Xataka – Aquella vez que EEUU desplegó aviones y tanques de mentira para confundir a los nazis en la Segunda Guerra Mundial

Imagina que un ejército va a unas coordenadas convencido de que van a encontrar un batallón de tanques y, al llegar, descubren que esos tanques son de mentira. Concretamente, tanques inflables, como si fueran juguetes de playa. Pues eso les pasó a los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Crear esas maquetas fue la misión del ‘Ejército fantasma’, una división que consiguió poner en jaque a las tropas alemanas sin disparar ni una bala.

Y lo curioso es que no eran soldados: eran artistas.

El equipo A. Una de las estrategias en la guerra es el engaño. Intentar hacer creer algo falso al enemigo es algo que se lleva haciendo milenios, siendo algunas de las estrategias de Anibal contra Roma una de las más famosas al hacer creer al enemigo que sus tropas estaban acampando en un sitio en el que, en realidad, no estaban. En la Segunda Guerra Mundial también se realizaron maniobras similares y la Fuerza A británica fue clave.

En 1940, Italia declaró la guerra a los aliados y los británicos empezaron a mover ficha. Tras meses defendiéndose de los italianos, los ingleses con base en El Cairo fundaron la Fuerza A. Se trató de un grupo de especialistas en técnicas de espionaje y engaño para combatir al enemigo de un modo distinto al habitual: con rumores sobre unidades aerotransportadas que no existían, filtraciones falsas, transmisiones de radio engañosas y hasta soldados con uniformes británicos deambulando por ciudades como Alejandría o Port Said. El objetivo era confundir a los italianos y que no supieran, realmente, qué tramaban los ingleses.

Operación Guardaespaldas. Uno de los integrantes de esta Fuerza A fue Victor Jones, un ingeniero que había participado en operaciones desplegando tanques falsos y, cuando el conflicto escaló, fue el que inspiró una de las acciones que se llevaron a cabo en la Operación Guardaespaldas. En julio de 1943, los aliados empezaron a trazar un plan para librar Europa de los Nazis y, para ello, era imprescindible que se desplegara un gran número de tropas británicas y norteamericanas desde Inglaterra. Es lo que desembocaría en las unidades aerotransportadas aliadas y en el famoso desembarco de Normandía, pero había que hacer que las tropas nazis se diseminaran.

Inspirados por las acciones de la Fuerza A y viendo que Hitler estaba defendiendo toda la zona occidental de Europa, con dos grupos de ejércitos en Francia por si caían tropas en paracaídas, los aliados decidieron que, aparte del ataque frontal, debían recurrir al engaño. Había que distraer la atención de las tropas alemanas respecto a los puntos en los que, realmente, se producirían las operaciones reales. Vamos, que los aliados tenían claro que Normandía sería el lugar de la invasión y tenían que hacer creer a los alemanes que era simplemente un señuelo y que la invasión comenzaría en otro punto. Dentro de la Operación Guardaespaldas hubo otros proyectos, siendo la Operación Fortaleza clave en el desembarco.

Artistas, a la guerra. La idea, como decimos, era engañar al aparato de inteligencia alemán creando cuantas distracciones y señuelos fuera necesario. Si había que hacer un tanque, un avión o un barco falso, se hacía, pero para ello se necesitaban otra clase de soldados. Es por eso que los aliados reclutaron actores, ingenieros, arquitectos y pintores en escuelas de arte y hasta en agencias de publicidad. En total, fueron 1.100 soldados, que no son muchos en un conflicto así, pero sí los suficientes como para montar la ‘estafa’. Y se llamaron 23º Cuartel General de Tropas Especiales, más conocidos como ‘Ejército Fantasma’.

El objetivo era que hacer creer a las fuerzas nazis que había dos divisiones de 30.000 hombres y esto, realmente, no es diferente a las técnicas usadas en la antigüedad o a lo que quiere crear el ejército estadounidense: un dron que sea capaz de engañar a los radares enemigos haciéndose pasar por una flota de barcos o unidades terrestres.

