Xataka – Esta fábrica de caramelos llegó a vender sus dulces al Congreso. Después de 175 años acaban de salvarla de su muerte

Esta fábrica de caramelos llegó a vender sus dulces al Congreso. Después de 175 años acaban de salvarla de su muerte

Un caramelo duro, color ámbar, que cruje entre los dientes y sabe a postre de abuela. Azúcar tostado y yema confitada, aunque los de anís eran mis favoritos. Pues ese sabor estuvo cerca de extinguirse en julio de 2026, cuando la fábrica La Elisa, en Hellín (Albacete), entró en liquidación, con casi toda la actividad paralizada. Era una de las más míticas del país. Pero no todo iban a ser malas noticias, cierres, despidos o desahucios: la fábrica seguirá en pie porque tres empresarios han decidido darle una segunda vida y “cuidar su legado”.

1850. Y tanto, porque la fábrica es antiquísima, de cuando Hellín ya tenía una pastelería llamada Confitería La Esperanza. El negocio pasó al matrimonio formado por José María García Moya y Elisa Arsenal Collados y, en 1905, con Alfonso XIII en el trono, la casa obtuvo el título de proveedora de la Casa Real.

El nombre de La Elisa no es por Beethoven; llega en 1913 en honor a la propia Elisa Arsenal. Después tomaría el relevo el hijo de la pareja, Eusebio García Arsenal. Desde aquel primer obrador han pasado ya 176 años. Hacía competencia a La Pájara, otra fábrica de caramelos fundada por Juan Losada García, que también sigue viva y coleando.

89.158 euros. Esa cifra fue el valor que el plan de liquidación dio a la maquinaria y las existencias. Los créditos contra la masa sumaban 51.501 euros más, con posibles indemnizaciones por despido incluidas. La sociedad entró en concurso de acreedores a finales de 2025. El administrador concursal prefería vender la unidad productiva entera. Su plan B era subastarla por lotes: línea de turrón, línea de caramelos y vehículos. Ese plan B era el final.

Dos meses. Eso sí, la apertura de la liquidación no extinguió la actividad de forma automática, y la empresa mantuvo a parte de la plantilla con un trabajo limitado mientras el administrador buscaba comprador. El objetivo era conservar instalaciones, maquinaria y empleo para vender el conjunto. Entre la noticia de la liquidación, el 19 de julio de 2026, y la del rescate, el 26 de septiembre, pasaron 69 días de tensión.

Sweet Nougat. Los compradores, uno de Hellín y dos de Albacete, se agrupan bajo ese nombre. Uno de ellos, Mariano Carreres, cuenta que las demás ofertas se centraban en la maquinaria. Ellos compraron marca y producción a la vez. Carreres es economista y le incomoda que un concurso termine con la capacidad productiva: las máquinas se van y ya no se fabrica en el lugar. Define la operación como «un proyecto muy dulce«.

Congreso

Los del Congreso. El producto que sacó a la marca de la provincia fue el caramelo de yema. Un diputado de la época lo llevó a las Cortes. Entonces existía una partida presupuestaria específica para caramelos y confituras. El público terminó llamándolos, sin más, los del Congreso. Los dulces de Hellín “calmaban la carraspera” de los parlamentarios en los debates largos. 

Nadie lo compra por nutrición: según la etiqueta, son 396 kilocalorías por 100 gramos, 98,6 g de hidratos de carbono, 74,1 g de azúcares y 0 g de proteína. Es azúcar con un toque de huevo. En fin, el regalo duró hasta 1916, cuando el Gobierno recortó el gasto en confituras. 

Una caja de La Elisa forma hoy parte de los objetos de historia parlamentaria que muestra el Congreso. También producen caramelos sin azúcar, claro, como el de café. Y se suman el Elisín de eucalipto, el de regaliz, los crocant (con almendras o de avellana) y otros muchos, como las bolas ácidas, los de miel y romero o los de sésamo. En total tienen un catálogo de más de 30 opciones.

El branding. Caramelos cilíndricos de anís, fresa, limón y plátano, envueltos en papel blanco y letras rojas. No podría ser más sencillo y directo (una especie de reverso claro a las pastillas Juanola de Barcelona). En la década de 1960, la familia Requena compró la empresa y la llevó a escala industrial. En 1985 empezó a fabricar caramelos rok, esos con dibujos, letras o logotipos dentro. Se le atribuye el mérito de ser la primera en hacerlo de forma industrial. También comenzó a elaborar turrones y peladillas.

Un final poco habitual. Rescates así no abundan. Ya relatamos la historia del jabón Lagarto, que pasó del polígono Malpica, en Zaragoza, a Illescas (Toledo). O el caso inverso, de la juguetería más antigua de Málaga, que no pudo esquivar el paso del tiempo. La Elisa se salva y espera impulsarse con los productos tradicionales que le dieron fama.

La prioridad es corregir las deficiencias que dejaron los meses de parálisis y reactivar la producción cuanto antes. La operación subroga a los 3 trabajadores que quedaban en la plantilla. Carreres estima que hasta 8 podrían quedarse vinculados a la empresa. Nietos que meten la mano en el bolsillo del abrigo de su abuelo, tardes de domingo frente a un mostrador. La Elisa ha sido una mítica y, si todo va bien, podría seguir siéndolo desde la Avenida Libertad 121 durante otro siglo.

Imágenes | La Elisa

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Esta fábrica de caramelos llegó a vender sus dulces al Congreso. Después de 175 años acaban de salvarla de su muerte

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Isra Fdez

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