Xataka – Hacer nieve artificial se ha puesto más caro que nunca (y es un drama para los deportes de invierno)

Cuando el 24 de febrero Rusia avanzó hacia Ucrania, desplegando sus fuerzas en Donbás y orquestando ataques en otras ciudades clave del país, como Kiev o Mariúpol, podían esperarse consecuencias. Muchas y con múltiples aristas. Había que leer muy bien el escenario, sin embargo, para sospechar uno de los efectos con los que amenaza ahora, a las puertas del invierno: que la crisis energética que ha alentado haga escasear la nieve en las pistas de esquí europeas.

Y, claro, el impacto que eso tiene en los deportes de invierno.

Es nieve… y electricidad. Para prestar un buen servicio las pistas, estaciones y demás instalaciones dedicadas a los deportes de invierno necesitan reunir ciertas condiciones. Y cumplirlas exige a su vez energía, mucha energía, una característica no especialmente deseable en plena crisis energética, con la electricidad batiendo récords en los últimos meses, el cierre del suministro de gas ruso y las instituciones europeas devanándose los seos para buscar estrategias de ahorro.

Sächsische SZ aporta una idea bastante clara de en qué se traduce esa dependencia en euros contantes y sonantes o Kw: generar 300.000 metros cúbicos de nieve artificial en la estación bávara de Garmisch-Partenkirchen ya costaba cerca de 1,35 millones de euros hace dos años; y a solo unas horas en coche de allí, en el pabellón de patinaje de Erfut, en el estado de Turinga, la fabricación de hielo requiere un despliegue de energía que el último balance fijaba en 150.000 euros anuales.

Preocupación en el sector. ¿En qué se traduce eso? En inquietud. “El invierno ya nos preocupa”, reconoce Thomas Weikert, presidente de la Confederación Alemana de Deportes Olímpicos: “El aumento de los costos de la energía es una amenaza para la existencia de los clubes”. El propio ministro federal de Economía, Christian Linder, ha reconocido en sus redes sociales que recibe cartas de clubes deportivo solicitando ayuda a diario. La situación no es sencilla. Se calcula que congelar las pistas de bobsleigh exige la energía que consumen unos 250 hogares al año.

Efectos que ya se dejan sentir. Semejante escenario, efectivamente, ya está dejando consecuencias. A finales de septiembre la estación de esquí de Alleghe anunciaba su renuncia a la Copa del Mundo de Skiscross prevista para diciembre por los altos costes de la electricidad. Incluso la Fédération Internationale de Ski (Fis) ha llegado a admitir que la crisis energética podría derivar en cancelaciones. Pesa en especial el coste de la producción de nieve y la iluminación.

En otras instalaciones, como el centro de saltos de esquí de Oberstdorf, directamente se ha optado por revisar el contrato de suministro: de un precio fijo se ha pasado a otro mensual que se calcula en base a los costes diarios de la electricidad. Säcsische Sz apunta también el impacto que el incremento de costes puede tener aquellas instalaciones más antiguas y obsoletas.

Pendientes también en España. No todos los mensajes de preocupación proceden del centro o norte de Europa. En septiembre las estaciones de esquí de Aragón reconocían el “gran impacto” que tendrá la crisis en su actividad. “No sabemos qué va a pasar. Los gastos han subido cerca del 100%”, apuntaba a Heraldo el subdirector de Astún: “Preparamos un plan de ahorro energético, pero no podemos recortar la luz de los remontes o la producción de nieve artificial. Hay poco margen”.

Otros responsables del sector incidía en la misma dirección sobre la nieve artificial. En Italia la estación de esquí Panarotta 2002, con 18 kilómetros de pistas garantizadas con nieve artificial, ya ha anunciado que no le salen la cuentas. “Hay demasiadas incógnitas”, zanjaba el centro. El escenario es complejo, sobre todo teniendo en cuenta el peso cada vez mayor que tendrá la nieve generada de forma artificial en el sector, al menos según las previsiones de la Universidad de Waterloo.


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Hacer nieve artificial se ha puesto más caro que nunca (y es un drama para los deportes de invierno)

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por
Carlos Prego

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