Xataka – La Unión Europea quiere que empecemos a comer insectos. Y una parte de los españoles está más que dispuesta

Hace unos meses, el Gobierno presentaba un texto parlamentario en el que consideraba a los insectos como «un nuevo alimento seguro». El Ejecutivo hacía hincapié en que su consumo carece de cualquier tipo de riesgo asociado a la salud y que permite tener una dieta más saludable y sostenible con el medio ambiente. Lo hacían después de que la UE haya emprendido un camino hacia una aceptación más generalizada de esta práctica. En España, de hecho, tenemos ahora la fábrica de insectos más grande de Europa. Y cada vez más ciudadanos se han mostrado abiertos a incluir estos en sus dietas.

Es una realidad que no queremos ver. A pesar del rechazo que causa la entomofagia en muchas personas, los insectos son consumidos como comida en muchas regiones del mundo. Platos como la cucaracha frita, el saltamontes con miel, la araña negra, los gusanos de bambú, las larvas cocidas, los escarabajos, las hormigas rojas o los grillos encebollados son aperitivos en países como México, Camerún, China, Japón, India, Uruguay, Egipto, Sudáfrica, Marruecos, Somalia o Australia. La palma se la lleva Tailandia, donde es muy normal ver puestos callejeros con brochetas de escorpiones o escarabajos.

La Unión Europea está dispuesta. Aunque es aún raro ver algo parecido en Occidente, la Unión Europea ya ha aprobado varios insectos para el consumo humano, incluyendo el gusano de la harina (desde 2021), la langosta migratoria (desde 2021), el grillo doméstico (desde 2022) y el escarabajo del estiércol (aprobado en enero de 2023). De hecho, tras la entrada en vigor del Reglamento (UE) 2015/2283, del Parlamento Europeo y del Consejo, todo lo relativo a los nuevos alimentos o la evaluación del riesgo asociada a los insectos la realiza la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Y esta señala que el consumo alimentario de los bichos autorizados no supone preocupación alguna.

¿Y en España? También se va notando cierta tendencia, sobre todo por la globalización y una sociedad cada vez más turista. La prueba la encontramos en un estudio realizado por Nestlé en 2021 que concluye que el 19% de los españoles estaría dispuesto a incorporar insectos a su dieta como una alternativa más respetuosa con el medioambiente. Eso sí, en dicho análisis la mayoría de encuestados manifestaron la preferencia de que el insecto esté integrado en el producto, sin ser notorio o distinguible. No obstante, algunos supermercados españoles ya los comercializan.

Y es ahí donde entra en juego la gran brecha cultural existente. En España, a diferencia de otros países asiáticos o africanos, no existe ni tradición ni costumbre. «La gente muchas veces piensa que son insectos recogidos en la calle, pero no es así, ya que son productos autorizados que se crían en granjas especializadas para consumo humano con todos sus controles sanitarios», afirmaba en este artículo de El Español el dueño de Insectum, una tienda online dedicada a la venta de insectos que incluso abrió un puesto físico en el mercado de Ruzafa de Valencia.

La mayor fábrica del mundo está aquí. Es esta aceptación (aunque lenta) la que ha dado alas en nuestro país a que se lleve a cabo la fábrica de insectos más grande de Europa, que se inaugurará en 2024 en Salamanca. Tebrio se dedica a la cría y transformación del gusano de harina, donde esperan producir hasta 100.000 toneladas. Sus creadores comenzaron un experimento en el baño de su casa y poco a poco se ha convertido en un imperio impulsado por la urgencia global de encontrar alternativas sostenibles para la producción de alimentos.

Eso sí, de momento la gloria de Tebrio no viene de la mano del consumo humano. Su auge se deriva del auge de la alimentación animal, ya que de esta manera se evita importar alimentos desde otros países (y se reduce la huella de carbono) y la producción de fertilizantes (lo que previene el uso de químicos). «Al final, un pez, un ave o un cerdo están acostumbrados a comer insectos cuando están en la naturaleza», señalan los creadores.

Ventajas. Aún así, el consumo de insectos comestibles para los humanos podría suponer, según una gran cantidad de estudios, una fuente alternativa de proteínas a las carnes convencionales y de micronutrientes como el cinc, el calcio o el hierro. Además, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la cría de insectos emite considerablemente menos gases de efecto invernadero en comparación a la mayoría de ganado convencional y utiliza una menor cantidad de agua.

Por otro lado, los insectos poseen tasas de conversión muy eficientes. De media, solo son necesarios 2 kilos de alimento para producir un kilo de masa de insecto, mientras que para el ganado es necesario 8 kilos de alimento para producir un 1 kilo de aumento de peso corporal. Los beneficios están ahí. Ahora la cuestión sigue siendo otra: ver quién se mete un bicho en la boca.

Imagen: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

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La Unión Europea quiere que empecemos a comer insectos. Y una parte de los españoles está más que dispuesta

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por
Albert Sanchis

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