión Europea ya lo contempla en su reciente Plan de Acción, donde menciona desde sabotaje físico hasta ciberataques y amenazas híbridas. Los países bálticos ya han alertado a la OTAN de este tipo de flotas para provocar interferencias GPS y dañar cables e infraestructuras energéticas. Y eso sin hablar del riesgo medioambiental: el mal estado de muchos de estos buques hace probable un vertido accidental en zonas tan sensibles como Canarias. 

Contexto. Esta intensa actividad se enmarca dentro de la estrategia de guerra híbrida rusa en Europa, acciones hostiles dentro de la zona gris, una especie de piedras en el zapato que quedan por debajo del umbral del casus belli. Las infraestructuras submarinas, por su inherente vulnerabilidad, son el blanco perfecto. 

El informe del DSN reconoce que España no es el objetivo principal de Rusia, pero que la creciente presencia de esta flota en el Mediterráneo occidental añade riesgos que no pueden ignorarse. De hecho, ya hay precedentes como el corte de cables en el Báltico que evidencian que la amenaza es real y no algo teórico.

La respuesta de España. El estado español ha reforzado la vigilancia a través de varios sistemas. El más visible es el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) de la Guardia Civil, diseñado para detectar y seguir embarcaciones sospechosas en tiempo real. A esto se suman patrullas oceánicas de la Armada y una coordinación activa con la Agencia Europea de Seguridad Marítima. El Departamento de Seguridad Nacional insiste en que España debe mantener la resiliencia tecnológica y la vigilancia permanente para evitar que un incidente, fortuito o provocado, derive en una crisis mayor. 

Sí, pero. Sin embargo, el propio informe advierte que los medios actuales de detección no van acompañados de una capacidad de respuesta equivalente. Es decir, que no hay mecanismos de defensa suficientes, por lo que la vulnerabilidad sigue existiendo. 

Una de las razones está en el marco legal: la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar limita enormemente la capacidad de los Estados para interceptar o inspeccionar embarcaciones extranjeras en aguas internacionales sin un motivo jurídico concreto. En pocas palabras: España puede vigilar, pero no actuar de forma preventiva. El Plan de Acción de la UE intenta cerrar esa brecha, pero por el momento el estado carece de instrumentos legales frente a una amenaza que se mueve en esa zona gris entre la legalidad y el sabotaje.

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Portada | Foto de Thomas Dorgler en Unsplash


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50 buques semanales de la flota fantasma en Canarias: sabíamos que a los rusos les gusta viajar a las islas, pero no tanto

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Eva R. de Luis

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