Xataka – No todos los robots humanoides quieren parecer humanos: Sprout ha sido diseñado con otro objetivo en mente

No todos los robots humanoides quieren parecer humanos: Sprout ha sido diseñado con otro objetivo en mente

La robótica humanoide lleva años alimentando la misma promesa: cuanto más se parezca un robot a una persona, más útil y más natural será a nuestro lado. Por eso hemos aprendido a asociar los humanoides con cuerpos cada vez más estilizados, movimientos cada vez más realistas y una estética que busca borrar la frontera entre máquina y asistente. Sin embargo, esa carrera hacia el parecido no es la única dirección posible. En este contexto han empezado a aparecer propuestas con un objetivo distinto: diseñar robots que no intenten impresionar por su fuerza o agilidad, sino por su capacidad para resultar seguros y cercanos.

El robot. Fauna Robotics ha presentado Sprout, un robot humanoide con un planteamiento distinto al que suele dominar la conversación. En lugar de prometer un “robot persona”, la compañía insiste en algo más concreto: construir un humanoide capaz de estar cerca de gente y funcionar con seguridad en espacios humanos. Su idea es que el futuro de la robótica no se juega solo en la fábrica, sino en casas, colegios, oficinas y lugares de paso, donde la interacción importa tanto como la capacidad mecánica. Y ahí, sostienen, el parecido con un ser humano no lo es todo: para ganarse un lugar en ese entorno, Sprout necesita moverse con control, evitar situaciones peligrosas y comunicarse de manera comprensible, con gestos y señales que inviten a acercarse, no a apartarse.

Diseño blando y a escala humana. Sprout mide 107 cm y pesa 22,7 kg, lo bastante compacto como para que una sola persona pueda moverlo y manipula. Esa escala no es accidental. Fauna Robotics lo describe como un robot ligero, silencioso y suave al tacto, con un exterior acolchado que prioriza el contacto seguro. La empresa asegura que el diseño evita puntos de pinzamiento y bordes afilados, dos detalles importantes cuando un robot comparte espacio con humanos. Y remata la idea con una decisión poco habitual en esta categoría: un rostro expresivo, con cejas articuladas y una matriz LED facial que no está ahí para decorar, sino para comunicar intención.

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En detalle. El autómata tiene 29 grados de libertad, es decir, un número alto de articulaciones y movimientos posibles para caminar y manipular objetos. Monta, además, un ordenador basado en NVIDIA Jetson AGX Orin con 64 GB de memoria y un SSD de 1 TB, pensado para ejecutar percepción y control a bordo. En sensores, incluye visión estereoscópica, varios sensores de profundidad para medir distancias y un sensor inercial en el torso para orientación y equilibrio. En locomoción se habla de piernas de 5 grados de libertad y pies de bajo impacto. La batería es intercambiable, con entre 3 y 3,5 horas de autonomía.

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En lugar de entregar un cuerpo y dejar al comprador resolver el resto, la compañía asegura que su humanoide integra ya movimiento, control y comportamientos sociales listos, además de percepción, navegación y mapeo para operar en el mundo físico. A eso añade conversación guiada por interacción y expresiones dinámicas, que son la base de su enfoque “social”. Es una manera de reducir el listón de entrada: si el robot ya se mueve, ya se orienta y ya reacciona, el trabajo del desarrollador pasa a ser el interesante, crear aplicaciones, probar interfaces de voz o explorar nuevas formas de interacción humano-robot.

Pensado para que otros construyan encima. La estrategia de Fauna Robotics con Sprout es, por ahora, menos “robot doméstico” y más “herramienta para crear robots”. La compañía lo ofrece primero como plataforma para desarrolladores, investigadores y universidades, un tipo de comprador que suele acabar atrapado en el mismo cuello de botella: tener una buena idea, pero no el presupuesto ni el tiempo para levantar un humanoide completo. Sprout busca resolver ese punto de partida. Fauna lo presenta como un lienzo modular sobre el que desarrollar manipulación, planificación de tareas e interacción, con un enfoque casi de comunidad: alguien resuelve un problema, lo comparte, y el siguiente equipo puede centrarse en el paso siguiente.

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¿Una nueva categoría? Si miramos a los humanoides más conocidos, se ve rápido que la forma es solo una parte de la historia. Atlas, de Boston Dynamics destaca por su versión eléctrica que apunta a usos industriales. Optimus, de Tesla, se mueve en el terreno del propósito general, con la idea de asumir tareas repetitivas o poco seguras. Figure 02, de Figure AI, apunta también a industria y fuerza laboral comercial, con pruebas en una planta de BMW. En China, Unitree empuja la democratización con el G1, un humanoide de precio bajo orientado a educación e investigación, mientras que Walker S2, de UBTECH, ya se prueba en la frontera con Vietnam. En Europa, Neo (Beta), de 1X, representa la ambición de un robot doméstico más seguro. Sprout se sitúa cerca de esa última idea.

Precio y disponibilidad. Sprout no se presenta como un robot de consumo, y eso también se nota en cómo se ofrece. Fauna Robotics lo enmarca dentro de una edición orientada a creadores y desarrolladores (Creator Edition). En cuanto al precio, se ofrece por 50.000 dólares. A partir de ahí, conviene no rellenar huecos: la compañía no detalla un calendario público de entregas masivas ni plantea, por ahora, un despliegue para hogares al estilo de un electrodoméstico.

Imágenes | Fauna Robotics 

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No todos los robots humanoides quieren parecer humanos: Sprout ha sido diseñado con otro objetivo en mente

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Javier Marquez

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