Xataka – Crónica de una catástrofe anunciada: por qué el aceite de oliva vale un 114% más que hace dos años

Cuando decíamos que esta podía ser la peor campaña de aceituna en más de una década, no exagerábamos. Las altas temperaturas de primavera «quemaron» las rapas, la flor del olivo, y la falta de agua ha ido estrangulando progresivamente la cosechas hasta el punto de que, hace dos meses, el aforo del aceite dejó claro que la situación iba camino de ser catastrófica.

Lo está siendo.

Crónica de una catástrofe anunciada. El aforo de la producción de la aceituna es la radiografía anual más precisa del campo español. Se trata de un análisis técnico objetivo que involucra muchísimos datos y modelos estadísticos bastante complejos para realizar una estimación que ayude a organizar una campaña tan compleja (por extensión espacial, brevedad temporal y movilización de recursos) como la del olivar.

Como los datos finales dependen de la evolución meteorológica de las zonas de producción, nunca son estimaciones cerradas. De hecho, históricamente, las desviaciones medias entre la producción real con la previsión del aforo están en torno al diez por ciento. Eso significa que las cosas podían mejorar un poco, sí; pero también podían ir a peor.

E «ir a peor» era mucho decir. Para que nos hagamos una idea, los técnicos de la Junta estimaban que la producción de aceite de oliva en Andalucía para la campaña 2022-2023 iban a ser 587.000 toneladas. Esto es, un descenso del 49,1 por ciento respecto a la producción final de la temporada anterior y un descenso del 47,5 por ciento con respecto a la media de las cinco últimas campañas.

La esperanza es lo último que se pierde. Como explicaba Francisco Molina en El Español, «la hectárea de olivo en riego necesita unos 1.500 m3 de agua al año. En los de secano, la lluvia media de zonas como Jaén puede llegar a cubrir el 70% de las necesidades de un olivar». El problema es que este año no solo no ha llovido, sino que las altas temperaturas y el déficit hídrico que arrastramos desde 2014 (en el que todos las temporadas han sido peores que la media) han hecho imposible planificar nada.

Los embalses de Jaén y Córdoba están, respectivamente, al 16,89 y al 14,01%. Esas dos provincias son las mayores productoras de aceituna del mundo y junto a Sevilla y Granada (que están algo mejor: 35,83 y 25,64%) representan el 90% del olivar del país: pese a que oliva viene tempranera, los agricultores están aguantando todo lo posible para que las lluvias, si es que llegan, les den ayuden a «redondear al alza» la cosecha. Pero, sea como sea, la situación es bastante delicada y ya se habla de la peor cosecha del siglo.

¿El final de la cultura de la oliva en España?. Y es precisamente ese miedo el que se transmite al mercado. Recordemos que el aceite de oliva, al contrario que otros productos, es algo esencialmente anual. Es verdad que, sobre todo cuando está filtrado, se puede llegar a conservar en buenas condiciones hasta 36 meses; pero no deja de ser cierto que a partir de los 9-12 meses, las propiedades organolépticas del oro líquido empiezan a decaer. Esto lo hace algo especialmente sensible a coyunturas como la actual.

Esto es algo que tiene atemorizada a la industria. Si nos vamos a los datos, el consumo de aceite de oliva ha ido cayendo año tras año en la última década. No está claro cuáles son los factores sociodemográficos que están detrás, pero parece claro que este boom de los precios en una situación económica como la actual puede generar muchos problemas. ¿Estamos ante el final de la cultura del aceite de oliva?

Imagen | Vincent Eisfeld


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Crónica de una catástrofe anunciada: por qué el aceite de oliva vale un 114% más que hace dos años

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Javier Jiménez

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