Tanques inflables. Dentro de la operación se realizaron diferentes prácticas de confusión, pero quizá la que ha pasado a la historia es la de los tanques inflables. Es curioso ver esas fotografías de tanques alzados por unos pocos soldados y está claro que, viendo los vehículos de cerca, no engañan a nadie. El asunto es que estaban lo suficientemente bien hechos como para confundir al enemigo a cierta distancia. Por ejemplo, los transportes marítimos colocados en ciertos puntos de Inglaterra se veían bastante falsos, pero los aviones nazis no podían descender lo suficiente como para verlos con detalle.

Algunos tenían más detalle que otros

Y con los tanques y transportes terrestres, más de lo mismo. Así, la unidad 603 del Ejército Fantasma creó tanques, cañones, jeeps, avionetas y camiones que se inflaban con compresores de aire. Cuando estaban montados, los camuflaban, pero de forma no muy óptima, ya que lo que querían era que los alemanes pensaran que ahí se estaba cociendo algo. También crearon aeródromos ficticios, tropas de infantería (que era ropa colgada en tendederos, como si fueran espantapájaros) y baterías de artillería. Eso sí, de vez en cuando colaban alguna unidad real para que la treta fuera más creíble. Y sí, algunos de los miembros de esta unidad fueron, posteriormente, pintores o diseñadores de moda reconocidos.

Guerra audiovisual total. Otra de las divisiones de la unidad fue la 3132 Signal Service Company, encargados de completar el engaño. Si la 603 había hecho los deberes visuales, ahora tocaba poner el sonido. Para ello, y con la ayuda de los ingenieros de Bell Labs, grabaron sonidos de tropas reales (infantería y blindados). Una vez con las grabaciones en la mano, montaron potentes altavoces en vehículos semioruga para difundir los sonidos.

Tenían un alcance de unos 24 kilómetros, por lo que los alemanes no tenían que estar ni cerca del señuelo para pensar que, por los alrededores, había una gran cantidad de unidades enemigas. Esas grabaciones se completaron con una radio falsa con operadores transmitiendo a los nazis mensajes falsos. Habían estudiado mensajes en código Morse de operadores alemanes para imitar el estilo de sus pulsaciones con el fin de que los encargados de recibir el mensaje no notaran nada raro.

No son reales, pero a esta distancia…

Van un español, un polaco y un serbio… Aparte de la unidad 23, el trabajo de los agentes dobles fue vital. Juan Pujon García fue un español que se ofreció voluntario como agente doble, siendo de gran importancia a la hora de hacer creer al enemigo que manejaba una red de agentes en Gran Bretaña. Dusko Popov fue un serbio que pasaba información errónea a Alemania mientras comunicaba mensajes verídicos a Londres. Y Roman Czerniawski fue un capitán de la Fuerza Aérea Polaca que fue capturado por los alemanes, pero se salvó a cambio de otorgarles información de los aliados. Realmente lo que hizo fue darles más información falsa.

En conjunto, sus actividades de desinformación lograron que Hitler enviara más tropa al Paso de Calais, donde supuestamente iba a concentrarse el grueso de de la invasión aliada. Todas estas maniobras permitieron que los aliados tomaran Normandía en una cruenta batalla, sí, pero retrasó la llegada de refuerzos nazis a la playa debido a que estaban diseminados por varios puntos del país siguiendo pistas falsas.

Toda la Operación Guardaespaldas fue un plan gigantesco puesto en marcha por los aliados que involucró la creación de tropas ficticias, estrategias para confundir a los radares enemigos (lanzando tiras de aluminio para dar lecturas falsas), operaciones ficticias en Finlandia y hasta un soldado con cierto parecido al general Montgomery que se paseaba por zonas en las que no estaba el verdadero general para dar a entender a los nazis que ahí estaba ocurriendo algo importante.

Sin todas estas estratagemas, quién sabe cómo había acabado el famoso Día D, que ya de por sí fue una auténtica sangría hasta que se pudo crear la cabeza de playa en Normandía.

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La noticia

Aquella vez que EEUU desplegó aviones y tanques de mentira para confundir a los nazis en la Segunda Guerra Mundial

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por
Alejandro Alcolea

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